domingo, 1 de marzo de 2009

El Papa dedica a los ángeles su primera reflexión cuaresmal de este año

Los ángeles “anuncian la presencia de Dios entre los hombres”, afirma


CIUDAD DEL VATICANO, domingo 1 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- El Papa dedicó su reflexión para este primer domingo de Cuaresma a hablar sobre los ángeles, unos seres “luminosos y misteriosos” que forman parte importante de los mismos evangelios.

Benedicto XVI destacó su presencia en el breve evangelio de este domingo, en el que Marcos relata el paso por el desierto de Judea de Jesús, tras su bautismo, para ser tentado por el diablo, y donde “los ángeles le servían”.

“Casi de pasada, en la brevedad del relato, frente a esta figura oscura y tenebrosa que se atreve a tentar al Señor, aparecen los ángeles, figuras luminosas y misteriosas. Los ángeles, dice el Evangelio, servían a Jesús; son el contrapunto de Satanás”, explicó.

El Papa hizo un breve recorrido por la Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, destacando la presencia de estos seres”que en el nombre de Dios ayudan y guían a los hombres”.

“Quitaríamos una parte notable del Evangelio si dejáramos aparte a estos seres enviados por Dios, que anunciaron su presencia entre nosotros y que son un signo de ella”, afirmó el Papa a los congregados.

Especialmente, pidió la intercesión de los ángeles “para que nos sostengan en el empeño de seguir a Jesús hasta identificarlos con Él”, y especialmente ante el comienzo hoy de los Ejercicios espirituales que cada año realizan el Papa y los miembros de la Curia, al principio de la Cuaresma.

Por otro lado, dado que este pasaje del Evangelio narra con gran brevedad el episodio de las tentaciones, el Papa destacó únicamente la importancia de este “paso por el desierto” de Jesús como símbolo cuaresmal.

“En el desierto, lugar de la prueba, como muestra la experiencia del pueblo de Israel, aparece con viva dramaticidad la realidad de la kenosis, del vaciamiento de Cristo, que se ha despojado de la forma de Dios”.

“Él, que no ha pecado y no puede pecar, se somete a la prueba y por ello puede combatir nuestra enfermedad. Se deja tentar por Satanás, el adversario, que desde el principio se opuso al designio salvífico de Dios en favor de los hombres”, añadió.

[Por Inma Álvarez]

“La Familia: don de Dios y alma del mundo”

IX Jornada Diocesana de Apostolado Seglar de Madrid


MADRID, domingo, 1 marzo 2009 (ZENIT.org).- Con motivo de la IX Jornada Diocesana de Apostolado Seglar de la Archidiócesis de Madrid, que se celebrará el próximo 7 de marzo, el obispo auxiliar de la misma César Augusto Franco Martínez, miembro de la Comisión Episcopal de Doctrina de la Fe y obispo responsable del Apostolado Seglar en Madrid, explica lo que suponen estos encuentros.

Desde la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar de Madrid, José Alberto Rugeles Martínez ha enviado a ZENIT esta entrevista.

--Como obispo encargado por el señor cardenal Antonio María Rouco Varela de acompañar el apostolado seglar en la Archidiócesis de Madrid ¿cómo ve la realización de estas Jornadas durante estos nueve años?

--Monseñor Franco: A lo largo de estos nueve años la Jornada de Apostolado Seglar ha servido para que entre los movimientos y asociaciones apostólicas y entre los laicos de las parroquias se acreciente el sentido de pertenencia a al Iglesia diocesana.

Han sido, pues, un factor fecundo de comunión, lo cual es muy decisivo en una diócesis tan grande y compleja como la nuestra. Poner en común las inquietudes, dialogar sobre los retos que plantea la sociedad a los seglares, y sobre todo orar y celebrar la Eucaristía en común son partes integrantes de la Jornada que, al hilo del plan diocesano de pastoral, escoge cada año un tema sobre el que gira la Jornada. En ellas se dan también testimonios de seglares sobre cómo viven la fe cristiana en el ámbito concreto sobre el que se reflexiona. Con estos testimonios, nos edificamos mutuamente y experimentamos la acción del Espíritu en los miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

--El lema para esta próxima jornada es "La Familia: don de Dios y alma del mundo". ¿Por qué motivos cree que fue escogida esa frase?

--Monseñor Franco: Este lema se ha escogido en sintonía con el Plan Diocesano de Pastoral que, durante los próximos tres años, el señor cardenal ha propuesto a la diócesis. Podemos decir que en la familia se dan cita dos aspectos. Por una parte, como don de Dios, la familia pertenece al designio salvífico de Dios sobre la humanidad, dado que al crear al hombre y a la mujer para crecer y multiplicarse ha puesto, en el mismo acto de la creación, el fundamento inviolable de la familia. Descubrir que ésta es un don de Dios es trascendental para evitar cualquier intento de manipularla, asediarla con leyes injustas o pretender equipararla a otro tipo de familias que pretenden constituirse al margen de la realidad natural.

Por otra parte, la familia es alma del mundo, puesto que puede decirse que la humanidad, el mundo, es impensable sin la familia. Ésta es el alma del mundo, pues en ella tiene su origen la vida humana, el hombre se desarrolla como tal y la familia está llamada a vivificar la trama de la sociedad y de la historia humana. Por eso, la Jornada reflexionará sobre estos dos aspectos de la familia: don de Dios y alma del mundo.

--¿Cree que la familia es sólo amenazada por los proyectos de leyes contrarias al concepto tradicional de familia o existen otros factores de disolución de la institución familiar?

--Monseñor Franco: A mí no me gusta hablar, aunque entiendo la expresión, de concepto tradicional de familia porque puede ser entendido inadecuadamente, como si se tratara de defender una forma de familia que ha sido diseñada por tradiciones pasajeras y superables. Prefiero la expresión concepto natural, que hace referencia a la naturaleza misma de la persona que, por el acto creador, está constituida en la relación complementaria del hombre y la mujer. Naturalmente, las leyes que atentan contra esta concepción amenazan la familia, como otras leyes que atenten contra la vida, en cualquiera de sus fases, o contra la dignidad de la persona y los ámbitos donde se realiza: trabajo, sociedad, etc.

Pero ciertamente hay muchos otros factores que afectan a la persona y que no proceden directamente de las legislaciones que contribuyen a la disolución de la institución familiar. Una cultura como la nuestra, que favorece el relativismo moral, el hedonismo y el afán de poseer, que exalta la libertad del individuo al margen de normas morales, y que prescinde de Dios en la vida ordinaria, es obvio que disuelve fundamentos que la familia requiere para mantenerse firme y estable en la sociedad.

--Recientemente se cumplieron veinte años de la exhortación apostólica postsinodal de Juan Pablo II Cristifideles Laici, sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el Mundo. ¿Qué balance haría después de esas dos décadas?

--Monseñor Franco: No tengo autoridad, competencia ni datos suficientes para hacer balances de ese tipo. Sólo puedo decir que ese extraordinario documento del papa Juan Pablo II sigue estando vigente hoy como entonces, pues describe magistralmente la vocación y misión del laico, las exigencias de su vocación y misión, y, sobre todo, la necesidad que tiene de formarse, en el sentido integral del término -que incluye la vida espiritual, la formación doctrinal y la acción apostólica--. Sin la existencia de laicos, tal como son descritos en la Christifideles Laici es imposible acometer la nueva evangelización que quiere hacer la Iglesia y es preciso reconocer que, aunque son muchos los que asumen esta tarea, no termina de acometerse con la responsabilidad y urgencia que requiere nuestro momento histórico. Creo que son muchos los laicos que siguen estando en la minoría de edad.

--¿Tiene hoy en día la familia cristiana razones para la esperanza?

--Monseñor Franco: Por supuesto. Ahora y siempre. La familia, cuando vive en conformidad con su naturaleza propia recibida del Creador, siempre tendrá futuro, ella misma es la esperanza del futuro, pues en ella se forjan las nuevas generaciones y ella misma es una escuela de humanidad. Las dificultades por las que pasa no deben asustarnos ni acobardarnos en la presentación del plan de Dios sobre el matrimonio y la familia y menos aún dejar de luchar con todos los medios a nuestro alcance para que, sin imposiciones de ningún tipo, la familia sea reconocida en su verdadera naturaleza. Para ello, cuantos vivimos en familia debemos en primer lugar dar testimonio de lo que creemos y hacer de la familia una iglesia doméstica donde brille la novedad del evangelio de Cristo, tanto por el amor de sus miembros, como por la capacidad de acoger a los que sufren y compartir nuestros bienes con los más necesitados, como han hecho siempre los santos.

El portavoz vaticano propone una cuaresma "sin máscaras"

Tiempo para volvernos a encontrar con nosotros mismos, dice el padre Lombardi


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 1 marzo 2009 (ZENIT.org).- El portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, S.I., invita a vivir una cuaresma sin máscaras, pues constituye un período privilegiado para volvernos a encontrar con "nosotros mismos y con nuestra verdad".

El director de la Oficina de Información de la Santa Sede hace esta propuesta en el editorial de esta semana de "Octava Dies", semanario del Centro Televisivo Vaticano, del que él también es director.

El sacerdote toma prestada la expresión de las palabras espontáneas que dirigió el 26 de febrero Benedicto XVI a los párrocos de Roma, cuando les explicó che la tarea del pastor de almas es especial, porque los hombres van a él "sin máscaras" en su verdad, sin esconderse o protegerse por el papel que se tiene en la sociedad.

"E insistió en el hecho de que la fe puede ser anunciada con eficacia a los hombres y a las mujeres de hoy si pasa a través de la experiencia vivida de quien la anuncia, y si viene anunciada en su sencillez esencial, sin cargarla demasiado con consideraciones eruditas", explica el padre Lombardi.

"La Cuaresma hay que vivirla con este espíritu -añade el portavoz--. Tiempo de presentarse a Dios sin máscaras, para poner en el centro de la vida de cada uno de nosotros la relación con Él, y para simplificar nuestros comportamientos y nuestras palabras dirigiéndolas a aquello que es verdaderamente importante".

El miércoles de ceniza el Papa dijo: "Jesús está en el fondo de nuestro corazón. La relación con Él esta presente también si hablamos, y actuamos según nuestros deberes profesionales. Esta relación poco a poco se convierte también en oración explicita".

En el mensaje para la cuaresma el mismo Papa ha recordado el valor del ayuno, ha invitado a redescubrir las formas adecuadas en nuestra vida cotidiana como ejercicio de liberación del apego a nosotros mismos, para abrirnos al amor de Dios y a la caridad solidaria hacia los otros.

"Un tiempo, pues --concluye--, para encontrar el lugar adecuado de Dios y la atención a los demás con la ayuda de gestos sencillos, concretos y cotidianos: oración, ayuno y limosna. Un tiempo para volvernos a encontrarnos nosotros mismos y nuestra verdad sin máscaras ¡no perdamos esta ocasión!".

Benedicto XVI: ante la crisis, la prioridad son los trabajadores y sus familias

Muestra su cercanía a los afectados por cierres de fábricas en Italia


CIUDAD DEL VATICANO, domingo 1 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- El Papa afirmó hoy, en sus saludos en diferentes idiomas a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, inmediatamente después del rezo del Ángelus, que en estos momentos de crisis económica, “la prioridad debe darse a los trabajadores y a sus familias”.

“Deseo expresar mi ánimo a las autoridades tanto políticas como, y también a los empresarios, para que con el concurso de todos se pueda afrontar este delicado momento”, explicó el pontífice, haciendo un llamamiento al “empeño fuerte y común” de todas las fuerzas sociales ante la crisis.

Benedicto XVI se dirigió así a un grupo de trabajadores de la fábrica de automóviles italianos FIAT, de la localidad de Pomigliano d'Arco (cerca de Nápoles), presentes en el rezo del Ángelus, y les mostró su cercanía a ellos y a sus familias.

Los trabajadores de este establecimiento, afectados desde hace meses por un expediente de regulación de empleo, llevan semanas manifestándose para reclamar que se clarifique su futuro laboral. La fábrica da trabajo a cerca de 5.000 personas.

El Papa saludó a los trabajadores, llegados a Roma “para manifestar su preocupación por el futuro de esa fábrica y el de las miles de personas que, directa o indirectamente, dependen de ella para trabajar”.

También se refirió a casos “igualmente difíciles” en otras regiones italianas, como las que están afligiendo a los territorios del Sulcis-Iglesiente (Cerdeña), de Prato (Toscana) y de otros centros en el país.

“Me uno a los obispos y a las respectivas Iglesias locales al expresar mi cercanía a las familias afectadas, y las confío en la oración a la protección de María Santísima y de san José, patrón de los trabajadores”, concluyó.

El Papa responde a las inquietudes de los párrocos (I)

Intervención en el encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Roma


ROMA, viernes 27 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación, en una serie de varios artículos, la transcripción del interesante diálogo que el Papa mantuvo con los párrocos de la diócesis de Roma, en el encuentro celebrado este jueves 26 de febrero, y que hoy ha hecho público la Santa Sede.

* * *

1) Santo Padre, soy Don Gianpiero Palmieri, párroco de la parroquia de San Frumenzio ai Prati Fiscali. Quisiera dirigirle una pregunta sobre la misión evangelizadora de la comunidad cristiana y, en particular, sobre el papel y la formación de nosotros presbíteros dentro de esta misión evangelizadora.

Para explicarme, parto de un episodio personal. Cuando, joven presbítero, comencé mi servicio pastoral en la parroquia y en la escuela, me sentía fuerte por el bagaje de estudios y por la formación recibida, bien afirmado en el mundo de mis convicciones de los sistemas de pensamiento. Una muer creyente y sabia, viéndome en acción, meneó la cabeza sonriendo y me dijo: don Gianpiero, ¿cuándo te pondrás los pantalones largos, cuando llegarás a ser hombre?Es un episodio que se me grabó en el corazón. Aquella mujer sabia intentaba explicarme que la vida, el mundo real, Dios mismo, son más grandes y sorprendentes que los conceptos que nosotros elaboramos. Me invitaba a ponerme a la escucha de lo humano para intentar entender, para comprender, sin tener prisa en juzgar. Me pedía que aprendiera a entrar en relación con la realidad, sin miedos, porque la realidad está habitada por Cristo mismo que actúa misteriosamente en su Espíritu. Frente a la misión evangelizadora hoy los presbíteros nos sentimos impreparados e inadecuados, siempre con los pantalones cortos. Sea bajo el aspecto cultural - se nos escapa el conocimiento atento de las grandes directrices del pensamiento contemporáneo, en sus positividades y en sus límites - y sobre todo bajo el aspecto humano. Corremos el riesgo de ser demasiado esquemáticos, incapaces de comprender de forma sabia el corazón de los hombres de hoy. El anuncio de la salvación en Jesús ¿no es también el anuncio del hombre nuevo Jesús, el Hijo de Dios, en el que nuestra humanidad pobre es redimida, hecha auténtica, transformada por Dios? Entonces mi pregunta es esta: ¿comparte estos pensamientos? A nuestras comunidades cristianas viene mucha gente herida por la vida. ¿Qué lugares y formas podemos inventar para ayudar en el encuentro con Jesús a la humanidad de los demás? ¿Y cómo construir en nosotros sacerdotes una humanidad hermosa y fecunda? Gracias, Santidad.

--Benedicto XVI: ¡Gracias! Queridos hermanos, ante todo quisiera expresar mi gran alegría de estar con vosotros, párrocos de Roma: mis párrocos, estamos en familia. El cardenal vicario me ha dicho que es un momento de descanso espiritual. Y en este sentido estoy también agradecido de poder empezar la Cuaresma con un momento de descanso espiritual, de respiro espiritual, en contacto con vosotros. Y también ha dicho: estamos juntos para que vosotros podáis contarme vuestras experiencias, vuestros sufrimientos, también vuestros éxitos y alegrías. Por tanto yo no diría que aquí habla el oráculo, al que vosotros preguntáis. Estamos más bien en un intercambio familiar, en el que para mí es muy importante, a través vuestro, conocer la vida en las parroquias, vuestras experiencias con la Palabra de Dios en el contexto de nuestro mundo de hoy. Y quisiera también aprender yo, acercarme a la realidad de la que en el Palacio Apostólico también se está un poco distante. Y éste es también el límite de mis respuestas. Vosotros vivís en el contacto directo, día a día, con el mundo de hoy; yo vivo en contactos diversificados, que son muy útiles. Por ejemplo, ahora he tenido la visita "ad limina" de los obispos de Nigeria. Y he podido ver así, a través de las personas, la vida de la Iglesia en un país importante de África, con 140 millones de habitantes, un gran número de católicos, y tocar las alegrías y también los sufrimientos de la Iglesia. Pero para mí este es obviamente un descanso espiritual, porque es una Iglesia como la vemos en los Hechos de los Apóstoles. Una Iglesia donde está la alegría fresca de haber encontrado a Cristo, de haber encontrado al Mesías de Dios. Una Iglesia que vive y crece cada día. La gente está contenta de haber encontrado a Cristo. Tienen vocaciones, y así pueden dar, a los distintos países del mundo, sacerdotes fidei donum. Y ver que con sólo hay una Iglesia cansada, como se encuentra a menudo en Europa, sino una Iglesia joven, llena de alegría del Espíritu Santo, es ciertamente un refresco espiritual. Pero también es importante para mí, con todas estas experiencias universales, ver mi diócesis, los problemas y todas las realidades que viven en esta diócesis.

En este sentido, sustancialmente, estoy de acuerdo con usted: no es suficiente predicar o hacer pastoral con el precioso bagaje adquirido en los estudios de teología. Esto es importante, es fundamental, pero debe ser personalizado: de conocimiento académico, que hemos aprendido y también reflexionado, en visión personal de mi vida, para llegar a otras personas. En este sentido quisiera decir que es importante, por una parte, concretar con nuestra personal experiencia de fe, en el encuentro con nuestros parroquianos, la gran palabra de la fe, pero también no perder su sencillez. Naturalmente palabras grandes de la tradición -como sacrificio de expiación, redención del sacrificio de Cristo, pecado original - son hoy incomprensibles como tales. No podemos sencillamente trabajar con grandes fórmulas, verdaderas, pero sin contextualizar en el mundo de hoy. Debemos, a través del estudio y cuanto nos dicen los maestros de teología y nuestra experiencia personal con Dios, concretar, traducir estas grandes palabras, de forma que entren en el anuncio de Dios al hombre de hoy.

Y diría, por otra parte, que no debemos cubrir la sencillez de la Palabra de Dios en valoraciones demasiado pesadas de acercamientos humanos. Recuerdo a un amigo que, tras haber escuchado predicaciones con largas reflexiones antropológicas para llegar juntos al Evangelio, decía: pero no me interesan estos acercamientos, ¡yo quiero entender qué dice el Evangelio! Y me parece que a menudo en lugar de largos recorridos de acercamiento, sería mejor -yo lo he hecho cuando estaba aún en mi vida normal - decir: ¡este Evangelio no me gusta, somos contrarios a lo que dice el Señor! ¿Pero qué quiere decir? Si yo digo sinceramente que a primera vista no estoy de acuerdo, ya tenemos la atención: se ve que yo quisiera, como hombre de hoy, entender qué dice el Señor. Así po9demos, sin largos rodeos, entrar de lleno en la Palabra. Y debemos también tener presente, sin falsas simplificaciones, que los doce apóstoles eran pescadores, artesanos, de esta provincia, Galilea, sin preparación particular, sin conocimiento del gran mundo griego o latino. Y sin embargo fueron a todos los lugares del Imperio, incluso fuera de él, hasta la India, y anunciaron a Cristo con sencillez y con la fuerza de la sencillez de lo que es verdadero. Y esto me parece importante también: no perdamos la sencillez de la verdad. Dios existe y no es un ser hipotético, lejano, sino cercano, ha hablado con nosotros, ha hablado conmigo. Y así digamos sencillamente qué es y cómo se debe naturalmente explicar y desarrollar. Pero no perdamos el hecho de que no proponemos reflexiones, no proponemos una filosofía, sino el sencillo anuncio del Dios que ha actuado. Y que ha actuado también conmigo.

Y después para la contextualización cultural, romana -que es absolutamente necesaria- diría que la primera ayuda es nuestra experiencia personal. No vivimos en la luna. Soy un hombre de este tiempo si vivo sinceramente mi fe en la cultura de hoy, siendo uno que vive con los medios de comunicación de hoy, con los diálogos, con las realidades de la economía, con todo, si yo mismo tomo en serio mi propia experiencia e intento personalizar en mí estas realidades. Así estaremos en el camino de hacernos entender también por los demás. San Bernardo de Claraval dijo en su libro de reflexiones a su discípulo el Papa Eugenio: intenta beber de tu propia fuente, es decir, de tu propia humanidad. Si eres sincero contigo mismo y empiezas a ver en tí qué es la fe, con tu experiencia humana en este tiempo, bebiendo de tu propio pozo, como dice san Bernardo, también puedes decir a los demás lo que hay que decir. Y en este sentido me parece importante estar realmente atentos al mundo de hoy, pero también estar atentos al Señor en mí mismo: ser un hombre de este tiempo y al mismo tiempo un creyente de Cristo, que en sí transforma el mensaje eterno en mensaje actual.

¿Y quién conoce mejor a los hombres de hoy que el párroco? La sacristía no está en el mundo, sino en la parroquia. Y allí, al párroco, vienen los hombres a menudo normalmente, sin máscara, sin otros pretextos, sino en situación de sufrimiento, de enfermedad, de muerte, de cuestiones familiares. Vienen al confesionario sin máscara, con su propio ser. Ninguna otra profesión, me parece, da esta posibilidad de conocer al hombre como es en su humanidad, y no en el papel que tienen en la sociedad. En este sentido, podemos estudiar realmente al hombre en su profundidad, lejos de los roles, y aprender también nosotros mismos al ser humano, ser hombre en la escuela de Cristo. En este sentido diría que es absolutamente importante conocer al hombre, al hombre de hoy, en nosotros y con los demás, pero siempre en la escucha atenta al Señor y aceptando en mí la semilla de la Palabra, porque en mi se transforma en trigo y llega a ser comunicable a los demás.

2) Soy Don Fabio Rosini, párroco de Santa Francesca Romana all'Ardeatino. Frente a la actual proceso de secularización y de sus evidentes consecuencias sociales y existenciales, qué oportunamente, en muchas ocasiones, hemos recibido de Su magisterio, en admirable continuidad con su venerado predecesor, la exhortación a la urgencia del primer anuncio, al celo pastoral por la evangelización o reevangelización, a la asunción de una mentalidad misionera. Hemos comprendido qué importante es la conversión de la acción pastoral ordinaria, ya no presuponiendo la fe de la masa y contentándonos con cuidar a esa porción de creyentes que persevera, gracias a Dios, en la vida cristiana, sino interesándonos más decidida y orgánicamente de las muchas ovejas perdidas, o al menos desorientadas. En muchos y con diversos puntos de vista, nosotros presbíteros romanos hemos intentado responder a esta urgencia objetiva de refundar o incluso de fundar la fe. Se están multiplicando las experiencias de primer anuncio y no faltan experiencias muy animadoras. Personalmente puedo constatar como el Evangelio, anunciado con alegría y franqueza, no tarda en ganarse el corazón de los hombres y mujeres de esta ciudad, precisamente porque es la verdad y corresponde a lo que más íntimamente necesita la persona humana. La belleza del evangelio y de la fe, de hecho, si se presentan con amable autenticidad, son evidentes por sí mismos. Pero el resultado numérico, quizás sorprendente alto, no garantiza por sí mismo la bondad de una iniciativa. En la historia de la Iglesia, también la reciente, no faltan ejemplos. Un éxito pastoral, paradójicamente, puede esconder un error, un defecto en su planteamiento, que quizás no se vea inmediatamente. Por eso quiero preguntarle: ¿cuáles deben ser los criterios imprescindibles de esta urgente acción de evangelización? ¿Cuáles son, según usted, los elementos que garantizan que no se corre en vano en la fatiga pastoral del anuncio a esta generación contemporánea a nosotros? Le pido humildemente que nos señale, en su prudente discernimiento, los parámetros que hay que respetar y valorar para poder llevar a cabo una obra evangelizadora que sea genuinamente católica y que traiga frutos a la Iglesia. Agradezco de corazón su iluminado magisterio. Bendíganos.

--Benedicto XVI: Estoy contento de oír que se hace realmente este primer anuncio, que se va más allá de los límites de la comunidad fiel, de la parroquia, en búsqueda de las llamadas ovejas perdidas; que se intenta ir hacia el hombre de hoy que vive sin Cristo, que ha olvidado a Cristo, para anunciarle el Evangelio. Y estoy contento de oír que no sólo se hace esto, sino que de ahí se consiguen incluso éxitos numéricamente confortantes. Veo por tanto que vosotros sois capaces de hablar a aquellas personas en las que se debe refundar, o incluso fundar, la fe.

Para este trabajo concreto yo no puedo dar recetas, porque hay distintos caminos que seguir, según las personas, sus profesiones, las distintas situaciones, El catecismo indica la esencia de lo que hay que anunciar. Pero es quien conoce las situaciones el que debe aplicar las indicaciones, encontrar un método para abrir los corazones e invitar a ponerse en camino con el Señor y con la Iglesia.

Usted habla de los criterios de discernimiento para no correr en vano. Quisiera ante todo decir que las dos partes son importantes. La comunidad de los fieles es una cosa preciosa que no debemos subestimar -incluso mirando a los muchos que están lejos - la realidad hermosa y positiva que constituyen estos fieles, que dicen sí al Señor en la Iglesia, intentando vivir la fe, intentando ir tras las huellas del Señor. Debemos ayudar a estos fieles, como hemos dicho hace un momento respondiendo a la primera pregunta, a ver la presencia de la fe, a entender que no es algo del pasado, sino que hoy muestra el camino, enseña a vivir como hombre. Es muy importante que éstos encuentren en su párroco realmente el pastor que les ama y les ayuda a escuchar hoy la Palabra de Dios, a entender que es una Palabra para ellos y no sólo a las personas del pasado o del futuro; que las ayuda, aun más, en la vida sacramental, en la experiencia de la oración, en la escucha de la Palabra de Dios y en el camino de la justicia y de la caridad, porque los cristianos deberían ser fermento de nuestra sociedad con tantos problemas y con tantos peligros y tanta corrupción como existe.

De esta forma creo que estos pueden interpretar también un papel misionero "sin palabras", ya que se trata de personas que viven realmente una vida justa. Y así ofrecen un testimonio de cómo es posible vivir bien en los caminos indicados por el Señor. Nuestra sociedad necesita precisamente estas comunidades capaces de vivir hoy la justicia no solo para sí mismos sino para los demás. Personas que sepan vivir, como hemos oído en la primera lectura, la vida. Esta lectura al principio dice: "Elige la vida": es fácil decir sí. Pero luego prosigue: "Tu vida es Dios". Por tanto elegir la vida es elegir la opción por la vida, porque es la opción por Dios. Si hay personas o comunidades que hacen esta elección completa de la vida y hacen visible el hecho de que la vida que han escogido es realmente vida, dan un testimonio de grandísimo valor.

Y llego a una segunda reflexión. Para el anuncio necesitamos dos elementos: la Palabra y el testimonio. Es necesaria, como sabemos por el Señor mismo, la Palabra que dice lo que él nos ha dicho, que hace aparecer la verdad de Dios, la presencia de Dios en Cristo, el camino que se nos abre delante. Se trata, por tanto, de un anuncio en el presente, como usted ha dicho, que traduce las palabras del pasado en el mundo de nuestra experiencia. Es algo absolutamente indispensable, fundamental, dar, con el testimonio, credibilidad a esta Palabra, para que no aparezca sólo como una bonita filosofía, o como una bonita utopía, sino más bien una realidad. Una realidad con la que se puede vivir, pero no solo: una realidad que hace vivir. En este sentido me parece que el testimonio de la comunidad creyente, como fondo a la Palabra, del anuncio, es de grandísima importancia. Con la Palabra debemos abrir lugares de experiencia de la fe a aquellos que buscan a Dios. Así lo hizo la Iglesia antigua con el catecumenado, que no era simplemente una catequesis, algo doctrinal, sino un lugar de experiencia progresiva de la vida de la fe, en la cual se abre también la Palabra, que se convierte en comprensible sólo si es interpretada por la vida, realizada por la vida.

Por tanto, me parece importante, junto con la Palabra, la presencia de un lugar de hospitalidad de la fe, un lugar en el que se hace una progresiva experiencia de la fe. Y aquí veo también una de las tareas de la parroquia: hospitalidad hacia aquellos que no conocen esta vida típica de la comunidad parroquial. No debemos ser un círculo cerrado en nosotros mismos. Tenemos nuestras costumbres, pero con todo debemos abrirnos e intentar crear vestíbulos, es decir, espacios de cercanía. Uno que viene de lejos no puede inmediatamente entrar en la vida formada de una parroquia, que ya tiene sus costumbres. Para éste de momento todo es muy sorprendente, lejano a su vida. Por tanto debemos intentar crear, con ayuda de la Palabra, lo que la Iglesia antigua creó con los catecumenados: espacios en los que empezar a vivir la Palabra, a seguir la Palabra, a hacerla comprensible y realista, correspondiente a formas de experiencia real. En este sentido me parece muy importante lo que usted ha señalado, es decir, la necesidad de unir la Palabra con el testimonio de una vida justa, del ser para los demás, de abrirse a los pobres, a los necesitados, pero también a los ricos, que necesitan abrirse en su corazón, de sentir que se les llama al corazón. Se trata por tanto de espacios diversos, según la situación.

Me parece que en teoría se puede decir poco, pero la experiencia concreta mostrará los caminos a seguir. Y naturalmente -criterio siempre importante que seguir - es necesario estar siempre en la gran comunión de la Iglesia, aunque quizás en un espacio aún algo lejano: es decir en comunión con el obispo, con el Papa, en comunión así con el gran pasado y con el gran futuro de la Iglesia. Estar en la Iglesia católica de hecho no implica sólo estar en un gran camino que nos precede, sino significa estar en perspectiva de una gran apertura al futuro. Un futuro que se abre solo de esta forma. Se podría quizás proseguir hablando de los contenidos, pero podemos encontrar otra ocasión para esto.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]

viernes, 27 de febrero de 2009

Cardenal Rivera exige respetar derecho de enfermos a la atención espiritual

El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, criticó que se haya prohibido en los hospitales y centros de salud del DF, el ingreso de sacerdotes y ministros extraordinarios de la comunión, pues ello viola el derecho de los enfermos a recibir atención espiritual.

"Si no se faculta a ministros la posibilidad de atender en hospitales a enfermos se trata de una violación a sus derechos humanos; hay que acudir a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, hay que dejar constancia de esto y que la institución emita sus recomendaciones al hospital. ¡Eso no puede seguir así!", expresó.

El Purpurado pidió aclarar este asunto y dialogar con los centros de salud para que no se prive a los enfermos de este derecho fundamental.

Según se informó, el Arzobispo se enteró de esta situación durante una visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San José, en Cuauhtémoc, donde el párroco, P. Gilberto Chávez Flores, señaló que los centros donde se prohibió el ingreso son el Hospital de Medicina Física y Rehabilitación y la Clínica 27 del Instituto Mexicano del Seguro Social.

"En caso de enfermos graves nos permiten el acceso, pero en el de aquéllos que solicitan nuestra labor, tomar la comunión o confesión no se permite el ingreso a los ministros desde hace más de medio año por quejas de personas no católicas", manifestó a un medio local.

martes, 24 de febrero de 2009

Mensaje para la Cuaresma 2009

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma. Nos habla del ayuno, del pecado y de las distracciones del espíritu.
Mensaje para la Cuaresma 2009
Mensaje para la Cuaresma 2009
MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2009

"Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días
y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,2)



¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008



BENEDICTUS PP. XVI

Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma

25 de febrero de 2009. La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo
Miércoles de Ceniza:  el inicio de la Cuaresma
Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma


La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
  • Origen de la costumbre

    Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

    En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

    En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

    Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

    También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

    La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

    Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

    Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

    La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

    Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

    Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

    El ayuno y la abstinencia

    El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

    La oración

    La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

    Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

    La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
    La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
    La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

    El sacrificio

    Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

    Conclusión

    Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

    Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

    En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

    Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

    El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

    La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

    La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

    Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

    Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

    Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

    Preguntas o comentarios al autor

    Sugerencias para vivir la fiesta

  • Asistir a la iglesia a ponerse ceniza con la actitud de conversión que debemos tener.

  • Leer la parábola del hijo pródigo, San Lucas 15, 11-32 o el texto evangélico de San Mateo 6, 1-8.

  • Cortesía de Catholic.net

    viernes, 16 de enero de 2009

    UN ENCUENTRO CON SABOR A FAMILIA

    Nuevo Pentecostés en la capital mexicana


    CIUDAD DE MÉXICO, viernes, 16 enero 2008 (ZENIT.org-El Observador).- Son las 8:15 de la mañana en la Ciudad de México. El sol quiere dar la cara para saludar a la más populosa metrópoli de Latinoamérica, pero las nubes se lo impiden. Una leve llovizna se deja sentir en la zona de Santa Fe, al oeste de la capital mexicana, que contribuye a que la temperatura descienda a 6 grados centígrados.

    El clima es frío pero no al interior de la sede del Congreso Teológico Pastoral del VI Encuentro Mundial de las Familias (EFM). Acá adentro la calidez no tiene qué ver con los termómetros. La calidez del encuentro fraterno vence a cualquier temperatura baja.

    Poco a poco las instalaciones se van poblando. No hay una campana que indique la hora de la Misa, pero los congresistas saben que tienen una cita a las 8:30 de la mañana con el Dios, Padre amoroso, en la Eucaristía, en la mesa donde todos tienen lugar y nadie se siente extraño ni extranjero.

    Al caminar por el gran corredor del centro de exposiciones Santa Fe y al deambular por los salones se pueden observar rostros blancos, morenos, amarillos, distintos, pues; sin embargo hay algo que homologa: la sonrisa presta a asomar a la menor provocación.

    En este lugar se encuentran cerca de diez mil personas, según datos actualizados por los organizadores, provenientes de 98 países. Sería fácil intuir que esta diversidad convertiría al Encuentro en una pequeña Babel, sin embargo, nuevo Pentecostés, el Espíritu Santo suscita formas de entendimiento: gestos amables, sonrisas, señas simpáticas, intentos de expresión en un idioma que poco se conoce y hace gracioso "el diálogo".

    Sin embargo todos los que se encuentran en el lugar sienten de manera viva su pertenencia a la Iglesia, y la oportunidad de encuentro con otras culturas ayuda a darse cuenta de la catolicidad de la Iglesia: "Ahora entiendo lo que significa ser católico", dice Laura, una mujer ecuatoriana, alzando la voz para hacerse oír en medio de la algarabía que reina en el largo pasillo del edificio.

    "¿Por qué estoy aquí? Porque amo a mi familia, porque la familia vale la pena", dice Adilso un moreno joven brasileño, en un raro "portoñol", cuando se le cuestiona acerca de su presencia en el EMF.

    Al avanzar por el edificio se pueden ver a los grupos nacionales, algunos ataviados con sus trajes típicos, lo que imprime un hermoso toque autóctono a la congregación. Los cantos populares se dejan oír, y poco a poco se van formando corrillos alrededor de los artistas emergentes.

    Los seminaristas, enfundados en sotana, las religiosas --de todos colores y carismas-- deambulan por el sitio dando testimonio de su vocación --nacida en el seno de una familia, faltaba más-- con su sola presencia, inquietando a los y las jóvenes que vinieron a la reunión "a ver qué pescaban" y tal vez aquí "sean pescados".

    Más allá una delegación de cubanos atrae la atención de muchos asistentes. "¡Foto, foto!", piden algunos. Y los hermanos cubanos, como si ya lo hubieran ensayado, se colocan para la pedida placa. Más que simpatía, los hermanos de la isla, reciben muestras de solidaridad: "Ánimo, hermanos, Cristo es el Camino", se escucha de un espontáneo.

    Tal vez todo hubiera parado en una manifestación pública de apoyo a los cubanos, si no es que se escucha una voz: "Ahí viene la Virgen de Guadalupe". Tanto en los pasillos, como en el salón de plenarias -donde los conductores del día dan indicaciones para la recepción de la Imagen de la guadalupana- los congresistas estallan en aplausos y vivas. Espontáneamente brota el universal canto: "Desde el cielo una hermosa mañana...", y aquello se convierte en cosa de locos; locos de amor, locos de Cristo, locos de la Morenita del Tepeyac, claro está.

    Y ese es el clima que impera en todo momento. Llegan las conferencias y los participantes hacen silencio y tratan de imitar a la santísima Virgen, guardando en el corazón todo lo que escuchan, para después compartirlo como "discípulos y misioneros".

    Se suceden las horas y el ánimo no decae. Vienen los descansos organizados, la comida, el momento de pasear por la Expo Familia, la oportunidad de compartir con otras familias a la hora de los alimentos.

    Hoy, igual que ayer, o que el tercer día del congreso, las actividades van terminando, las voces se irán apagando, los salones quedarán vacíos, las luces dejarán su lugar a la oscuridad, pero en los corazones de cada uno de los asistentes la presencia de los hermanos, que también lo es de Dios, quedará viva; el ideal de la familia, motivo de reunión, será motor para volver a la vida cotidiana. Después de todo el Encuentro ha hecho sentir a todos que somos familia, familia de Dios.

    Por Gilberto Hernández García


    © Innovative Media, Inc.

    EL CONGRESO DE LAS FAMILIAS YA DA SUS PRIMEROS FRUTOS

    Según el padre Sergio Omar Sotelo Aguilar


    CIUDAD DE MÉXICO, jueves, 15 enero 2009 (ZENIT.org-El Observador).- Reflexión sobre los problemas de la familia, nueva colaboración entre expertos y asociaciones familiares, compromiso por promover los valores..., estos son algunos de los frutos que ya está dando el Congreso Teológico Pastoral que prepara el Encuentro Mundial de las Familias.

    Así lo constata en esta entrevista el padre Sergio Omar Sotelo Aguilar SSP, secretario ejecutivo de la Comisión para la Pastoral de la Comunicación de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

    --¿Cómo ha transcurrido la segunda jornada del VI Congreso Mundial de las Familias?

    --Padre Omar Sotelo: Iniciamos la jornada con la entronización de una réplica fiel de la imagen de la Virgen de Guadalupe, que en 1531 quedó impresa en el ayate de San Juan Diego y hasta la fecha se conserva intacta. Con este acto, la Virgen Morena se sigue haciendo presente con ese amor maternal que tiene por el pueblo de México y las familias del mundo entero.

    Desde las primeras horas de la mañana los más de 10 mil congresistas de todo el mundo comenzaron a reunirse en la sala de conferencias, en la Expo Familia, en las capillas y confesionarios, en la adoración al Santísimo Sacramento y en los encuentros de pasillo, con toda la riqueza de sacerdotes, obispos, cardenales, seminaristas, religiosas y voluntarios que participan en este evento. Es impresionante ver a miles de almas en un ambiente de tanta cercanía y comunión.

    --¿Qué temas fueron los más relevantes en la mesa redonda de ayer?

    --Padre Omar Sotelo: La mesa redonda referente a los organismos que ayudan a la familia en la formación de los valores, fue presidida por el Cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos.

    La primera intervención fue la del padre Saúl Ragoitia, párroco de la diócesis de Querétaro, quien comentó que actualmente los valores son difícilmente transmitidos, por lo que las familias necesitan apoyo para educar a sus hijos y es precisamente la parroquia uno de los principales soportes para esta tarea.

    Por su parte la señora Marilyn Barrio, representante del movimiento de los Focolares, aseguró que la familia tiene una función fundamental e insustituible como transmisora de valores a las nuevas generaciones, y afirmó que actualmente "la familia también contiene el ADN de todas las heridas y los dramas de nuestro tiempo".

    El padre Álvaro Corcuera, director general del Regnum Christi y los Legionarios de Cristo, aclaró que su congregación y movimiento de apostolado no busca ser protagonista, sino servir y colaborar con todas las demás realidades eclesiales.

    En representación del Camino Neocatecumenal, Giovanni Stirati, explicó que el neocatecumenado busca evangelizar a la familia que vive en medio de múltiples desafíos en la sociedad actual.

    Por su parte, el movimiento Schönstatt expuso testimonios muy positivos de la forma de vida cuando el amor de María es el centro de las familias.

    El doctor Eduardo Zainos, representante del Instituto Superior de Estudios para la Familia y de la Red de Universidades Anáhuac, comentó que la educación no es sólo una herramienta para adquirir conocimientos, para conocer aquello que nos rodea, sino un método de enseñanza en la vida ya que la transmisión de valores fundamentales se da mediante el valor supremo y por el cual se debe vivir: el amor.

    --¿Qué frutos concretos considera que se obtendrán con estas jornadas?

    --Padre Omar Sotelo: El fruto dependerá de la conciencia y generosidad que asumamos cada uno de nosotros, responsables de formar hoy en día a las presentes y futuras generaciones.

    Como frutos inmediatos tenemos la reflexión profunda sobre temas y problemáticas que afectan a la familia en el mundo de hoy, la posibilidad de interactuar y conocer realidades de familias y expertos de todo el mundo y sobre todo el compromiso, como lo mencionó el presidente Felipe Calderón, de dar testimonio, de ser familias capaces de conformar una sociedad más justa y más humana basada en los valores universales y cristianos.

    --¿Han venido representantes de muchos países al Encuentro?

    --Padre Omar Sotelo: Aproximadamente 80 países, este aspecto es quizá uno de los más notorios, además de que ha habido una nutrida participación, las familias y los congresistas vienen de los cinco continentes. La participación de familias y asistentes de África es particularmente destacada, constatando que sin importar la distancia y la diversidad cultural, el valor de la familia y la formación de los hijos es una constante en todas las culturas del mundo.

    --Se ha mencionado mucho la Expo Familia, ¿qué nos puede decir al respecto?

    --Padre Omar Sotelo: La Expo Familia del VI Encuentro Mundial de las Familias reúne a más de 150 expositores que se han dado cita para compartir diversos carismas y herramientas de apoyo para lograr un desarrollo sano y armónico en familia, tanto en lo económico como lo cultural y espiritual.

    En ella se llevan a cabo relaciones de contacto entre expositores, movimientos religiosos, congregaciones, apostolados, programas de pastoral y patrocinadores generando una sinergia que nos manifiesta que no estamos solos en este camino a la consolidación de auténticas familias católicas.

    Por Karna Swanson