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sábado, 8 de diciembre de 2007

Ante la Inmaculada: Sin Dios, o contra Él, ningún hombre podrá transitar el camino del amor

.- El Papa Benedicto XVI realizó esta tarde el tradicional acto de veneración de la Virgen María en la solemnidad de su Inmaculada Concepción, y señaló ante la columna de la Inmaculada y cientos de feligreses reunidos en la Plaza de España que “sin Dios, o contra Él”, ningún hombre podrá transitar el camino del amor.

Se trata, dijo el Santo Padre, de “un gesto de fe y de devoción que nuestra comunidad cristiana repite año tras año, subrayando el propio compromiso de fidelidad hacia aquella que, en todas las circunstancias de la vida cotidiana, nos asegura su ayuda y su maternal protección”.

Más adelante señaló que “esta manifestación religiosa es al mismo tiempo una ocasión para ofrecer a cuantos viven en Roma o transcurren algunos días en ella como peregrinos o turistas, la oportunidad de sentirse, incluso en la diversidad de culturas, una única familia que se reúne alrededor de una Madre que ha compartido las fatigas cotidianas de toda mujer y madre de familia”.

“Una Madre, sin embargo, del todo singular, elegida por Dios para una misión única y misteriosa, la de generar en la vida terrena el Verbo eterno del Padre, venido al mundo para la salvación de todos los hombres”, añadió.

“Esta nuestra Madre celestial –prosiguió- nos invita a huir del mal y a hacer el bien siguiendo la ley divina inscrita en el corazón humano, de cada cristiano. Ella, que ha conservado la esperanza en el momento de la prueba suprema, nos invita a no perder el ánimo cuando el sufrimiento y la muerte llaman a la puerta de nuestra casa”.

El Papa dijo que “la Virgen Inmaculada nos exhorta a ser hermanos los unos de los otros, todos unidos en el empeño de construir juntos un mundo más justo, más solidario y pacífico”.

“Sin Él, o contra Él, ningún hombre podrá transitar el camino que conduce al amor, no podrá sino rendirse al poder del odio y de la violencia, no podrá construir una paz estable”, advirtió.

En esta vida, que es un camino que a menudo se vuelve oscuro, duro y fatigoso, María, recordó Benedicto XVI, es “la estrella de la esperanza”.

María Inmaculada es modelo de amor auténtico para los jóvenes de hoy, dice el Papa

"Corren el riesgo de perder la esperanza” víctimas del "callejón sin salida del consumismo"


Benedicto XVI durante el Ángelus de hoy

.- En la solemnidad de María Inmaculada, el Papa Benedicto XVI señaló a la Virgen María como auténtico modelo de felicidad y santidad para los jóvenes de nuestro tiempo que, “fáciles víctimas de la corrupción del amor” y del "callejón sin salida del consumismo", “corren el riesgo de perder la esperanza porque parecen huérfanos del verdadero amor”.

Al mirar a María “reconocemos la grandeza y la belleza del proyecto de Dios para todo ser humano: llegar a ser santos e inmaculados en el amor, a imagen de nuestro Creador”, dijo el Santo Padre este mediodía durante el Ángelus que presidió desde su estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano.

“¡Qué gran don es tener por Madre a María Inmaculada! Una Madre esplendorosa de belleza, transparente al amor de Dios. Pienso en los jóvenes de hoy, que crecen en un ambiente saturado de mensajes que proponen falsos modelos de felicidad”, señaló ante miles de peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro.

“Estos muchachos y muchachas corren el riesgo de perder la esperanza porque parecen huérfanos del verdadero amor que llena de significado y de alegría la vida, prosiguió el Pontífice recordando que éste era un “tema querido por mi venerado predecesor Juan Pablo II, que tantas veces propuso a la juventud de nuestro tiempo a María como ‘Madre del amor hermoso’”.

El Papa constató que “no pocas experiencias nos dicen desafortunadamente que los adolescentes, los jóvenes e incluso los niños, son fáciles víctimas de la corrupción del amor, engañados por los adultos sin escrúpulos que mintiéndose a sí mismos y a ellos, los atraen hacia el callejón sin salida del consumismo”, lamentando asimismo que “la realidad más sagrada, como el cuerpo humano, templo del Dios del amor y de la vida, se convierte en objeto de consumo; y esto siempre más tempranamente, ya en la preadolescencia”.

“¡Qué tristeza cuando los muchachos pierden el asombro, el encanto de los sentimientos más bellos, el valor del respeto del cuerpo, manifestación de la persona y de su insondable misterio!”, exclamó.

“Todo esto nos recuerda a María, la Inmaculada, que contemplamos en toda su belleza y santidad. Desde la cruz Jesús la ha confiado a Juan y a todos los discípulos y desde entonces se ha convertido en Madre para toda la humanidad, Madre de la esperanza”, señaló.

Benedicto XVI se dirigirá en la tarde a la Plaza de España, delante de la Embajada de este país ante la Santa Sede, para presidir el tradicional acto mariano ante la imagen de la Inmaculada.

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

8 de Diciembre



El 8 de diciembre de 1854 el Sumo Pontífice, Pío Nono, después de recibir numerosas peticiones de todos los obispos y fieles de todo el mundo se reunió en la Basílica de San Pedro en Roma y proclamó la fiesta de la Inmaculada Concepción. Había más de 200 prelados, cardenales, arzobispos, obispos, embajadores y miles y miles de fieles católicos, en medio de la emoción general declaró solemnemente:
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María
"Declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecado original, es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe".

Desde Roma cantidad de palomas mensajeras salieron en todas las direcciones llevando la gran noticia, y en los 400,000 templos católicos del mundo se celebraron grandes fiestas en honor de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

*Visite un completo especial dedicado a esta solemnidad en
http://www.aciprensa.com/Maria/Inmaculada/index.html
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viernes, 7 de diciembre de 2007

Predicador del Papa: La Solemnidad de la Inmaculada sacude la «narcosis por pecado»

Comentario del padre Cantalamessa a fiesta mariana


ROMA, jueves, 6 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

* * *

Solemnidad de la Inmaculada Concepción


Génesis 3, 9-15.20; Efesios 1,3-6.11-12; Lucas 1, 26-38


Sin pecado


Con el dogma de la Inmaculada Concepción la Iglesia católica afirma que María, por singular privilegio de Dios y en vista de los méritos de la muerte de Cristo, fue preservada de contraer la mancha del pecado original y vino a la existencia ya del todo santa. Cuatro años después de la definición del dogma por el Papa Pío IX, esta verdad fue confirmada por la Virgen misma en Lourdes en una de las apariciones a Bernadette con las palabras: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

La fiesta de la Inmaculada recuerda a la humanidad que existe una sola cosa que contamina verdaderamente al hombre, y es el pecado. Un mensaje cuánto más urgente que proponer. El mundo ha perdido el sentido del pecado. Se bromea como si fuera lo más inocente del mundo. Aliña con la idea de pecado sus productos y sus espectáculos para hacerlos más atractivos. Se refiere al pecado, incluso a los más graves, con diminutivos: pecadillo, viciosillo. La expresión «pecado original» se utiliza en el lenguaje publicitario para indicar algo bien distinto de la Biblia: ¡un pecado que da un toque de originalidad a quien lo comete!

El mundo tiene miedo de todo menos del pecado. Teme la contaminación atmosférica, las penosas enfermedades del cuerpo, la guerra atómica, actualmente el terrorismo, pero no le da miedo la guerra a Dios, que es el Eterno, el Omnipotente, el Amor, mientras Jesús dice que no se tema a quienes matan el cuerpo, sino sólo a quien, después haber matado, tiene el poder de arrojar a la gehenna (v. Lc 12, 4-5).

Esta situación «ambiental» ejerce una tremenda influencia hasta en los creyentes, que sin embargo quieren vivir según el Evangelio. Produce en ellos un adormecimiento de la conciencia, una especie de anestesia espiritual. Existe una narcosis por pecado. El pueblo cristiano ya no reconoce a su verdadero enemigo, el señor que le mantiene esclavizado, sólo porque se trata de una dorada esclavitud. Muchos que hablan de pecado tienen de él una idea completamente inadecuada. El pecado se despersonaliza y se proyecta únicamente sobre las estructuras; se acaba por identificar el pecado con la postura de los propios adversarios políticos o ideológicos. Una investigación sobre qué piensa la gente que es el pecado arrojaría resultados que probablemente nos aterrorizarían.

En lugar de librarse del pecado, todo el empeño se concentra hoy en librarse del remordimiento del pecado; en vez de luchar contra el pecado se lucha contra la idea de pecado, sustituyéndola con aquella --bastante distinta-- del «sentimiento de culpa». Se hace lo que en cualquier otro campo se considera lo peor de todo, o sea, negar el problema en lugar de resolverlo, volver a echar y sepultar el mal en el inconsciente en vez de extraerlo. Como quien cree que elimina la muerte suprimiendo el pensamiento sobre la muerte, o como el que se preocupa de bajar la fiebre sin curar la enfermedad, de la que aquella es sólo un providencial síntoma. San Juan decía que si afirmamos estar sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos y hacemos de Dios un mentiroso (v. 1 Jn 1, 8-10); Dios, de hecho, dice lo contrario: que hemos pecado. La Escritura dice que Cristo «murió por nuestros pecados» (1 Co 15, 3). Suprime el pecado y has hecho vana la propia redención de Cristo, has destruido el significado de su muerte. Cristo habría luchado contra simples molinos de viento, habría derramado su sangre por nada.

Pero el dogma de la Inmaculada nos dice también algo sumamente positivo: que Dios es más fuerte que el pecado y que donde abunda el pecado sobreabunda la gracia (v. Rm 5, 20). María es la señal y la garantía de esto. La Iglesia entera, detrás de Ella, está llamada a ser «resplandeciente, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada» (Ef 5, 27). Un texto del Concilio Vaticano II dice: «Mientras que la Iglesia en la Santísima Virgen ya llegó a la perfección, por la que se presenta sin mancha ni arruga, los fieles, en cambio, aún se esfuerzan en crecer en la santidad venciendo el pecado; y por eso levantan sus ojos hacia María, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos, como modelo de virtudes» [ Lumen gentium, n. 65].


[Traducción del original italiano realizada por Marta Lago]