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lunes, 31 de marzo de 2008

Santa Faustina Kowalska

Hija de una piadosa familia católica, María Faustina Kowalska nació en Glogowiec, en el condado de Lodz, Polonia, el 25 de agosto de 1905. Sus padres la bautizaron con el nombre de Helena, y desde pequeña se inició en la contemplación de los misterios de la Salvación. Durante las vísperas en la exposición del Santísimo Sacramento, la pequeña Helena sintió el llamado de Dios a la vida religiosa.

Sin embargo, por varios años, se resistió a dar el "hágase" al Plan de Dios, hasta que en 1924, tuvo una visión del Señor Jesús quien la reprendió por su falta de entrega y amor en su vida espiritual, invitándole a ingresar al convento en Varsovia. Helena fue recibida por las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia el 1 de agosto de 1925, y hasta finales de 1926, fue novicia en dicho convento. Ese año tuvo varias visiones beatíficas en la que el Señor le enseñó todo lo que podía padecer por su santo nombre y su causa misericordiosa.

El 30 de abril de 1926, Helena tomó los hábitos, y asumió el nombre de María Faustina; dos años más tarde, profesó los votos de pobreza, castidad y obediencia. A los superiores y el confesor personal de la futura santa, conocedores de las experiencias místicas de Faustina, les costaba aceptar la profunda e íntima relación entre ella y el Señor Jesús. Sin embargo, la futura santa no hizo caso a las dudas, y Santa Teresita del Niño Jesús se le apareció en sueños para consolar y premiar su profunda perseverancia, heroicidad y futura santidad. Adoración al Santísimo.

En una ocasión, mientras María se encontraba en profunda oración, Jesús se le apareció y le pidió que lo adorase en el Santísimo Sacramente por una hora durante nueve días sucesivos: "Reza con todo tu corazón en unión a María e intenta además durante este tiempo realizar las estaciones de la Cruz". Estando en el séptimo día de la novena, la futura santa tuvo una visión de la Madre de Dios, parada entre el cielo y la tierra, vestida con un esplendoroso y luminoso vestido.

La Virgen tenía sus manos plegadas en oración sobre su pecho y miraba fijamente al cielo. Algunos rayos luminosos, que se desprendía de su corazón ascendían al cielo y otros caían sobre Polonia. Luego de esta visión, una noche María Faustina rezaba en su celda. Jesús vestido de blanco se le apareció, y levantó una de sus manos en señal de bendición, mientras que la otra tocaba su vestido. Debajo de éste, y ligeramente dibujado al lado del pecho, emanaban dos grandes rayos, uno rojo, y el otro de color pálido blanco. María Faustina esperaba en silencio; su corazón se contrajo de temor y alegría a la vez. Entonces Jesús le dijo: "Pinta una imagen según lo que ves con la firma: Jesús, en ti confío. Deseo que esta imagen se venere primero en tu capilla, y luego en todo el mundo. Y prometo que las almas que venerarán esta imagen no perecerán, y la victoria caerá sobre sus enemigos aquí en la tierra, especialmente en la hora de su muerte. Yo los defenderé como Mi propia gloria".

María Faustina acogió con profundo amor y entrega estas palabras, y a partir de este encuentro trabajó intensamente para lograr este propósito. El camino no fue fácil, y hubo que superar muchos obstáculos. Algunos días más tarde, el Señor se le apareció de nuevo para pedirle que difunda en el mundo la fiesta en honor a su Misericordia. "Yo deseo que esta imagen, que tu pintarás con un cepillo, sea solemnemente homenajeada el primer domingo después de Pascua, que ese domingo sea la fiesta de la Misericordia", fueron las palabras de Cristo a la mística polaca. "También deseo que los sacerdotes proclamen la devoción de la Misericordia a todos los pecadores; que permita que el pecador no tenga miedo en acercarse hacia Mí, en acudir a Mí. Las llamas de mi Misericordia aclaman para ser gastadas a favor de las almas pecadoras; y yo deseo derramarlas sobre ellas", le dijo el Señor.

María entonces se propuso a trabajar con más ahínco y esfuerzo en esta nueva misión, que finalmente vería sus frutos cuando varias réplicas de la imagen empezaron a pintarse en varios lugares del mundo; primero en Europa, y luego en América. En el último día de su retiro espiritual, preparándose para renovar sus votos en Walendow, Polonia, María Faustina fue de nuevo visitada por el Sagrado Corazón de Jesús en el momento que ella recibió la Sagrada Comunión. En ese momento, mientras María Faustina observaba el corazón misericordioso de Cristo, comprendió su profunda y gran misericordia, que debía ser derramada sobre las miles de almas pecadoras. La última aparición de Cristo a la religiosa polaca ocurrió en la Cuaresma de 1933.

María Faustina estaba preparándose para su profesión final, coleccionado todos sus sufrimientos interiores y exteriores en un ramillete espiritual para Jesús, y esperando silentemente para ofrecerle el mejor de los sacrificios por su causa y misión. "Yo deseo que sepas cuanto amor arde en mi corazón por las almas más alejadas de Mí. Y tu entenderás lo que te digo cuando medites en mi Pasión", fueron las palabras de Cristo para María, quien le pidió que invocase su Misericordia en nombre de los pecadores, pues Él desea su salvación. Murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. El Señor premió su ardoroso corazón y entrega en la misión diciéndole: "Mi hija, tu corazón es mi paraíso".

La santa polaca fue canonizada por el Papa Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000.

viernes, 29 de febrero de 2008

Polonia: publicado un sondeo sobre la práctica de la confesión

Promovido por el semanal católico «Niedziela»


CZESTOCHOWA, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- «Niedziela», el semanal católico más difundido en Polonia, ha publicado en su última edición un sondeo sobre la práctica del sacramento de la confesión en el país natal de Karol Wojtyla.

El sondeo fue preparado por el Instituto de Estadística de la Iglesia Católica bajo la dirección del padre Witold Zdaniewicz, y por encargo del semanal «Niedziela».

Según el sondeo, el 51,7% de los católicos en Polonia practica la confesión algunas veces al año, el 46,5% lo hace cada mes y sólo el 1,7% se confiesa una vez al año.

Sobre la importancia de este sacramento para la vida cotidiana de los católicos en Polonia, el estudio revela que, para el 85,9%, la confesión lleva consigo el cambio de la vida espiritual; para el 53,8% esta ayuda a cambiar y a profundizar las relaciones en familia; mientras que para el 53,6% ayuda a perdonar.

Según los católicos polacos, el papel del sacerdote en el confesionario es el de: testigo de la Misericordia Divina (55,7%), director espiritual que comprende nuestra vida (47,4%), juez que da la penitencia (9%) y médico espiritual (34,7%).

Al presentar el sondeo, el redactor jefe de «Niedziela», monseñor Ireneusz Skubi dijo que la Cuaresma es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra vida y sobre nuestra religiosidad, sobre todo sobre la práctica del sacramento del perdón.

Traducido del italiano por Nieves San Martín

martes, 16 de octubre de 2007

Interrogantes tras la silueta de Juan Pablo II en una hoguera


CIUDAD DEL VATICANO, martes, 16 octubre 2007 (ZENIT.org).- La foto de una hoguera en la que parece verse la silueta de Juan Pablo II ha atraído la atención de medios de comunicación del planeta, haciendo pensar a algunas personas en la posibilidad de un milagro.

La foto fue tomada en Beskid Zywiecki, pueblo polaco cercano a la ciudad natal de Juan Pablo II, Wadowice, el pasado 2 de abril, mientras se celebraba una vigila en recuerdo de los dos años de la muerte del Papa.

La imagen, según los testigos, fue tomada a las 21:37 de ese día, es decir, la hora exacta en la que falleció hace dos años el obispo de Roma polaco.

Fue publicada este lunes por el padre Jarek Cielecki en el canal televisivo italiano «Vatican Service News» (VSN) del que es director y confiesa a Zenit que no se esperaba un impacto tan grande.

«No digo que sea un milagro. No hablo de cosas sensacionales. Pero está claro que hay un signo, no se puede decir que no se ve nada», indica el sacerdote.

«Para mí es un signo, pues hay que tener también en cuenta el lugar y el momento. El fotógrafo sacó dos fotos cada minuto. Sólo en la tomada a las 21,37 y 30 segundos se puede ver la imagen. En las demás no se reconoce nada en la silueta del fuego».

«La foto --explica-- ha sido analizada científicamente y se ha demostrado que no ha sido sometida a retoques».

«Me ha sorprendido el que tantos periódicos y televisiones la hayan publicado. Quiere decir que nos encontramos ante un hecho. No digo que uno tiene que creer en esto, pero este hecho puede alentar a quien cree».

«Si uno no cree, al menos tiene que tener respeto y no hacer cinismo. Y un creyente, que desde el inicio lo niega, tiene que estar atento, pues no podemos decir categóricamente que no es un signo. Atención a no ser superficiales», advierte.

El padre Thomas Williams L.C., decano de la Facultad de Teología del Ateneo «Regina Apostolorum» explica «Dios nos habla con la manera que él escoge, de manera que milagros de este tipo no pueden descartarse».

«No hay duda de que la foto presenta un asombroso parecido con Juan Pablo II, y el hecho de que haya sido tomada el 2 de abril, el aniversario de la muerte del Papa, es al menos una extraordinaria coincidencia», añade en declaraciones a Zenit.

«Nadie está obligado a creer en esto, y la Iglesia no declarará oficialmente que ha sucedido algo milagroso en este caso», indica.

«Pero quienes quieran ver la mano de Dios en esto se sentirán alentados a pensar que Juan Pablo II sigue intercediendo por nosotros desde el Cielo, como sin duda sucede».

«Nuestra fe no se basa en este tipo de eventos, pero Dios nos envía muchos signos de su presencia y de atención providencial, de manera que no hay motivo para que éste no sea uno de esos casos», concluye el padre Williams.

Puede verse la foto en http://www.catholicpressphoto.com/servizi/2007-10-10-fiamma-jpii/default.htm