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viernes, 6 de junio de 2008

La Santa Sede publica un “decálogo cristiano” sobre el medio ambiente

Presentado por monseñor Giampaolo Crepaldi


CIUDAD DEL VATICANO, 5 de junio de 2008 (ZENIT.org).- El Consejo Pontificio "Justicia y Paz" ha elaborado un "decálogo" inspirado en la visión cristiana de la Creación, con motivo de la celebración hoy de la Jornada Mundial del ambiente, auspiciada por la ONU.

Se trata, según explicó hoy en "Radio Vaticano" el secretario del Consejo, monseñor Giampaolo Crepaldi, de "explicar en diez puntos lo más importante del capítulo sobre el medio ambiente del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia".

Esta iniciativa, explica monseñor Crepaldi, de que se conozca, "por parte de las comunidades cristianas, de los grupos y de los movimientos, el riquísimo Magisterio social de la Iglesia sobre la cuestión específica del ambiente y su salvaguarda".

El secretario del Consejo Pontificio "Justicia y Paz" expresó su aprecio por la iniciativa de la ONU de instaurar esta jornada, aunque en su opinión, la cuestión de la tasa del carbono debería tener en cuenta otras variables, dentro de las relaciones entre el mundo rico y el mundo pobre.

"El objetivo y la perspectiva delineada por el Magisterio social de la Iglesia, y confirmada muchas veces por el Santo Padre, es la de una economía justa y solidaria. Es bueno que descienda la tasa del carbono, pero es necesario añadir también otras cosas".

Respecto al debate sobre la utilización de energías alternativas, el prelado afirmó que es necesario seguir avanzando en esta dirección. "Sin embargo, es necesario ser realista, ya que actualmente no es posible, sólo con las energías alternativas, garantizar la sostenibilidad de los sistemas económicos", y por tanto, dar respuesta a "la pobreza, al subdesarrollo en tantas áreas del planeta, y cuando hablamos de subdesarrollo, estamos hablando de millones y millones de pobres, de gente que no tiene nada".

Sobre la voluntad de la comunidad internacional de reducir las emisiones de carbono para combatir el calentamiento global, monseñor Crepaldi afirmó que se trata de una cuestión "muy compleja y controvertida" sobre la que "es necesario un mayor empeño a nivel científico" para "aclarar los términos de esta cuestión, intentando evaluar los efectos a largo plazo".

"Es necesario también un mayor empeño desde el punto de vista político, porque de hecho las políticas pustas en práctica por los gobiernos para controlar el llamado 'calentamiento global' son políticas difícilmente sostenibles desde el punto de vista económico, son demasiado costosas. Tanto los científicos como los políticos, obviamente con la participación de la sociedad civil, deben seguir trabajando en este campo".

Finalmente, sobre la energía nuclear, recordó que la Iglesia "condena su uso militar, pero no hay ninguna objeción a su uso civil".

"Evidentemente, estamos ante una cuestión muy delicada, porque en este caso tenemos un problema cultural y político allí donde se afirma utilizar la energía nuclear para usos civiles, mientras en el fondo, alguno piensa utilizarla para objetivos militares".

El decálogo del ambiente y la doctrina social de la Iglesia será presentado este miércoles en Milán por el obispo Giampaolo Crepaldi, en el festival internacional sobre el ambiente.

Por Inmaculada Álvarez

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Benedicto XVI promueve una alianza entre ser humano y medio ambiente

Para lograr un «equilibrio ecológico»


CIUDAD DEL VATICANO, martes, 11 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha propuesto una alianza entre el ser humano y el medio ambiente que sirva para alcanzar un «equilibrio ecológico» sin caer en las redes de los prejuicios ideológicos.

Así lo propone en el mensaje que ha enviado con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2008, con el tema «Familia humana, comunidad de paz».

«Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano está por encima de toda la creación», exhorta el mensaje pontificio publicado este martes.

«Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre», advierte.

«Quiere decir más bien que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros».

En este contexto, el obispo de Roma pide que «no olvidar a los pobres, excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creación».

En momentos en los que la humanidad «teme por el futuro equilibrio ecológico», el Santo Padre considera que «sería bueno que las valoraciones a este respecto se hicieran con prudencia, en diálogo entre expertos y entendidos, sin apremios ideológicos hacia conclusiones apresuradas y, sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecológico».

«Si la tutela del medio ambiente tiene sus costes, éstos han de ser distribuidos con justicia --sugiere--, teniendo en cuenta el desarrollo de los diversos países y la solidaridad con las futuras generaciones».

La misiva papal pide «sentir» la tierra como «nuestra casa común» y, «para ponerla al servicio de todos, adoptar la vía del diálogo en vez de tomar decisiones unilaterales».

Considera que un ámbito en el que sería particularmente necesario intensificar el diálogo entre las naciones es el de la gestión de los recursos energéticos del planeta.

Por un lado, pensando en los países más ricos, considera que «hay que revisar los elevados niveles de consumo debidos al modelo actual de desarrollo y, por otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energía y mejorar la eficiencia energética».

Por otro, «los países emergentes tienen hambre de energía, pero a veces este hambre se sacia a costa de los países pobres que, por la insuficiencia de sus infraestructuras y tecnología, se ven obligados a malvender los recursos energéticos que tienen».

«A veces, su misma libertad política queda en entredicho con formas de protectorado o, en todo caso, de condicionamiento que se muestran claramente humillantes», denuncia.