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jueves, 17 de julio de 2008

Confesión, confesión por todas partes

El cardenal Pell quiere que los jóvenes redescubran el sacramento


SYDNEY, jueves, 17 julio 2008 (ZENIT.org).- El arzobispo de Sydney afirma que la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) está ayudando a restaurar un elemento clave para la vida de la Iglesia: el sacramento de la reconciliación.

Con este fin, el cardenal George Pell aseguró que el sacramento está disponible en la ciudad anfitriona esta semana. Los sacerdotes, que recibieron con su acreditación un calendario de confesiones, están situados a lo largo de toda la ciudad en auténticos confesonarios improvisados.

Se les puede ver bajo los árboles del Domain, en torno a las aguas del Puerto Darling y en los huecos de cada iglesia de la ciudad.

La Universidad de Notre Dame ha instalado seis zonas de confesiones, que según informa Alton Pelowski de Michigan nunca están sin penitentes.

"Es impresionante ver la reverencia y determinación de cada joven peregrino en busca de significado", explica a Zenit.

Probablemente el sitio más visitado para recibir este sacramento es el Centro de Adoración y Reconciliación en el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Sydney, que registra nutridas filas de penitentes que desembocan allí tras asistir a sus catequesis matinales.

Otros lugares accesibles son la imponente Opera House, el Domain, y eventualmente los pabellones del Hipódromo de Randwick, que el sábado y el domingo será el lugar de la vigilia y la misa de clausura, presididas por Benedicto XVI.
El cardenal Pell explica a Zenit que está determinado a repetir la efusión del espíritu necesario para la plena reconciliación con Cristo de la que fue testigo en el año 2000, durante la Jornada Mundial de la Juventud de Roma.

El cardenal considera que cuando la gente joven tiene la oportunidad de recibir el sacramento de la reconciliación, normalmente acude.

"Hemos visto en la escuela de la catedral y en nuestros grupos de la Jornada Mundial de la Juventud que casi todos lo hacen, y los no católicos desean acudir también --añadió--. Aunque no pueden recibir la absolución, pueden venir para una charla y desnudar su alma".

El cardenal Pell dijo que está "convencido de que un elemento significativo tras la rabia y la hostilidad de mucha gente joven es el efecto de la culpabilidad desplazada, y todo lo que se dice sobre la primacía de la conciencia no les ayuda".

"La gente se siente culpable --añadió--, aunque no le llamen culpabilidad. Tratan de enterrarla dentro de sí, pero después emerge en toda suerte de direcciones inesperadas".

"En un tiempo en el que hay un creciente negocio de psicología, autoayudad, etc. --reconoce el cardenal--, es triste que se dé una caída en la práctica de la confesión, y la Jornada Mundial de la Juventud está ayudando a renovar esto: uno de los más importantes dones que la Iglesia ofrece".

Traducido del inglés por Nieves San Martín

viernes, 7 de marzo de 2008

La confesión permite experimentar la ternura del amor de Dios, dice el Papa

Reflexiona sobre las causas del sentido del pecado y de la falta de acercamiento al sacramento


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 7 marzo 2008 (ZENIT.org).- Ante la pérdida del sentido del pecado, es importante que quien acude a recibir el sacramento de la confesión experimente la ternura del amor de Dios, considera Benedicto XVI.

Lo constató al recibir este viernes a los participantes en el curso anual sobre el fuero interno (cuestiones de conciencia) organizado por la Penitenciaría Apostólica (www.penitenzieria.va), tribunal de la Santa Sede cuya competencia se extiende a lo que concierne precisamente al fuero interno y a las indulgencias.

En su intervención el Papa alentó a contemplar «la realidad del pecado a la luz de la infinita misericordia de Dios, que el sacramento de la penitencia muestra en su forma más elevada».

Sin embargo, añadió, en nuestra época, «por desgracia se va perdiendo cada vez más el sentido del pecado».

Por este motivo consideró que «hoy es necesario hacer experimentar a quien se confiesa esa ternura divina por los pecadores arrepentidos que tantos pasajes evangélicos muestran con tonos de intensa conmoción».

Recordando el ejemplo de la pecadora perdonada en el Evangelio, el Papa afirmó: «a quien mucho ama, Dios todo le perdona».

«Quien confía en sí mismo y en sus propios méritos queda como cegado por su yo y su corazón se endurece en el pecado. Por el contrario, quien reconoce que es débil y pecador se encomienda a Dios y de Él alcanza la gracia y el perdón».

«Este es precisamente el mensaje que hay que transmitir --añadió--: lo que más cuenta es dar a entender que en el sacramento de la Reconciliación cualquier pecado que se ha cometido, si se reconoce con humildad y se acerca con confianza al sacerdote confesor, se experimenta siempre la alegría pacificadora del perdón de Dios».

Reconociendo que hoy se constata una cierta indiferencia ante el sacramento de la Reconciliación, alertó: «cuando sólo se insiste en la acusación de los pecados, que ciertamente tiene que darse y hay que ayudar a los fieles a que comprendan su importancia, se corre el peligro de relegar a un segundo plano lo que es fundamental, es decir, el encuentro personal con Dios, Padre de bondad y de misericordia».

«En el corazón de la celebración sacramental no está el pecado, sino la misericordia de Dios, que es infinitamente más grande que todas nuestras culpas», recordó.

El Papa pidió a los confesores «resaltar el íntimo lazo que se da entre el sacramento de la Reconciliación y una vida orientada totalmente a la conversión»

«Es necesario que entre la práctica del sacramento de la Confesión y una vida orientada a seguir sinceramente a Cristo se establezca una especie de "círculo virtuoso" inexorable, en el que la gracia del sacramento sostenga y alimente el compromiso de ser discípulos fieles del Señor».

El penitenciario mayor, en estos momentos, es el cardenal estadounidense James Francis Stafford. Según la constitución apostólica «Pastor Bonus», la Penitenciaría Apostólica «concede las absoluciones, dispensas, conmutaciones, sanciones, condonaciones y otras gracias» relativas al fuero interno, ligado o no a los sacramentos.

Provee a que en las basílicas papales de Roma haya un número suficiente de penitenciarios, dotados de las oportunas facultades.

Al mismo dicasterio vaticano le está encomendado lo que concierne a la concesión y el uso de las indulgencias, salvo el derecho de la Congregación de la Doctrina de la Fe para examinar todo lo referente a la doctrina dogmática sobre ellas.

Curso en el Vaticano para formar mejor a los confesores

Organizado por el tribunal de la Penitenciaría Apostólica


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 6 marzo 2008 (ZENIT.org).- Se está celebrando del 3 al 8 de marzo el «Curso sobre el fuero interno», organizado por el tribunal de la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede para dar a la Iglesia «confesores más formados», capaces de superar las dificultades que el sacramento tiene que afrontar.

«Tras las vocaciones y el matrimonio, también el sacramento de la penitencia afronta un periodo de crisis que, si bien se ha manifestado ya desde hace algunos decenios, se agudiza cada vez más», explica el diario vaticano «L'Osservatore Romano».

Tal crisis, observó en la inauguración del curso monseñor Gianfranco Girotti, obispo regente del tribunal de la Penitenciaría Apostólica, empieza a «atravesar incluso los umbrales de los seminarios, de los colegios y de los institutos eclesiásticos».

Monseñor Girotti recordó los resultados de una investigación sociológica de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Italia para subrayar el grave estado de dificultad actual en la percepción del sacramento de la confesión, «tan fundamental para la salud y la santificación de las almas».

Según la investigación, de 1998 y referida a Italia, el 30% de los fieles no considera necesaria la presencia de los sacerdotes en los confesonarios. El 10%, más bien la considera un impedimento para el diálogo directo con el Señor, mientras que el 20% sostiene tener dificultad al hablar con otra persona de los propios pecados

Precisamente para afrontar estos problemas, la Penitenciaría Apostólica ha promovido el curso que mira a «robustecer la formación de los sacerdotes, ministros de la reconciliación».

Interviniendo en el evento, informa «L'Osservatore Romano», monseñor Girotti pofundizó «en el sacramento de la penitencia y en algunos particulares aspectos de la misión del confesor, en relación algunas categorías de penitentes consideradas ‘especiales'».

La primera referencia es para los divorciados y las parejas irregulares, frente a los cuales «la doctrina y la praxis oficial de la Iglesia tratan de recorrer una vía que le permita permanecer fiel al mandato de administrar el perdón y la misericordia de Dios».

Por este motivo, «el confesor tiene el deber de proponer de vez en cuando soluciones que lleven a la sanación de la situación o a la transformación de la convivencia en una relación de amistad y de solidaridad, únicas condiciones para poderse nuevamente acercar a la Eucaristía».

De todos modos, se recomienda a los confesores ocuparse siempre de los divorciados vueltos a casar, que, dijo monseñor Girotti, «deben tener un puesto propio preciso en el amor solícito del pastor de almas y no sólo en estas situaciones límite, sino también en la actividad pastoral cotidiana», porque «una pastoral que se inspira en el Evangelio no puede y no debe nunca hacer desesperar a nadie».

Un empeño especial se pide al confesor por lo que se refiere a la categoría de los pecadores entre las personas consagradas o los candidatos al sacerdocio o a la vida consagrada. En este caso, el confesor debe presentarse como «juez justo» o «buen médico del espíritu», recordando que «a menudo la dureza ha sido fatal para muchos», y por tanto sin «nunca asumir el tono apocalíptico».

Sobre aquellos que muestran tendencias homosexuales, en su itinerario de acercamiento al seminario y a las órdenes sagradas, monseñor Girotti recordó que «la Iglesia no puede admitir en el seminario o a las órdenes sagradas a aquellos que practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas, o apoyan la llamada ‘cultura gay', es decir aquellos candidatos que presentan una atracción exclusiva hacia personas del mismo sexo, independientemente del hecho que hayan o no vivido experiencias eróticas».

En estos casos, el confesor debe saber discernir «la tendencia homosexual profundamente arraigada» y aquella «no profundamente arraigada». En el primer caso, está prevista la exclusión; en el segundo, deben haber pasado al menos tres años sin haber tenido este tipo de relaciones para obtener la admisión.

Monseñor Girotti se detuvo en algunos «casos complejos y delicados», como los fenómenos diabólicos o místicos o de presunta sobrenaturalidad, los escrupulosos y los que vuelven a caer continuamente en los pecados confesados. Si para los fenómenos diabólicos se aconseja la intervención del exorcista y para aquellos del misticismo confesores expertos, en el caso de los escrupulosos la situación es diversa.

Los escrupulosos son aquellos que pasan de un confesor a otro por miedo a que el primero o los sucesivos le hayan malentendido y no hayan comprendido bien su pecado y sienten la necesidad de volver a confesarlo.

Por lo que se refiere a las personas que siguen recayendo en el mismo pecado del cual siguen confesándose, el confesor debe actuar con sabiduría para salir al encuentro de las necesidades de los fieles haciéndoles comprender la verdad.

«En el confesionario, en definitiva, es esta la primera enseñanza dada en el curso, hay que tener mucha paciencia», concluye.

viernes, 29 de febrero de 2008

Polonia: publicado un sondeo sobre la práctica de la confesión

Promovido por el semanal católico «Niedziela»


CZESTOCHOWA, jueves, 28 febrero 2008 (ZENIT.org).- «Niedziela», el semanal católico más difundido en Polonia, ha publicado en su última edición un sondeo sobre la práctica del sacramento de la confesión en el país natal de Karol Wojtyla.

El sondeo fue preparado por el Instituto de Estadística de la Iglesia Católica bajo la dirección del padre Witold Zdaniewicz, y por encargo del semanal «Niedziela».

Según el sondeo, el 51,7% de los católicos en Polonia practica la confesión algunas veces al año, el 46,5% lo hace cada mes y sólo el 1,7% se confiesa una vez al año.

Sobre la importancia de este sacramento para la vida cotidiana de los católicos en Polonia, el estudio revela que, para el 85,9%, la confesión lleva consigo el cambio de la vida espiritual; para el 53,8% esta ayuda a cambiar y a profundizar las relaciones en familia; mientras que para el 53,6% ayuda a perdonar.

Según los católicos polacos, el papel del sacerdote en el confesionario es el de: testigo de la Misericordia Divina (55,7%), director espiritual que comprende nuestra vida (47,4%), juez que da la penitencia (9%) y médico espiritual (34,7%).

Al presentar el sondeo, el redactor jefe de «Niedziela», monseñor Ireneusz Skubi dijo que la Cuaresma es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra vida y sobre nuestra religiosidad, sobre todo sobre la práctica del sacramento del perdón.

Traducido del italiano por Nieves San Martín