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miércoles, 15 de abril de 2009

La resurrección de Jesús no es una teoría; dice el Papa en su mensaje pascual

Pronunciado desde el balcón de la Basílica de San Pedro antes unos 200 mil peregrinos


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 12 abril 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI dedicó el mensaje de Pascua que pronunció desde el balcón de la Basílica de San Pedro del Vaticano a mostrar cómo la resurrección de Jesús no es una teoría o un mito, sino el hecho más significativo de la historia.

Ante los doscientos mil fieles que llenaban la plaza de San Pedro y calles adyacentes, el Papa consideró, por este motivo, que el anuncio de la Pascua despeja las zonas oscuras del "materialismo" y del "nihilismo", que parecen extenderse en las sociedades modernas.

En una mañana de cielo cubierto, el Santo Padre recogió "una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre": "¿qué hay después de la muerte?".

La celebración de la Pascua, respondió, "nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa".

La resurrección de Jesús, aseguró, "no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo".

"No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba", subrayó.

El obispo de Roma explicó que "el anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos", refiriéndose en particular "al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra transcender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana".

En efecto, aseguró, "si Cristo no hubiera resucitado, el 'vacío' acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria".

Con la resurrección de Cristo, subrayó, "ya no es la nada la que envuelve todo, sino la presencia amorosa de Dios".

Ahora bien, siguió diciendo, si bien es verdad que la muerte ya no tiene poder sobre el hombre y el mundo, sin embargo "quedan todavía muchos, demasiados signos de su antiguo dominio".

Por este motivo, recalcó el Papa, Cristo "necesita no obstante hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor".


© Innovative Media, Inc.

viernes, 13 de marzo de 2009

El Papa invita a redescubrir la presencia de Cristo en la Eucaristía

Recibe en audiencia a los miembros de la Congregación para el Culto Divino


CIUDAD DEL VATICANO, viernes 13 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI subrayó este jueves la importancia de profundizar en el misterio de la Eucaristía, aumentando la conciencia de los fieles y especialmente de los futuros sacerdotes sobre la realidad de la Presencia Real de Cristo en las especies eucarísticas.

Esta preocupación fue el tema central de su discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que han dedicado el tema de su reunión a la práctica de la adoración eucarística.

El Papa agradeció en este sentido que para el dicasterio que actualmente preside el cardenal Antonio Cañizares, administrador apostólico de Toledo, "la insistencia sobre el tema de la Eucaristía como fuente inextinguible de santidad ha sido una urgencia de primer orden".

En la actualidad es necesario, subrayó el Papa, "promover la fe en la presencia real del Señor en la Santa Eucaristía y asegurar a la celebración de la Santa Misa toda la dimensión de la adoración", para lo cual la práctica de la adoración eucarística supone un recurso pastoral importante.

Esta clarificación es importante, subrayó, sobre todo por las "desviaciones que han quizás contaminado la renovación litúrgica post-conciliar, revelando una comprensión demasiado reduccionista del misterio eucarístico".

Esta preocupación estuvo muy presente en el Sínodo de 2005, en el que "los Padres sinodales no habían dejado de manifestar preocupación por una cierta confusión generada después del Concilio Vaticano II, sobre la relación entre Misa y adoración del Santísimo Sacramento", explicó el Papa.

Ante esto, el Papa recuerda que la doctrina de la transubstanciación del pan y del vino y de la presencia real "son verdades de fe evidentes ya en la propia Sagrada Escritura y confirmadas después por los Padres de la Iglesia".

Adoración de amor

El pontífice quiso también especificar el sentido que el término "adoración" debe tener para los cristianos, y que no es el de la mera sumisión, sino que "la palabra latina ad-oratio, en cambio, denota el contacto físico, el beso, el abrazo, que está implícito en la idea del amor".

"El aspecto de la sumisión prevé una relación de unión, porque aquel a quien nos sometemos es Amor. De hecho, en la Eucaristía la adoración debe convertirse en unión: unión con el Señor vivo y después con su Cuerpo místico", explica.

Recordó sus propias palabras en la explanada de Marienfeld, durante la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia: en la Eucaristía se vive la "profunda transformación de la violencia en amor, de la muerte en vida; ella arrastra consigo las demás transformaciones. Pan y vino se convierten en su Cuerpo y Sangre".

"Esta profundización será posible sólo a través de un mayor conocimiento del misterio en plena fidelidad a la sagrada Tradición, e incrementando la vida litúrgica dentro de nuestra comunidades", añade el Papa, citando la Spiritus et Sponsa de Juan Pablo II.

En este sentido, animó también a redescubrir otras prácticas ligadas a la Eucaristía, como el ayuno, especialmente en esta Cuaresma, "no sólo como práctica ascética, sino también como preparación a la Eucaristía y como arma espiritual para luchar contra todo eventual apego desordenado a nosotros mismos".

"Este periodo intenso de la vida litúrgica nos ayude a alejar todo aquello que distrae el espíritu y a intensificar lo que nutre el alma, abriéndola al amor a Dios y al prójimo", concluyó.

Por Inma Álvarez

miércoles, 11 de marzo de 2009

El Papa aboga por una mayor valoración de la mujer

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI abogó por una mayor valoración de la mujer al celebrar este domingo el Día Internacional de la Mujer.

Tras rezar el Ángelus con miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre invitó "a reflexionar sobre la condición de la mujer y a renovar el compromiso para que siempre y en todo lugar cada persona pueda vivir y manifestar en plenitud sus propias capacidades, obteniendo pleno respeto por su dignidad".

El pontífice recordó que ésta es la enseñanza del Concilio Vaticano II y del magisterio de los papas, en particular la carta apostólica Mulieris dignitatem de siervo de Dios Juan Pablo II (15 de agosto de 1988).

"Ahora bien --reconoció--, los testimonios de los santos tienen más valor que los documentos; y nuestra época ha tenido el de la Madre Teresa de Calcuta: humilde hija de Albania, convertida, por la gracia de Dios, en ejemplo para todo el mundo en el ejercicio de la caridad y en el servicio de la promoción humana".

Al mismo tiempo, exclamó, "¡Otras muchas mujeres trabajan cada día, en lo escondido, por el bien de la humanidad y por el Reino de Dios!".

Por este motivo, concluyó asegurando su oración "por todas las mujeres para que sean cada vez más respetadas en su dignidad y valoradas en sus positivas potencialidades".

domingo, 1 de marzo de 2009

El Papa dedica a los ángeles su primera reflexión cuaresmal de este año

Los ángeles “anuncian la presencia de Dios entre los hombres”, afirma


CIUDAD DEL VATICANO, domingo 1 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- El Papa dedicó su reflexión para este primer domingo de Cuaresma a hablar sobre los ángeles, unos seres “luminosos y misteriosos” que forman parte importante de los mismos evangelios.

Benedicto XVI destacó su presencia en el breve evangelio de este domingo, en el que Marcos relata el paso por el desierto de Judea de Jesús, tras su bautismo, para ser tentado por el diablo, y donde “los ángeles le servían”.

“Casi de pasada, en la brevedad del relato, frente a esta figura oscura y tenebrosa que se atreve a tentar al Señor, aparecen los ángeles, figuras luminosas y misteriosas. Los ángeles, dice el Evangelio, servían a Jesús; son el contrapunto de Satanás”, explicó.

El Papa hizo un breve recorrido por la Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, destacando la presencia de estos seres”que en el nombre de Dios ayudan y guían a los hombres”.

“Quitaríamos una parte notable del Evangelio si dejáramos aparte a estos seres enviados por Dios, que anunciaron su presencia entre nosotros y que son un signo de ella”, afirmó el Papa a los congregados.

Especialmente, pidió la intercesión de los ángeles “para que nos sostengan en el empeño de seguir a Jesús hasta identificarlos con Él”, y especialmente ante el comienzo hoy de los Ejercicios espirituales que cada año realizan el Papa y los miembros de la Curia, al principio de la Cuaresma.

Por otro lado, dado que este pasaje del Evangelio narra con gran brevedad el episodio de las tentaciones, el Papa destacó únicamente la importancia de este “paso por el desierto” de Jesús como símbolo cuaresmal.

“En el desierto, lugar de la prueba, como muestra la experiencia del pueblo de Israel, aparece con viva dramaticidad la realidad de la kenosis, del vaciamiento de Cristo, que se ha despojado de la forma de Dios”.

“Él, que no ha pecado y no puede pecar, se somete a la prueba y por ello puede combatir nuestra enfermedad. Se deja tentar por Satanás, el adversario, que desde el principio se opuso al designio salvífico de Dios en favor de los hombres”, añadió.

[Por Inma Álvarez]

Benedicto XVI: ante la crisis, la prioridad son los trabajadores y sus familias

Muestra su cercanía a los afectados por cierres de fábricas en Italia


CIUDAD DEL VATICANO, domingo 1 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- El Papa afirmó hoy, en sus saludos en diferentes idiomas a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, inmediatamente después del rezo del Ángelus, que en estos momentos de crisis económica, “la prioridad debe darse a los trabajadores y a sus familias”.

“Deseo expresar mi ánimo a las autoridades tanto políticas como, y también a los empresarios, para que con el concurso de todos se pueda afrontar este delicado momento”, explicó el pontífice, haciendo un llamamiento al “empeño fuerte y común” de todas las fuerzas sociales ante la crisis.

Benedicto XVI se dirigió así a un grupo de trabajadores de la fábrica de automóviles italianos FIAT, de la localidad de Pomigliano d'Arco (cerca de Nápoles), presentes en el rezo del Ángelus, y les mostró su cercanía a ellos y a sus familias.

Los trabajadores de este establecimiento, afectados desde hace meses por un expediente de regulación de empleo, llevan semanas manifestándose para reclamar que se clarifique su futuro laboral. La fábrica da trabajo a cerca de 5.000 personas.

El Papa saludó a los trabajadores, llegados a Roma “para manifestar su preocupación por el futuro de esa fábrica y el de las miles de personas que, directa o indirectamente, dependen de ella para trabajar”.

También se refirió a casos “igualmente difíciles” en otras regiones italianas, como las que están afligiendo a los territorios del Sulcis-Iglesiente (Cerdeña), de Prato (Toscana) y de otros centros en el país.

“Me uno a los obispos y a las respectivas Iglesias locales al expresar mi cercanía a las familias afectadas, y las confío en la oración a la protección de María Santísima y de san José, patrón de los trabajadores”, concluyó.

El Papa responde a las inquietudes de los párrocos (I)

Intervención en el encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Roma


ROMA, viernes 27 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación, en una serie de varios artículos, la transcripción del interesante diálogo que el Papa mantuvo con los párrocos de la diócesis de Roma, en el encuentro celebrado este jueves 26 de febrero, y que hoy ha hecho público la Santa Sede.

* * *

1) Santo Padre, soy Don Gianpiero Palmieri, párroco de la parroquia de San Frumenzio ai Prati Fiscali. Quisiera dirigirle una pregunta sobre la misión evangelizadora de la comunidad cristiana y, en particular, sobre el papel y la formación de nosotros presbíteros dentro de esta misión evangelizadora.

Para explicarme, parto de un episodio personal. Cuando, joven presbítero, comencé mi servicio pastoral en la parroquia y en la escuela, me sentía fuerte por el bagaje de estudios y por la formación recibida, bien afirmado en el mundo de mis convicciones de los sistemas de pensamiento. Una muer creyente y sabia, viéndome en acción, meneó la cabeza sonriendo y me dijo: don Gianpiero, ¿cuándo te pondrás los pantalones largos, cuando llegarás a ser hombre?Es un episodio que se me grabó en el corazón. Aquella mujer sabia intentaba explicarme que la vida, el mundo real, Dios mismo, son más grandes y sorprendentes que los conceptos que nosotros elaboramos. Me invitaba a ponerme a la escucha de lo humano para intentar entender, para comprender, sin tener prisa en juzgar. Me pedía que aprendiera a entrar en relación con la realidad, sin miedos, porque la realidad está habitada por Cristo mismo que actúa misteriosamente en su Espíritu. Frente a la misión evangelizadora hoy los presbíteros nos sentimos impreparados e inadecuados, siempre con los pantalones cortos. Sea bajo el aspecto cultural - se nos escapa el conocimiento atento de las grandes directrices del pensamiento contemporáneo, en sus positividades y en sus límites - y sobre todo bajo el aspecto humano. Corremos el riesgo de ser demasiado esquemáticos, incapaces de comprender de forma sabia el corazón de los hombres de hoy. El anuncio de la salvación en Jesús ¿no es también el anuncio del hombre nuevo Jesús, el Hijo de Dios, en el que nuestra humanidad pobre es redimida, hecha auténtica, transformada por Dios? Entonces mi pregunta es esta: ¿comparte estos pensamientos? A nuestras comunidades cristianas viene mucha gente herida por la vida. ¿Qué lugares y formas podemos inventar para ayudar en el encuentro con Jesús a la humanidad de los demás? ¿Y cómo construir en nosotros sacerdotes una humanidad hermosa y fecunda? Gracias, Santidad.

--Benedicto XVI: ¡Gracias! Queridos hermanos, ante todo quisiera expresar mi gran alegría de estar con vosotros, párrocos de Roma: mis párrocos, estamos en familia. El cardenal vicario me ha dicho que es un momento de descanso espiritual. Y en este sentido estoy también agradecido de poder empezar la Cuaresma con un momento de descanso espiritual, de respiro espiritual, en contacto con vosotros. Y también ha dicho: estamos juntos para que vosotros podáis contarme vuestras experiencias, vuestros sufrimientos, también vuestros éxitos y alegrías. Por tanto yo no diría que aquí habla el oráculo, al que vosotros preguntáis. Estamos más bien en un intercambio familiar, en el que para mí es muy importante, a través vuestro, conocer la vida en las parroquias, vuestras experiencias con la Palabra de Dios en el contexto de nuestro mundo de hoy. Y quisiera también aprender yo, acercarme a la realidad de la que en el Palacio Apostólico también se está un poco distante. Y éste es también el límite de mis respuestas. Vosotros vivís en el contacto directo, día a día, con el mundo de hoy; yo vivo en contactos diversificados, que son muy útiles. Por ejemplo, ahora he tenido la visita "ad limina" de los obispos de Nigeria. Y he podido ver así, a través de las personas, la vida de la Iglesia en un país importante de África, con 140 millones de habitantes, un gran número de católicos, y tocar las alegrías y también los sufrimientos de la Iglesia. Pero para mí este es obviamente un descanso espiritual, porque es una Iglesia como la vemos en los Hechos de los Apóstoles. Una Iglesia donde está la alegría fresca de haber encontrado a Cristo, de haber encontrado al Mesías de Dios. Una Iglesia que vive y crece cada día. La gente está contenta de haber encontrado a Cristo. Tienen vocaciones, y así pueden dar, a los distintos países del mundo, sacerdotes fidei donum. Y ver que con sólo hay una Iglesia cansada, como se encuentra a menudo en Europa, sino una Iglesia joven, llena de alegría del Espíritu Santo, es ciertamente un refresco espiritual. Pero también es importante para mí, con todas estas experiencias universales, ver mi diócesis, los problemas y todas las realidades que viven en esta diócesis.

En este sentido, sustancialmente, estoy de acuerdo con usted: no es suficiente predicar o hacer pastoral con el precioso bagaje adquirido en los estudios de teología. Esto es importante, es fundamental, pero debe ser personalizado: de conocimiento académico, que hemos aprendido y también reflexionado, en visión personal de mi vida, para llegar a otras personas. En este sentido quisiera decir que es importante, por una parte, concretar con nuestra personal experiencia de fe, en el encuentro con nuestros parroquianos, la gran palabra de la fe, pero también no perder su sencillez. Naturalmente palabras grandes de la tradición -como sacrificio de expiación, redención del sacrificio de Cristo, pecado original - son hoy incomprensibles como tales. No podemos sencillamente trabajar con grandes fórmulas, verdaderas, pero sin contextualizar en el mundo de hoy. Debemos, a través del estudio y cuanto nos dicen los maestros de teología y nuestra experiencia personal con Dios, concretar, traducir estas grandes palabras, de forma que entren en el anuncio de Dios al hombre de hoy.

Y diría, por otra parte, que no debemos cubrir la sencillez de la Palabra de Dios en valoraciones demasiado pesadas de acercamientos humanos. Recuerdo a un amigo que, tras haber escuchado predicaciones con largas reflexiones antropológicas para llegar juntos al Evangelio, decía: pero no me interesan estos acercamientos, ¡yo quiero entender qué dice el Evangelio! Y me parece que a menudo en lugar de largos recorridos de acercamiento, sería mejor -yo lo he hecho cuando estaba aún en mi vida normal - decir: ¡este Evangelio no me gusta, somos contrarios a lo que dice el Señor! ¿Pero qué quiere decir? Si yo digo sinceramente que a primera vista no estoy de acuerdo, ya tenemos la atención: se ve que yo quisiera, como hombre de hoy, entender qué dice el Señor. Así po9demos, sin largos rodeos, entrar de lleno en la Palabra. Y debemos también tener presente, sin falsas simplificaciones, que los doce apóstoles eran pescadores, artesanos, de esta provincia, Galilea, sin preparación particular, sin conocimiento del gran mundo griego o latino. Y sin embargo fueron a todos los lugares del Imperio, incluso fuera de él, hasta la India, y anunciaron a Cristo con sencillez y con la fuerza de la sencillez de lo que es verdadero. Y esto me parece importante también: no perdamos la sencillez de la verdad. Dios existe y no es un ser hipotético, lejano, sino cercano, ha hablado con nosotros, ha hablado conmigo. Y así digamos sencillamente qué es y cómo se debe naturalmente explicar y desarrollar. Pero no perdamos el hecho de que no proponemos reflexiones, no proponemos una filosofía, sino el sencillo anuncio del Dios que ha actuado. Y que ha actuado también conmigo.

Y después para la contextualización cultural, romana -que es absolutamente necesaria- diría que la primera ayuda es nuestra experiencia personal. No vivimos en la luna. Soy un hombre de este tiempo si vivo sinceramente mi fe en la cultura de hoy, siendo uno que vive con los medios de comunicación de hoy, con los diálogos, con las realidades de la economía, con todo, si yo mismo tomo en serio mi propia experiencia e intento personalizar en mí estas realidades. Así estaremos en el camino de hacernos entender también por los demás. San Bernardo de Claraval dijo en su libro de reflexiones a su discípulo el Papa Eugenio: intenta beber de tu propia fuente, es decir, de tu propia humanidad. Si eres sincero contigo mismo y empiezas a ver en tí qué es la fe, con tu experiencia humana en este tiempo, bebiendo de tu propio pozo, como dice san Bernardo, también puedes decir a los demás lo que hay que decir. Y en este sentido me parece importante estar realmente atentos al mundo de hoy, pero también estar atentos al Señor en mí mismo: ser un hombre de este tiempo y al mismo tiempo un creyente de Cristo, que en sí transforma el mensaje eterno en mensaje actual.

¿Y quién conoce mejor a los hombres de hoy que el párroco? La sacristía no está en el mundo, sino en la parroquia. Y allí, al párroco, vienen los hombres a menudo normalmente, sin máscara, sin otros pretextos, sino en situación de sufrimiento, de enfermedad, de muerte, de cuestiones familiares. Vienen al confesionario sin máscara, con su propio ser. Ninguna otra profesión, me parece, da esta posibilidad de conocer al hombre como es en su humanidad, y no en el papel que tienen en la sociedad. En este sentido, podemos estudiar realmente al hombre en su profundidad, lejos de los roles, y aprender también nosotros mismos al ser humano, ser hombre en la escuela de Cristo. En este sentido diría que es absolutamente importante conocer al hombre, al hombre de hoy, en nosotros y con los demás, pero siempre en la escucha atenta al Señor y aceptando en mí la semilla de la Palabra, porque en mi se transforma en trigo y llega a ser comunicable a los demás.

2) Soy Don Fabio Rosini, párroco de Santa Francesca Romana all'Ardeatino. Frente a la actual proceso de secularización y de sus evidentes consecuencias sociales y existenciales, qué oportunamente, en muchas ocasiones, hemos recibido de Su magisterio, en admirable continuidad con su venerado predecesor, la exhortación a la urgencia del primer anuncio, al celo pastoral por la evangelización o reevangelización, a la asunción de una mentalidad misionera. Hemos comprendido qué importante es la conversión de la acción pastoral ordinaria, ya no presuponiendo la fe de la masa y contentándonos con cuidar a esa porción de creyentes que persevera, gracias a Dios, en la vida cristiana, sino interesándonos más decidida y orgánicamente de las muchas ovejas perdidas, o al menos desorientadas. En muchos y con diversos puntos de vista, nosotros presbíteros romanos hemos intentado responder a esta urgencia objetiva de refundar o incluso de fundar la fe. Se están multiplicando las experiencias de primer anuncio y no faltan experiencias muy animadoras. Personalmente puedo constatar como el Evangelio, anunciado con alegría y franqueza, no tarda en ganarse el corazón de los hombres y mujeres de esta ciudad, precisamente porque es la verdad y corresponde a lo que más íntimamente necesita la persona humana. La belleza del evangelio y de la fe, de hecho, si se presentan con amable autenticidad, son evidentes por sí mismos. Pero el resultado numérico, quizás sorprendente alto, no garantiza por sí mismo la bondad de una iniciativa. En la historia de la Iglesia, también la reciente, no faltan ejemplos. Un éxito pastoral, paradójicamente, puede esconder un error, un defecto en su planteamiento, que quizás no se vea inmediatamente. Por eso quiero preguntarle: ¿cuáles deben ser los criterios imprescindibles de esta urgente acción de evangelización? ¿Cuáles son, según usted, los elementos que garantizan que no se corre en vano en la fatiga pastoral del anuncio a esta generación contemporánea a nosotros? Le pido humildemente que nos señale, en su prudente discernimiento, los parámetros que hay que respetar y valorar para poder llevar a cabo una obra evangelizadora que sea genuinamente católica y que traiga frutos a la Iglesia. Agradezco de corazón su iluminado magisterio. Bendíganos.

--Benedicto XVI: Estoy contento de oír que se hace realmente este primer anuncio, que se va más allá de los límites de la comunidad fiel, de la parroquia, en búsqueda de las llamadas ovejas perdidas; que se intenta ir hacia el hombre de hoy que vive sin Cristo, que ha olvidado a Cristo, para anunciarle el Evangelio. Y estoy contento de oír que no sólo se hace esto, sino que de ahí se consiguen incluso éxitos numéricamente confortantes. Veo por tanto que vosotros sois capaces de hablar a aquellas personas en las que se debe refundar, o incluso fundar, la fe.

Para este trabajo concreto yo no puedo dar recetas, porque hay distintos caminos que seguir, según las personas, sus profesiones, las distintas situaciones, El catecismo indica la esencia de lo que hay que anunciar. Pero es quien conoce las situaciones el que debe aplicar las indicaciones, encontrar un método para abrir los corazones e invitar a ponerse en camino con el Señor y con la Iglesia.

Usted habla de los criterios de discernimiento para no correr en vano. Quisiera ante todo decir que las dos partes son importantes. La comunidad de los fieles es una cosa preciosa que no debemos subestimar -incluso mirando a los muchos que están lejos - la realidad hermosa y positiva que constituyen estos fieles, que dicen sí al Señor en la Iglesia, intentando vivir la fe, intentando ir tras las huellas del Señor. Debemos ayudar a estos fieles, como hemos dicho hace un momento respondiendo a la primera pregunta, a ver la presencia de la fe, a entender que no es algo del pasado, sino que hoy muestra el camino, enseña a vivir como hombre. Es muy importante que éstos encuentren en su párroco realmente el pastor que les ama y les ayuda a escuchar hoy la Palabra de Dios, a entender que es una Palabra para ellos y no sólo a las personas del pasado o del futuro; que las ayuda, aun más, en la vida sacramental, en la experiencia de la oración, en la escucha de la Palabra de Dios y en el camino de la justicia y de la caridad, porque los cristianos deberían ser fermento de nuestra sociedad con tantos problemas y con tantos peligros y tanta corrupción como existe.

De esta forma creo que estos pueden interpretar también un papel misionero "sin palabras", ya que se trata de personas que viven realmente una vida justa. Y así ofrecen un testimonio de cómo es posible vivir bien en los caminos indicados por el Señor. Nuestra sociedad necesita precisamente estas comunidades capaces de vivir hoy la justicia no solo para sí mismos sino para los demás. Personas que sepan vivir, como hemos oído en la primera lectura, la vida. Esta lectura al principio dice: "Elige la vida": es fácil decir sí. Pero luego prosigue: "Tu vida es Dios". Por tanto elegir la vida es elegir la opción por la vida, porque es la opción por Dios. Si hay personas o comunidades que hacen esta elección completa de la vida y hacen visible el hecho de que la vida que han escogido es realmente vida, dan un testimonio de grandísimo valor.

Y llego a una segunda reflexión. Para el anuncio necesitamos dos elementos: la Palabra y el testimonio. Es necesaria, como sabemos por el Señor mismo, la Palabra que dice lo que él nos ha dicho, que hace aparecer la verdad de Dios, la presencia de Dios en Cristo, el camino que se nos abre delante. Se trata, por tanto, de un anuncio en el presente, como usted ha dicho, que traduce las palabras del pasado en el mundo de nuestra experiencia. Es algo absolutamente indispensable, fundamental, dar, con el testimonio, credibilidad a esta Palabra, para que no aparezca sólo como una bonita filosofía, o como una bonita utopía, sino más bien una realidad. Una realidad con la que se puede vivir, pero no solo: una realidad que hace vivir. En este sentido me parece que el testimonio de la comunidad creyente, como fondo a la Palabra, del anuncio, es de grandísima importancia. Con la Palabra debemos abrir lugares de experiencia de la fe a aquellos que buscan a Dios. Así lo hizo la Iglesia antigua con el catecumenado, que no era simplemente una catequesis, algo doctrinal, sino un lugar de experiencia progresiva de la vida de la fe, en la cual se abre también la Palabra, que se convierte en comprensible sólo si es interpretada por la vida, realizada por la vida.

Por tanto, me parece importante, junto con la Palabra, la presencia de un lugar de hospitalidad de la fe, un lugar en el que se hace una progresiva experiencia de la fe. Y aquí veo también una de las tareas de la parroquia: hospitalidad hacia aquellos que no conocen esta vida típica de la comunidad parroquial. No debemos ser un círculo cerrado en nosotros mismos. Tenemos nuestras costumbres, pero con todo debemos abrirnos e intentar crear vestíbulos, es decir, espacios de cercanía. Uno que viene de lejos no puede inmediatamente entrar en la vida formada de una parroquia, que ya tiene sus costumbres. Para éste de momento todo es muy sorprendente, lejano a su vida. Por tanto debemos intentar crear, con ayuda de la Palabra, lo que la Iglesia antigua creó con los catecumenados: espacios en los que empezar a vivir la Palabra, a seguir la Palabra, a hacerla comprensible y realista, correspondiente a formas de experiencia real. En este sentido me parece muy importante lo que usted ha señalado, es decir, la necesidad de unir la Palabra con el testimonio de una vida justa, del ser para los demás, de abrirse a los pobres, a los necesitados, pero también a los ricos, que necesitan abrirse en su corazón, de sentir que se les llama al corazón. Se trata por tanto de espacios diversos, según la situación.

Me parece que en teoría se puede decir poco, pero la experiencia concreta mostrará los caminos a seguir. Y naturalmente -criterio siempre importante que seguir - es necesario estar siempre en la gran comunión de la Iglesia, aunque quizás en un espacio aún algo lejano: es decir en comunión con el obispo, con el Papa, en comunión así con el gran pasado y con el gran futuro de la Iglesia. Estar en la Iglesia católica de hecho no implica sólo estar en un gran camino que nos precede, sino significa estar en perspectiva de una gran apertura al futuro. Un futuro que se abre solo de esta forma. Se podría quizás proseguir hablando de los contenidos, pero podemos encontrar otra ocasión para esto.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]

martes, 24 de febrero de 2009

Mensaje para la Cuaresma 2009

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma. Nos habla del ayuno, del pecado y de las distracciones del espíritu.
Mensaje para la Cuaresma 2009
Mensaje para la Cuaresma 2009
MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2009

"Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días
y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,2)



¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008



BENEDICTUS PP. XVI

jueves, 27 de noviembre de 2008

Vittorio Messori, historia de una conversión

ROMA, miércoles, 25 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Historia singular la del escritor Vittorio Messori. Autor de libros superventas, con millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Único autor que publicó un libro-entrevista con el papa Juan Pablo II ("Cruzando el umbral de la esperanza") y entrevistó al cardenal Joseph Ratzinger ("Informe sobre la Fe"), que luego llegaría a ser Papa.

Solamente "Cruzando el umbral de la esperanza" vendió más de veinte millones de ejemplares y fue traducido a 53 idiomas.

Y sin embargo hasta los 23 años Messori no era para nada católico. La familia era agnóstica o más bien anticlerical. Se crió y educó en una cultura racionalista, indiferente al misterio religioso y hostil a la sola idea de que Dios pudiera existir. Como estudiante universitario, fue discípulo de maestros del laicismo como Norberto Bobbio y Galante Garrone. Luego pasaría a ser periodista en el diario turinés "La Stampa".

Era el verano de 1964 en Turín, cuando ya se entreveían los primeros fogonazos del inminente Mayo de 1968, con los estudiantes universitarios que se alimentaban de Sigmund Freud, Karl Marx, Wilhelm Reich, y el mundo católico se debatía en los problemas del postconcilio Vaticano II. En este contexto, Messori encontró al Cristo que le cambió la vida.

La historia del hijo de un carpintero de Nazaret que decía ser el hijo de Dios y que murió inocente en la cruz, entró tan hondamente en la vida de este estudiante universitario, que el primer libro che publicó "Hipótesis sobre Jesús" se convirtió en un best-seller internacional.

Quien cuenta la conversión, las vivencias, las experiencias, los pensamientos de un católico que no atiende a bagatelas, apologético con razón, sólido y realista, es el vaticanista Andrea Tornielli, que ha entrevistado a Vittorio Messori, en el libro publicado ahora en italiano con el título "Por qué creo. Una vida para dar razón de la fe" ("Perché credo. Una vita per rendere ragione della fede", editorial Piemme).

En este diálogo austero y esencial, Messori relata que nadie creía en el éxito de "Hipótesis sobre Jesús". Muchos trataron de convencerle de que hiciera otra cosa. Los anticlericales se le mostraron hostiles pero también había católicos escépticos.

Los religiosos de la editorial "Sei", sus primeros editores, estaban seguros de que el libro sería un fracaso editorial y por ello lo mantuvieron en una gaveta durante más de un año y, en la primera edición, imprimieron sólo tres mil ejemplares.

Hoy, aquel libro ha superado un millón de ejemplares vendidos, ha sido traducido a entre 30 ó 40 idiomas, y a pesar de que fue escrito a mediados de los años setenta del siglo XX, sigue vendiendo aún entre 20 y 30.000 ejemplares al año.

Messori explica sin embargo que el mérito no es suyo, es Cristo quien sigue interrogando a la humanidad.

Un Cristo que sigue provocando la discusión, como demuestra el reciente fallo de un juez en Valladolid, España, contra los crucifijos en las aulas del colegio público Macías Picavea.

"No me escandalizo ni me rasgo las vestiduras por lo que ha sucedido en España --comenta a ZENIT Vittorio Messori--, porque estoy convencido de que un poco de dificultad y de hostilidad hace bien al cristianismo, despierta y hace tomar conciencia de la propia identidad".

"La historia lo enseña: las persecuciones han sido oportunidades para que los cristianos se multiplicaran", explica.

En la introducción al libro, Tornielli precisa que Messori "escribió el libro que no encontraba".

Messori no buscaba "análisis sobre la sociedad, sobre la pobreza material y sobre sus causas, sobre el compromiso político y social de los católicos, sobre la aplicación de las ciencias humanas al cristianismo".

El escritor convertido buscaba respuestas a las preguntas: "¿Qué hay de verdad en esta historia, en este relato, del que, desde hace dos mil años, se sigue oyendo el eco en el mundo? ¿Jesucristo es de verdad el hijo de Dios? ¿Es de verdad él el Mesías esperado por Israel, anunciado por las profecías? Y, sobre todo, ¿de verdad resucitó?

Pero antes que nada Messori buscaba certezas sobre la historicidad de aquél hombre, venido al mundo en una aldea perdida del Imperio Romano, que cambió la historia de la humanidad con la revolución del amor caritativo.

En el libro, Messori relata su conversión, que fue precedida por un hecho extraordinario, una llamada telefónica de un tío materno que murió joven por un ictus cerebral. El escritor es persona racional y está seguro de que no soñó ni sufrió alucinaciones.

Luego, en julio y agosto de 1964, mientras trabajaba en la centralita de la entonces compañía telefónica Stipel, encontró por casualidad un ejemplar de los Evangelios. Leyéndolo ávidamente sucedió un fenómeno que Messori describe como una "luz estallada de repente", un "encuentro misterioso", casi físico, con Jesús.

El conocido escritor se describe como un "emiliano terragno" [de la región italiana Emilia y con los pies en la tierra, ndt], sin vocación para la vida mística y ascética, y sin embargo narra que en aquellos dos meses vivió inmerso "en una experiencia mística", que no hubiera nunca imaginado, ni pensado conocer. Una situación de luz plena "con la claridad de haber visto la Verdad, con toda su fuerza y evidencia". Verdad que "me fue mostrada sin que lo esperase o lo mereciera".

En la introducción, Tornielli sostiene que Vittorio Messori "es una figura atípica en el panorama eclesial y cultural de hoy. No tiene pelos en la lengua, ni habla el "eclesialés", el típico lenguaje lleno de autorreferencias, a menudo esterotipado y tanto más repetitivo cuanto menos enganchado a la real experiencia humana. Y no se le puede fácilmente situar en este o aquel alineamiento. No es un tradicionalista, no es un moralista ni un teocon".

Tornielli relata que Messori tienen un solo, gran remordimiento: "Constatar cada día que la ‘conversión de la mente' --que fue y es total-- demasiado a menudo no vaya acompañada de la ‘conversión del corazón'. Y que, por tanto, debe unirse al lamento de ‘su' Blas Pascal: '¡Cuánta distancia hay, en mí cristiano, entre el pensamiento y la vida!'".

Por Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín


© Innovative Media, Inc.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Trasplante de órganos, un “acto de amor”, explica el Papa

No pueden someterse a la lógica del mercado


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 7 noviembre 2008 (ZENIT.org).- El trasplante de órganos, ya sea en vida o tras la muerte del donante, es siempre un acto de amor, aseguró Benedicto XVI, quien ha denunciado la tentación de someter esta práctica a la lógica del mercado.

Según el Papa, "el acto de amor, que se expresa con el don de los propios órganos vitales, es un testimonio genuino de caridad que sabe ver más allá de la muerte para que siempre venza la vida".

Siendo arzobispo de Munich, el cardenal Joseph Ratzinger se hizo miembro de una organización de donación de órganos. Años después, antes de llegar a ser Papa, dijo que siempre llevaba la tarjeta consigo y que estaba dispuesto a donar si alguien pudiera necesitar sus órganos.

El Santo Padre afrontó el argumento al recibir en la mañana a una audiencia formada en buena parte por médicos y expertos en bioética, convocados por la Academia Pontificia para la Vida, en colaboración con la Federación Internacional de las Asociaciones Médicas Católicas y el Centro nacional Italiano de Trasplantes.

El pontífice consideró que el beneficiado de un transplante de órganos debe ser consciente del valor de este gesto: "es destinatario de un don que va más allá del beneficio terapéutico. Antes que un órgano recibe un testimonio de amor que debe suscitar una respuesta igualmente generosa, de manera que se incremente la cultura del don y de la gratuidad".

Por este motivo, promovió "la difusión de una cultura de la solidaridad que se abra a todos sin excluir a nadie".

"Una medicina de los trasplantes coherente con una ética de la donación exige el compromiso de todos por invertir todo esfuerzo posible en la formación y en la información para sensibilizar cada vez más a las conciencias en un problema que afecta diariamente a la vida de muchas personas".

"Será necesario, por tanto, superar prejuicios y malentendidos, disipar desconfianzas y miedos para sustituirlos con certezas y garantías, permitiendo que crezca en todos una conciencia cada vez más difundida del gran don de la vida", dijo.

El cuerpo no está en venta

Si los trasplantes son un acto de amor, entonces no pueden convertirse en objeto de mercado, siguió advirtiendo Benedicto XVI.

"El cuerpo nunca podrá ser considerado como un mero objeto; de lo contrario se impondría la lógica del mercado", aclaró citando su primera encíclica, "Deus caritas est".

"Eventuales motivos de compraventa de órganos, así como la adopción de criterios discriminadores o utilitaristas, desentonarían hasta tal punto con el mismo significado de la donación de que por sí mismos se pondrían fuera de juego, calificándose como actos moralmente ilícitos", aseguró.

Por eso, "los abusos en los trasplantes y su tráfico, que con frecuencia afectan a personas inocentes, como los niños, tienen que encontrar el rechazo unido de la comunidad científica y médica por ser prácticas inaceptables. Por tanto, deben ser condenadas con decisión como abominables".

"El mismo principio ético debe ser subrayado cuando se quiere llegar a la creación y destrucción de embriones humanos destinados a objetivos terapéuticos. La misma idea de considerar el embrión como "material terapéutico" contradice los fundamentos culturales, civiles y éticos sobre los que se basa la dignidad de la persona", aclaró.

Dolor del Papa por la muerte del secretario de Gobernación mexicano

En un accidente aéreo que ha provocado al menos 13 muertes


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 7 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha manifestado al presidente de México, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, su dolor por el fallecimiento del secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño en un accidente aéreo que provocó al menos 13 muertes más y numerosos heridos.

En una carta enviada por el cardenal Tarciso Bertone, secretario de Estado el pontífice confiesa que se siente "vivamente apenado" al conocer la triste noticia y manifiesta al Gobierno, "a todos los familiares y al Pueblo Mexicano su más sentido pesar, así como su paternal cercanía".

En la misiva señala que "Su Santidad ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y ruega al Señor por el pronto restablecimiento de los afectados"

El cardenal Bertone se une, además, "a los sentimientos de dolor del Sumo Pontífice" y renueva al presidente "el testimonio de mi más alta y distinguida consideración".

El presidente del Consejo Pontificio para las Familia, el cardenal Ennio Antonelli, que visitaba México en el momento del accidente para preparar en la capital el Encuentro Mundial de las Familias, que se celebrará en enero, también ha transmitido sus condolencias y bendición al Pueblo de México.

sábado, 4 de octubre de 2008

Italia comienza maratónica lectura de la Biblia por TV con el Papa y conocidas figuras

.- En un hecho histórico, durante 139 horas seguidas, la televisión italiana transmitirá una maratónica lectura de toda la Biblia con dos mil personas de unos 50 países. El primer lector será el Papa Benedicto XVI y será seguido por cardenales, obispos, líderes de otras religiones, artistas, políticos deportistas y muchos ciudadanos de a pie.

La iniciativa se llama "La Biblia día y noche". Será transmitida desde las 19:00 horas locales (17:00 GMT) del domingo 5 de octubre y se extenderá hasta las 13:25 horas (11:25 GMT) del 11 de octubre en las pantallas de la cadena RAI.

El escenario central será la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, ubicada al sur de Roma. La participación del Papa será grabada en el Palacio Apostólico del Vaticano.

Según los organizadores, más de 180 mil personas solicitaron participar pero sólo dos mil fueron seleccionadas. La maratón contará con mil 250 segmentos; algunos de los cuales incluirán lecturas de grupo.

La primera y la última hora de transmisión serán transmitidos en el canal Rai1. El resto se verá en vivo a través de Rai Educational e Internet. El sitio web de la cadena italiana es www.rai.it

Se sabe que entre los lectores hay 40 obispos de todo el mundo, diplomáticos, políticos italianos como Giulio Andreotti y Carlo Arzelio Ciampi; los actores Roberto Benigni, Beppe Fiorelli, Michele Placido; los periodistas Ferruccio De Bortoli, Bruno Vespa, Claudio Cappon; y la deportista Valentina Vezzali, medalla de oro en Pekín 2008.

La lectura de la Biblia será interrumpida por 81 intervalos musicales con temas religiosos, entre los músicos figura el tenor Andrea Bocelli.

viernes, 3 de octubre de 2008

Benedicto XVI: la "Humanae vitae" es un gran “sí” a la belleza del amor

Se pregunta “por qué el mundo no entiende” el mensaje de la Iglesia sobre el amor humano


CIUDAD DEL VATICANO, viernes 3 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- "A distancia de 40 años de la publicación de la Humanae vitae, podemos entender mejor cuán decisiva es esta luz para comprender el gran 'sí' que implica el amor conyugal", afirma el Papa Benedicto XVI, en un mensaje hecho público este viernes por la Santa Sede.

El Papa se dirige a los participantes del Congreso Internacional "Humanae Vitae: Actualidad y profecía de una encíclica" que se celebra entre el viernes y el sábado en la Universidad Católica de Roma del Sagrado Corazón, organizado por el Instituto Pontificio "Juan Pablo II" para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia.

En su mensaje, el obispo de Roma se centra en la importancia que sigue teniendo el mensaje central de la Humanae vitae hoy, al afrontar la cuestión del amor conyugal como don "sin reservas" de los esposos, y de la vida humana como "don de Dios" y no como "objetivo del proyecto humano".

"La posibilidad de procrear una nueva vida humana está incluida en la donación integral de los cónyuges", explica Benedicto XVI. "Así no sólo se asemeja, sino que participa del amor de Dios, que quiere comunicarse llamando a la vida a las personas humanas".

"Excluir esta dimensión comunicativa mediante una acción dirigida a impedir la procreación significa negar la verdad íntima del amor esponsal, con la que se comunica el don divino", añade.

Precisamente, de ahí la necesidad, afirma el Papa, de "reconocer límites insuperables a la posibilidad de dominio del hombre sobre su propio cuerpo", para evitar que el hijo "se convierta en un instrumento sujeto al arbitrio de los hombres".

"Éste es el núcleo esencial de la enseñanza que mi venerado predecesor Pablo VI dirigió a los cónyuges, y que el Siervo de Dios Juan Pablo II, a su vez, reafirmó en muchas ocasiones, iluminando su fundamento antropológico y moral", comenta el Papa .

"En esta luz, los hijos ya no son el objetivo de un proyecto humano, sino reconocidos como un auténtico don que acoger, con actitud de generosidad responsable ante Dios, fuente primera de la vida humana".

"Este gran 'sí' a la belleza del amor comporta ciertamente la gratitud, tanto de los padres al recibir el don de un hijo, como del hijo mismo al saber que su vida tiene origen en un amor tan grande y acogedor", explica.

Por otro lado, el Papa recuerda que el recurso a los métodos naturales, permiten a la pareja "administrar cuanto el Creador ha sabiamente inscrito en la naturaleza humana, sin turbar el significado íntegro de la donación sexual".

Al respecto, el Papa se pregunta "cómo es posible que hoy el mundo, y también muchos fieles, encuentren tanta dificultad en comprender el mensaje de la Iglesia, que ilustra y defiende la belleza del amor conyugal en su manifestación natural".

"La solución técnica, también en las grandes cuestiones humanas, parece a menudo la más fácil, pero en realidad esconde la cuestión de fondo, que se refiere al sentido de la sexualidad humana y a la necesidad de un dominio responsable, para que su ejercicio pueda llegar a ser expresión de amor personal", afirma.

"La técnica no puede sustituir a la maduración de la libertad, cuando está en juego el amor".

En este sentido, el Papa explica que la Iglesia defiende el recurso a los métodos naturales de planificación familiar como más acordes con la dignidad humana, pues requieren "una madurez en el amor, que no es inmediata, sino que necesita un diálogo y una escucha recíprocas y un singular dominio del impulso sexual en un camino de crecimiento en la virtud".

"Sólo los ojos del corazón llegan a captar las exigencias propias de un gran amor, capaz de abrazar la totalidad del ser humano", añade el pontífice.

Se dirige también a los responsables de la pastoral matrimonial y familiar y les pide que sepan "orientar a las parejas a entender con el corazón el diseño maravilloso que Dios ha inscrito en el cuerpo humano, ayudándolas a acoger todo cuanto comporta un auténtico camino de maduración".

El papa agradece y alienta, por último, las investigaciones que se están llevando a cabo para investigar sobre los ritmos naturales de la fertilidad y sobre la forma de combatir naturalmente la esterilidad, que se lleva a cabo en la Universidad Católica del "Sacro Cuore", a través del Instituto Internacional (ISI) Pablo VI.

"Los hombres de ciencia deben ser animados a proseguir en sus investigaciones, con el fin de prevenir las causas de la esterilidad y poderlas remediar, de modo que las parejas estériles puedan llegar a procrear en el respeto de su dignidad personal y la del nasciturus", concluye.

Por Inma Álvarez

Benedicto XVI ilustra en san Pablo la “auténtica libertad cristiana”

Para ser libre es necesario conformarse a Cristo, afirma el Papa


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 1 octubre 2008 (ZENIT.org).- "La verdadera libertad consiste en conformarse a Cristo, y no en hacer lo que uno quiere", afirmó este miércoles el Papa Benedicto XVI ante los cerca de 20.000 peregrinos de todo el mundo congregados en la Plaza de San Pedro para la audiencia general del miércoles

"Es una lección que debemos aprender también nosotros: con los diversos carismas confiados a Pedro y a Pablo, dejémonos todos guiar por el Espíritu, intentando vivir en la libertad que encuentra su orientación en la fe en Cristo y se concreta en el servicio a los hermanos".

Según el Papa, "es esencial ser cada vez más conformes a Cristo. Es así que se es realmente libre, así se expresa en nosotros el núcleo más profundo de la Ley: el amor a Dios y al prójimo".

El pontífice dedicó la catequesis al ciclo sobre el Apóstol san Pablo, y en esta ocasión, explicó dos episodios de la vida del santo en la naciente Iglesia, el Concilio de Jerusalén y el incidente con Pedro en Antioquía, ambos relatados en sus cartas.

Ambos episodios son una muestra de la "libertad interior" y de la "franqueza" de Pablo, "que no disminuyen la veneración y el respeto que siempre cultivó hacia ellos", explica el Santo Padre.

En el caso del Concilio de Jerusalén, el obispo de Roma recuerda que fue "un momento de no poca tensión" para la Iglesia, dividida en cuanto a la observancia o no de las leyes mosaicas.

"Pablo expuso a los Doce, definidos como las personas más relevantes, su evangelio de libertad de la Ley. A la luz del encuentro con Cristo resucitado, él había comprendido que en el momento del paso al Evangelio de Jesucristo, a los paganos ya no les eran necesarios la circuncisión, las leyes sobre el alimento, y sobre el sábado, como muestra de justicia: Cristo es nuestra justicia, y 'justo' es todo lo que está conforme a Él", explica.

En este sentido, añade el Papa, "como aparece con gran claridad en las Cartas de san Pablo, la libertad cristiana no se identifica nunca con el libertinaje o con el arbitrio de hacer lo que se quiere; esta se realiza en conformidad con Cristo y por eso, en el auténtico servicio a los hermanos, sobre todo a los más necesitados".

Pablo, asevera Benedicto XVI, fue fiel a la petición de los Apóstoles de "acordarse de sus pobres", y con la colecta a favor de los cristianos de Jerusalén, se pone de manifiesto "un gesto litúrgico o 'servicio', ofrecido por cada comunidad a Dios, y una acción de amor cumplida a favor del pueblo. Amor por los pobres y liturgia divina van juntas, el amor por los pobres es liturgia".

"En la preocupación por los pobres, Pablo demuestra su fidelidad a las decisiones maduradas durante la Asamblea", afirma.

Al respecto, el sucesor de Pedro señaló la importancia de los Concilios en la vida de la Iglesia: "Todo Concilio y Sínodo de la Iglesia es "acontecimiento del Espíritu" y reúne en su realización las solicitudes de todo el Pueblo de Dios: lo han experimentado en primera persona quienes tuvieron el don de participar en el Concilio Vaticano II".

Sobre el episodio del enfrentamiento de Pablo con Pedro en Antioquía de Siria, el Papa explicó que "da a entender la libertad interior de que gozaba el Apóstol".

En aquella circunstancia, Pablo recriminó a Pedro por evitar a los paganos en las comidas fraternas, por causa del precepto mosaico de evitar ciertos alimentos.

"Muy probablemente las perspectivas de Pedro y de Pablo eran distintas: para el primero, no perder a los judíos que se habían adherido al Evangelio, para el segundo no disminuir el valor salvífico de la muerte de Cristo para todos los creyentes".

Y sin embargo, recuerda, el propio Pablo diez años después pedía a los hermanos de Roma que evitaran los alimentos si ello podía "escandalizar a los más débiles".

"El incidente de Antioquía se reveló así como una lección tanto para Pedro como para Pablo. Solo el diálogo sincero, abierto a la verdad del Evangelio, pudo orientar el camino de la Iglesia", añade Benedicto XVI.

Por Inma Álvarez

martes, 16 de septiembre de 2008

El Papa pide defender matrimonio y familia ante “verdaderas borrascas”

LOURDES, 15 Sep. 08 / 01:58 am (ACI) .- En el discurso que dirigió a los obispos franceses durante su visita a Lourdes, el Papa Benedicto XVI reiteró que la Iglesia debe defender el matrimonio y la familia ante “verdaderas borrascas” y leyes que relativizan su naturaleza.

El Santo Padre se refirió a “la situación de la familia” y recordó que “el matrimonio y la familia se enfrentan ahora a verdaderas borrascas. Desde hace algunas décadas, las leyes han relativizado en diferentes países su naturaleza de célula primordial de la sociedad. A menudo, las leyesbuscan acomodarse más a las costumbres y a las reivindicaciones de personas o de grupos particulares que a promover el bien común de la sociedad”.

“La unión estable entre un hombre y una mujer, ordenada a construir una felicidad terrenal, con el nacimiento de los hijos dados por Dios, ya no es, en la mente de algunos, el modelo al que se refiere el compromiso conyugal”, indicó.

Sin embargo, precisó, “la experiencia enseña que la familia es el pedestal sobre el que descansa toda la sociedad. Además, el cristiano sabe que la familia es también la célula viva de la Iglesia. Cuanto más impregnada esté la familia del espíritu y de los valores del Evangelio, tanto más la Iglesia misma se enriquecerá y responderá mejor a su vocación”.

El Santo Padre también abordó la “cuestión particularmente dolorosa: la de los divorciados y vueltos a casar” y subrayó que “la Iglesia, que no puede oponerse a la voluntad de Cristo, mantiene con firmeza el principio de la indisolubilidad del matrimonio, rodeando siempre del mayor afecto a quienes, por los más variados motivos, no llegan a respetarla. No se pueden aceptar, pues, las iniciativas que tienden a bendecir las uniones ilegítimas”.

Puede leer el discurso completo enhttp://www.aciprensa.com/benedictoxvi/viajes/lourdes08/documento.php?doc_id=212

viernes, 5 de septiembre de 2008

Santa Sede confirma que Benedicto XVI canonizará a Narcisa de Jesús en octubre

.- El Vatican Information Service (VIS) publicó hoy las actividades que el Papa Benedicto XVI presidirá entre septiembre y noviembre de este año. Según la agenda, el Pontífice celebrará el 12 de octubre la canonización de cuatro beatos, entre los que se cuenta a la ecuatoriana Narcisa de Jesús Martillo Morán.

El VIS confirmó la anunciada visita del Papa a la localidad italiana de Cagliari prevista para este domingo 7 de septiembre, así como el viaje que emprenderá del 12 al 15 de este mes a Francia con motivo del 150 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes.

Entre las actividades de octubre destaca la apertura de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos prevista para el domingo 5; una Misa en San Pedro por del 50 aniversario de la muerte del Siervo de Dios Pío XII el jueves 9; y la canonización de los beatos Gaetano Errico, Maria Bernarda Butler, Alfonsa de la Inmaculada Concepción (en el siglo Anna Muttathupadathu), y Narcisa de Jesús Martillo Morán.

El Vaticano también informó que el domingo 9 de octubre, el Papa visitará el santuario de la Bienaventurada Virgen del Santo Rosario de Pompeya; y el domingo 26 en la basílica de San Pedro presidirá la conclusión de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

El lunes 3 de noviembre en la Basílica Vaticana, presidirá la Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el año.

jueves, 14 de agosto de 2008

En la Virgen María se refleja la bondad de Dios, recuerda el Papa


.- En su discurso de agradecimiento a la televisión bávara (Alemania) por un documental producido por esta sobre peregrinaciones marianas, el Papa Benedicto XVI destacó que a través de la fe, se puede ver a María misma, "la Madre de Dios en quien se refleja la bondad de Dios".

Según informa Radio Vaticano, en su saludo a los responsables de la Bayerischer Rundfunk, el Santo Padre comentó cómo en el documental se ve a tantas personas: jóvenes y ancianos, hombres y mujeres; de todas las generaciones, que están "en camino hacia María". Y dijo que la confianza en la Madre del Señor conserva y conduce a todos por el camino de la fe.

"Queridos amigos este no ha sido simplemente un filme, sino que ha sido una peregrinación. La Radio Bávara nos ha hecho partícipes de una peregrinación mariana: Eran jóvenes, ancianos, personas sencillas y gente culta, todos en camino hacia la Virgen".

"Y en su peregrinaje hemos escuchado también su fe, en la fe resplandece su devoción a la Virgen y resplandece la bondad de Dios. Por esto le damos las gracias y esperamos que este documental pueda inspirar a muchos en su peregrinación hacia la Virgen, para que los guíe por el camino de la fe. Gracias, en la víspera de la Asunción de María. ¡Este es un don especial! ¡Feliz festividad para todos! Gracias", concluyó el Papa.

De otro lado, el Santo Padre envió también una Bendición Apostólica a los participantes del XVI Festival Mariano Internacional, que se realiza en Paray-le-Monial, Francia, desde hoy hasta el 18 de agosto.

En su mensaje, firmado por el Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, el Pontífice alentó a los participantes a tener "el valor de seguir las huellas de la Virgen María".

"La Virgen María a través de Su peregrinación de fe y caridad sobre la tierra, revela en Su persona el verdadero rostro de la Iglesia, esposa y sierva del Señor".

Seguidamente, el Papa invita a mirar a la Madre de Dios, porque ella ha sido "la primera en recibir la corona de la gloria eterna y en ser elevada al cielo, en cuerpo y alma, por la potencia de Dios".

El Papa recuerda también cómo el Misterio de la Fiesta de la Asunción, que se celebra en los días en los que se desarrolla el Festival, revela que "la vida de Aquella que no tuvo otro deseo que cumplir la voluntad del Señor, la ha conducido a la vida verdadera al lado del Hijo".

Periodistas espían sin éxito las vacaciones del Papa

Según el "vaticanista" de "Il Corriere della Sera", Luigi Accatoli


BRESANONA, jueves 31 julio 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI sigue de vacaciones en el seminario de Bresanone, en el Tirol italiano, entre oración, estudio y descanso, mientras 260 periodistas y técnicos se encuentran en el exterior al acecho "espiando" estos días de tranquilidad.

Como todas las tardes, informa "L'Osservatore Romano", también este jueves el Papa ha paseado en el jardín del seminario en compañía de su hermano, monseñor Georg Ratzinger, y de su secretario particular, monseñor Georg Gänswein.

Desde el 28 de julio, cuando llegó, el Papa no ha salido del edificio, y para los periodistas las noticias empiezan a escasear.

En su blog, el experto en asuntos vaticanos ("vaticanista", como se dice en Italia) de "Il Corriere della Sera", Luigi Accatoli, se pregunta si vale la pena haber venido a Bresanona.

"La respuesta a esta pregunta habla del nivel de la figura del Papa hoy en el mundo: ¿cómo es posible no estar presentes allí donde se encuentre? ¿Si le pasa algo o hace un acto imprevisto? ", sigue preguntándose.

"La presencia de los periodistas en estas dos semanas en la tranquila Bresanona es una prueba más de la expectativa por todo lo que dice o hace el Papa. Una expectativa que no termina, ni siquiera cuando la situación induce al desaliento".

"Hay poco que espiar del otro lado de la barrera de toldos negros que se han elevado para proteger los paseos benedictinos en el jardín del seminario, pero nosotros estamos preparados para lo que haga falta", concluye el veterano periodista.

En estos momentos se está preparando la primera cita pública con el pontífice en esta ciudad: la oración mariana del Ángelus a mediodía del domingo, 3 de agosto.

Con este motivo, seis convoyes especiales han sido reservados y financiados por la provincia autónoma de Bolzano, a la que pertenece Bresanone, para que estén a disposición de los fieles. Lo mismo sucederá el 10 de agosto.

En total, se espera que unas 16.000 personas se unan a la oración dominical del Papa.

El Ayuntamiento de Bresanona entregará la ciudadanía honoraria a Benedicto XVI en una ceremonia que tendrá lugar el 9 de agosto en el mismo seminario. La motivación oficial reconoce el compromiso del Papa en la promoción del diálogo entre las religiones.

jueves, 24 de julio de 2008

35 mensajes del Papa en Sidney

35 mensajes del Papa en Sidney

Fuente: www.opusdei.es/
Autor: Opus Dei

"Profetas de una nueva época", ha llamado Benedicto XVI a los jóvenes en Australia. Para quienes han estado y para quienes no, resumimos en 35 ideas breves algunas intervenciones del Santo Padre.


1. "Como fuente de nuestra vida nueva en Dios, el Espíritu Santo también es, de un modo muy real, el alma de la Iglesia, el amor que nos une al Señor y entre nosotros, y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios en todos nosotros". MC

2. "Tenemos que permitir que el amor de Dios penetre en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestra aridez espiritual, de nuestro conformismo ciego con el espíritu de nuestro tiempo. Solo entonces podemos permitirle que encienda nuestra imaginación y plasme nuestros deseos más profundos. Por eso, la oración es tan importante: la oración cotidiana privada en la tranquilidad de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia". MC

3. "Jóvenes: ¿qué dejaréis a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis viviendo vuestras vidas, dejando espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, o incluso rechazarlo en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la "fuerza" que el Espíritu Santo está dispuesto a difundir ahora sobre vosotros?". MC

4. "Una nueva generación de cristianos está llamada a contribuir a la construcción de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada con atención, no rechazada o temida como una amenaza y por tanto, destruida. Una nueva época en la que el amor no sea ávido o egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los demás, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie alegría y belleza. Una nueva era en la que la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apatía y del egoísmo que dañan nuestras almas y envenenan las relaciones humanas". MC

5. "Queridos jóvenes amigos, el Señor os está pidiendo que seáis profetas de esta nueva época, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente al Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad". MC

6. "El mundo necesita una renovación. En muchas sociedades, junto a la prosperidad material, se está extendiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un sentido escondido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros coetáneos han construido cisternas rotas y vacías en una búsqueda desesperada de sentido, del sentido último que solo puede dar el amor? ¡También la Iglesia necesita esta renovación! Tiene necesidad de vuestra fe, de vuestro idealismo y de vuestra generosidad para poder ser siempre joven en el Espíritu". MC

7. "¡No tengáis miedo de decir que "sí" a Jesús, de hallar vuestra alegría en hacer su voluntad, donándoos completamente para llegar a la santidad y usando vuestros talentos al servicio de los demás!". MC

8. "Hay más alegría en dar que en recibir. No dudéis jamás de la verdad de las promesas de nuestro Señor, según las cuales cada vez que ofrecemos nuestra creatividad, nuestros recursos, nuestras personas, recibimos después todo con abundancia". MC

9. "La colaboración armoniosa entre religión y vida pública es muy importante en una época en la que algunos han llegado a pensar que la religión es causa de división más que una fuerza de unidad. En un mundo amenazado por formas de violencia siniestras e indiscriminadas, la voz unánime de los que tienen un espíritu religioso estimula a las naciones y a las comunidades a resolver los conflictos con instrumentos pacíficos, respetando plenamente la dignidad humana". EI

10. "El sentido religioso nos guía al encuentro de las necesidades de los demás y a buscar vías concretas para contribuir al bien común. Las religiones juegan un papel particular en este contexto, en cuanto que enseñan a la gente que el auténtico servicio exige sacrificio y autodisciplina, que a su vez se deben cultivar por medio de la abnegación, la templanza y el uso moderado de los bienes naturales". EI

11. "La religión, al recordarnos las limitaciones y la debilidad del ser humano, nos impulsa a no poner nuestras esperanzas últimas en este mundo que pasa". EI

12. "La verdadera fuente de la libertad se encuentra en la persona de Jesús de Nazaret. Los cristianos creen que El nos revela plenamente las potencialidades humanas para la virtud y el bien; El nos libera del pecado y de las tinieblas". EI

13. "Pensaréis que en el mundo de hoy es improbable que la gente adore otros dioses. Pero a veces lo hacen sin darse cuenta. Los falsos "dioses" están casi siempre ligados a la adoración de tres realidades: los bienes materiales, el amor posesivo y el poder". ND

14. "Los bienes materiales, de por sí, son buenos. No sobreviviríamos sin dinero, ropa y casas. Pero si nos negamos a compartir lo que tenemos con los hambrientos y los pobres, transformamos esos bienes en una falsa deidad. ¡Cuántas voces en nuestra sociedad materialista nos dicen que la felicidad consiste en acaparar el mayor número posible de bienes y objetos de lujo! Pero así los bienes se transforman en deidades falsas. En vez de dar la vida, son portadores de muerte". ND

15. "El amor auténtico es ciertamente bueno. Cuando amamos somos plenamente humanos. Pero a menudo se cree amar cuando en realidad se tiende a poseer o a manipular a la otra persona. A veces los demás son tratados como objetos para satisfacer las propias necesidades. ¡Qué fácil es ser engañado por las tantas voces que en nuestra sociedad sostienen un enfoque permisivo de la sexualidad sin prestar atención a la modestia, al respeto propio y a los valores morales que confieren calidad a las relaciones humanas!". ND

16. "En todos los Evangelios Jesús ama especialmente a los que se han equivocado porque, cuando se daban cuenta de su error, se abrían más que los otros a su mensaje de salvación. Los que deseaban reconstruir su vida eran los más dispuestos a escuchar a Jesús y a ser sus discípulos. Podéis seguir sus huellas; también vosotros podéis crecer especialmente cerca de Jesús precisamente porque habéis decidido volver a Él". ND

17. "Podemos caer en la tentación de reducir la vida de fe a una cuestión de mero sentimiento, debilitando así su poder de inspirar una visión coherente del mundo y un diálogo riguroso con las otras muchas visiones que compiten en la conquista de las mentes y los corazones de nuestros contemporáneos". CSM

18. "Caminad cada día a la luz de Cristo mediante la fidelidad a la oración personal y litúrgica, alimentados por la meditación de la palabra inspirada por Dios. Que la celebración cotidiana de la Eucaristía sea el centro de vuestra vida". CSM

19. "La castidad por el Reino significa abrazar una vida completamente dedicada al amor, a un amor que os hace capaces de dedicaros sin reservas al servicio de Dios para estar plenamente presentes entre los hermanos y hermanas, especialmente entre los más necesitados". CSM

20. "La sociedad contemporánea atraviesa por un proceso de fragmentación debido a una forma de pensar que es, por su naturaleza, de corto alcance porque deja de lado el horizonte completo de la verdad, verdad relativa a Dios y a nosotros. Por su misma naturaleza, el relativismo no consigue ver el cuadro entero. Ignora los principios que nos hacen capaces de vivir y crecer en la unidad, en el orden y la armonía". VI

21. "¡El Espíritu Santo! Su función es ésta: cumplir la obra de Cristo. Enriquecidos con los dones del Espíritu Santo tendréis fuerza para ir más allá de las visiones parciales, de la utopía vacía, de la fugaz precariedad, para ofrecer la coherencia y la certeza del testimonio cristiano". VI

22. "El amor tiene una característica particular: su fin es permanecer. Por naturaleza, el amor es duradero. El Espíritu Santo ofrece amor al mundo: amor que disipa la incertidumbre, que supera el miedo del engaño, que lleva en sí la eternidad; el amor verdadero que nos incorpora a la realidad que permanece". VI

23. "El Espíritu Santo es Dios que se entrega eternamente, como una fuente inagotable, se ofrece siempre. Observando este don incesante, vemos los límites de lo que es perecedero, la locura de una mentalidad consumista. En particular, empezamos a entender porqué la búsqueda de las novedades nos deja insatisfechos y deseosos de algo más. ¿No estamos buscando un don eterno, la Fuente que jamás se agota?". VI

24. "¡Queridos jóvenes: hemos visto que el Espíritu Santo realiza la maravillosa comunión de los creyentes en Cristo Jesús. Fiel a su naturaleza de dador y al mismo tiempo de don, actúa ahora sirviéndose de vosotros. Haced que el amor unificador sea vuestra medida, el amor duradero vuestro desafío, el amor que se entrega vuestra misión". VI

25. "Vosotros estáis llamados a vivir los dones del Espíritu entre los altibajos de la vida cotidiana. Haced que vuestra fe madure mediante los sacramentos". VI

26. "Estar verdaderamente vivos es ser transformados desde el interior, estar abiertos a la fuerza del amor de Dios. Si acogéis la fuerza del Espíritu Santo, también vosotros podréis transformar vuestras familias, las comunidades y las naciones. Liberad estos dones. Que la sabiduría, la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad sean los signos de vuestra grandeza". VI

27. "¡Que mediante la acción del Espíritu Santo, los jóvenes tengan la valentía de llegar a ser santos! Esto es lo que necesita el mundo, por encima de cualquier otra cosa". A.

28. "Hay algo siniestro que brota del hecho de que la libertad y la tolerancia se separan muy a menudo de la verdad. Todo ello se alimenta de la idea, ampliamente difundida en nuestra época, de que no hay una verdad absoluta que guíe nuestra vida. El relativismo, dando valor a todo sin discriminación, ha hecho que 'las experiencias' sean lo más importante". A.

29. "¡La vida no está gobernada por la suerte, no es casual! Vuestra existencia personal ha sido querida y bendecida por Dios y tiene una finalidad. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias. Es una búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. Con ese fin tomamos nuestras decisiones, ejercemos nuestra libertad y, en esto, en la verdad, en el bien y en la belleza, encontramos la felicidad y la alegría". A.

30. "No os dejéis engañar por los que ven en vosotros simples consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección en sí misma se convierte en bien, la novedad se hace pasar por belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad". A.

31. "Cristo ofrece más. Ofrece todo. Sólo él, que es la Verdad, puede ser el Camino y por lo tanto la Vida". A.

32. "Muchos jóvenes no tienen esperanza. Se quedan perplejos frente a las cuestiones que se les plantean y a menudo se siente inseguros sobre dónde encontrar respuestas. Ven la pobreza y la injusticia y desean hallar soluciones. Se sienten desafiados por los argumentos de quienes niegan la existencia de Dios y se preguntan cómo responder (...). ¿Dónde podemos hallar respuestas? El Espíritu nos orienta hacia el camino que conduce a la vida, al amor y a la verdad. El Espíritu nos orienta hacia Jesucristo. En El encontramos las respuestas que buscamos". MC

33. "[La Virgen] María tuvo que enfrentarse a muchas dificultades a consecuencia de aquel sí. Simeón profetizó que una espada le atravesaría el corazón. Cuando Jesús tenía doce años pasó los peores momentos que cualquier madre puede experimentar cuando, durante tres días, perdió a su Hijo. Y después de la actividad pública de Jesús, sufrió la agonía de estar presente en su crucifixión y muerte. A través de tantas pruebas, permaneció siempre fiel a su promesa, sostenida por el Espíritu de fortaleza. Y fue recompensada con la gloria". MC

34. "Debemos permanecer fieles al sí con que aceptamos la oferta de amistad por parte del Señor. Sabemos que no nos abandonará nunca que nos sostendrá siempre con los dones del Espíritu. María aceptó la "propuesta" del Señor en nuestro nombre. Dirijámonos a ella y pidámosle que nos guíe en las dificultades para permanecer fieles a la relación vital que Dios entabló con cada uno de nosotros". MC

35. "Ha llegado el momento de decirnos adiós, o mejor hasta pronto. La Jornada Mundial de la Juventud 2011 se celebrará en Madrid, en España. Hasta entonces recemos unos por otros y demos al mundo nuestro gozoso testimonio de Cristo". MC



SIGLAS QUE SEÑALAN LA FUENTE:

A: Acogida
EI: Encuentro interreligioso
ND: Universidad de Notre Dame
CSM: Misa en la Catedral de Santa María
VI: Vigilia con los jóvenes
MC: Misa de Clausura




De Sydney-Australia 2008 a Madrid-España 2011

Fuente: www.revistaecclesia.info
Autor: Mons. José Sánchez González. Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Queridos jóvenes, queridos diocesanos:

Al clausurar la 23ª Jornada Mundial de la Juventud en Sydney, Australia, el Santo Padre Benedicto XVI anunció que la próxima Jornada Mundial de la Juventud se celebrará en Madrid, España, en 2011. La noticia, aunque esperada, fue acogida con alegría, entusiasmo y alborozo.

El encuentro del Papa con una nutrida representación de los jóvenes católicos de todo el mundo, cuando no se trata de un mero espectáculo, constituye un especial momento de gracia. Es un acto de fe y de comunión, una celebración religiosa y eclesial y de carácter pastoral, un don de Dios, un regalo a la juventud y a la Iglesia, aunque hemos de ser conscientes de que el trabajo con jóvenes es más que una jornada.

Por todo ello nuestra primera reacción ha de ser de alegría, gozo y gratitud al Santo Padre por haber escogido nuevamente España como sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en el año 2011.

Esta gozosa noticia constituye, al mismo tiempo, para todos nosotros una llamada a la responsabilidad. Desde este mismo momento hemos de empezar a prepararnos para vivir este acontecimiento de gracia. Para ello, lo primero que tenemos que hacer es acoger con gozo y llevar a la vida con resolución las ricas enseñanzas del Papa en la 23ª Jornada Mundial de la Juventud que acaba de terminar en Sydney, Australia.

Os recuerdo solamente algunos de los puntos que ha tocado el Papa. Todos centrados en la acción del Espíritu Santo, que se nos envía como don, como autor de la unidad y como fuente del amor verdadero. Ha hablado del Bautismo, de la Confirmación, de la Eucaristía… Del papel de Dios en nuestra vida privada y pública y en la creación. Del necesario testimonio de Cristo en un mundo que pretende vivir sin Dios.

Ha puesto de relieve e invitado al diálogo ecuménico e interreligioso. A valorar la vida humana desde el seno materno, a la solidaridad con los pobres, ancianos y desvalidos, a la lucha contra la violencia doméstica, a una relación responsable con la creación y al cuidado de la naturaleza. A trabajar por la unidad, la justicia y la paz y a luchar contra la tentación de la violencia, de la droga, del alcohol y del sexo egoísta y desordenado.

Cito solamente un párrafo de la homilía del Papa el pasado domingo en Sydney. "Queridos jóvenes, permitidme que os haga una pregunta. ¿Qué dejaréis vosotros a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis construyendo algo que durará? ¿Estáis viviendo vuestras vidas de modo que dejéis espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la «fuerza» que el Espíritu Santo está ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¿Qué herencia dejaréis a los jóvenes que os sucederán? ¿Qué os distinguirá?

A continuación les invita a acoger el Espíritu que les ayude a hacer surgir una "nueva era", con estas palabras: "Queridos jóvenes amigos, el Señor os está pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad".

Nuestra diócesis, próxima a Madrid, tiene una especial responsabilidad ante la convocatoria de la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Hemos de sentirnos llamados a colaborar, a ofrecernos a la acogida de los numerosos peregrinos jóvenes que pasarán por nuestra diócesis y que, tal vez, necesiten alojamiento o parroquias y lugares dispuestos para determinados actos o sencillamente quieran visitarnos.

Volveremos más veces sobre este importante acontecimiento. Entretanto, considero que el seguimiento de nuestro Plan Pastoral Diocesano "Para que tengan vida", dedicado, durante el curso que termina, a los jóvenes, en el próximo a la pastoral vocacional, y en el siguiente a los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, constituye una excelente forma de prepararnos para una auténtica y fructuosa celebración de la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2011 y para que su fruto permanezca.


Os saluda y bendice vuestro Obispo