martes, 6 de noviembre de 2007

Gemelo sobrevive a conato de aborto y da lección a médicos ingleses


Los pequeños Ieuan y Gabriel Jones

.- La familia Jones tiene dos grandes motivos para dar a gracias a Dios. Sus gemelos Gabriel y Ieuan ya cumplieron siete meses de vida, crecen con firmeza y gozan de buena salud. Durante su gestación, Gabriel sobrevivió a un conato de aborto provocado, con el pesar de sus padres, para tratar de salvar la vida de su hermano.

El diario Daily Mail recogió la sorprendente historia. Rebecca Jones, una consejera financiera de 35 años de edad tenía 10 semanas de embarazo cuando supo junto a su esposo Mark que esperaban gemelos.

El gozo inicial duró poco tiempo. A las 20 semanas los médicos encontraron que algo andaba mal: Uno de los gemelos no crecía al ritmo de su hermano. Estaba muy débil, tenía un corazón tres veces más grande de lo normal y era mucho más pequeño que su hermano, todo hacía presagiar que moriría en el vientre.

Los médicos no encontraron una explicación para el escaso crecimiento de Gabriel, pero no estaba recibiendo nutrientes suficientes.

Entonces advirtieron a los Jones que la inminente muerte del más pequeño supondría a corto plazo la muerte del segundo, por lo que deberían abortarlo.

Rebecca Jones, con el corazón destrozado, decidió salvar al más fuerte y abortar al más pequeño, al que llamó Gabriel.

Los médicos intentaron abortar a Gabriel cortando el cordón umbilical, pero el cordón era muy fuerte y no se pudo concretar el procedimiento.

Luego, decidieron dividir la placenta en dos para que cuando Gabriel muriera, no afectara a su hermano gemelo.

Pero después de la operación que debía terminar su vida, el pequeño Gabriel dio otros signos.

Aunque pesaba menos de una libra, luchó con tanta fuerza por sobrevivir que los médicos lo llamaron Rocky.

Sorprendentemente, se las arregló para vivir en el vientre materno por otras cinco semanas, hasta ser viable para una cesárea.

Los gemelos nacieron a las 31 semanas. El más grande, Ieuan, pesó un kilo y medio. Gabriel superó apenas una libra. Ya cumplieron siete meses y están en su hogar de Stoke, donde son tan cercanos que siempre se sostienen de la mano.

Para Rebecca Jones, “esto realmente es un milagro. Los médicos realizaron una operación que le causaría la muerte, pero Gabriel se mantuvo con vida”.

"Cuando lo sentí patear con fuerza al día siguiente de la operación, supe que sobreviviría”, asegura Rebecca. “Los médicos no lo podían creer al escuchar sus latidos".

lunes, 5 de noviembre de 2007

Un mártir carmelita mexicano entre los nuevos beatos

Gabriel Escoto estuvo casado y junto a su mujer abrazó la vida religiosa


MADRID, domingo, 4 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Entre los mártires beatificados el 28 de octubre en Roma, es curiosa la peripecia personal del mexicano Gabriel Escoto Ruiz, que en la vida religiosa eligió el nombre de José María.

Carmelita descalzo originario de Atotonilco el Alto, en el occidental estado de Jalisco, México, estuvo casado y, junto a su mujer, ambos decidieron abrazar la vida religiosa. Tenía 57 años cuando murió fusilado en Lérida, España.

Nació el 10 de agosto de 1878, en el rancho Agua Caliente. En 1900 se mudó a la Ciudad de México y en 1926 se casó con Rosa Orozco.

Tras ocho años de matrimonio, Gabriel y Rosa decidieron iniciar la vida religiosa y viajaron a Roma para obtener un indulto apostólico, el cual les fue otorgado en marzo de 1935.

Gabriel ingresó en la Orden de los Carmelitas Descalzos. El 14 de octubre de 1935, vistió por primera vez el hábito de novicio y esperaba profesar sus votos un año después, pero la persecución religiosa se lo impidió.

Tuvo que abandonar el convento, fue apresado y fusilado el 28 de julio de 1936, a la edad de 57 años, junto con sus compañeros de comunidad en la localidad de Clot dels Aubins, Lérida.

La causa de beatificación de este grupo de 17 carmelitas martirizados en Cataluña toma el nombre de Ángel María Prat Hostench, el primero de la lista.

La amistad con Jesús es lo "más grande”, dice el Papa en Misa por Cardenales difuntos

Misa en la basílica vaticana por los Cardenales y Obispos fallecidos a lo largo del año


Benedicto XVI durante la Misa esta mañana en la basílica vaticana

.- Al presidir esta mañana en la basílica de San Pedro una Misa en sufragio por los Cardenales y Obispos que partieron a la Casa del Padre a lo largo de este año, el Papa Benedicto XVI destacó que pese a haber tenido características distintas, todos ellos tuvieron en común “la cosa más grande: la amistad con el Señor Jesús”.

En la Misa concelebrada por los miembros del colegio cardenalicio, y que tradicionalmente se lleva a cabo durante el mes de noviembre, el Santo Padre recordó a los purpurados que fallecieron en los doce últimos meses: Salvatore Pappalardo, Frédéric Etsou-Nzabi Bamungwabi, Antonio María Javierre, Angelo Felici, Jean-Marie Lustiger, Edouard Gagnon, Adam Kozłowiecki y Rosalio José Castillo Lara.

El Pontífice invitó a dar gracias a Dios "por el don que ha hecho a la Iglesia a través de ellos y por todo el bien que han podido realizar con su ayuda. Igualmente –dijo– confiamos al Padre Eterno a los patriarcas, arzobispos y obispos difuntos, expresando también para ellos nuestro reconocimiento en nombre de toda la comunidad católica".

Durante su homilía, el Papa señaló que estos hermanos nuestros, "han sido ciertamente hombres con características distintas, tanto por las vicisitudes personales como por el ministerio que han ejercido; sin embargo, todos han tenido en común la cosa más grande: la amistad con el Señor Jesús".

Al comentar el salmo responsorial, "Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?", el Santo Padre dijo que "esta sed contiene una verdad que no traiciona, una esperanza que no defrauda. Es una sed que, también a través de la noche más oscura, ilumina el camino hacia la fuente de la vida".

Benedicto XVI señaló que a la luz del misterio pascual del Señor Jesús, las palabras de esperanza del salmo revelan que “ni siquiera la muerte puede hacer vana la esperanza del creyente, porque Cristo ha entrado para nosotros en el santuario del cielo, y nos quiere conducir allí tras habernos preparado un lugar”.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Historia del hombre que quiso fabricarse un dios

Cuento acerca la omnipotencia de Dios
Historia del hombre que quiso fabricarse un dios
Historia del hombre que quiso fabricarse un dios

Un hombre quería construirse un dios. Sabía que se trataba de una empresa difícil y compleja, pero estaba decidido: construiría su dios.

Echó cálculos. Sacó pluma y hoja, y comenzó a escribir:

- En primer lugar, mi dios tendría que ser omnipotente-. Y el hombre dedicó una buena parte de su vida acumulando poder para su dios. Juntó los cuatro vientos, recogió fragmentos de rayos esparcidos por la tierra, reunió gritos y alaridos de toda clase y los guardó en un frasco de cristal.

Después supo que su dios, para que fuese tal, debía ser inmortal. Quedó perplejo ¿Cómo lograr la inmortalidad para su dios? Después de muchos años, después de mucho embarcarse y trajinar, logró dar con la solución: -Las piedras no mueren- le gritó el eco de las montañas (aunque no advirtió que el grito provenía más bien de su alma). -Es verdad -se repitió internamente-, las piedras no pueden morir.

Reunió entonces una gran cantidad de piedras, rocas, mármoles, granitos, y lo puso junto a los fragmentos de rayos, junto al frasco de gritos y junto a los cuatro vientos.

- Ahora necesito un nombre para mi dios- se dijo satisfecho.

El pobre hombre, ya viejo y encorvado por tanto esfuerzo, no podía creer que buscar un nombre para su dios fuese la cosa más difícil de todas. Se dio cuenta, desconsolado, que de nada había servido concentrar toda la fuerza y todos los gritos y toda la eternidad. Su dios no tendría nombre. Y por lo tanto nadie lo podría invocar o temer o contar sus hazañas. Su dios no era más que un impotente intento.

Entonces gritó a las creaturas, de entre las que había sacado los materiales para su dios:

-¡Poned vosotras un nombre a mi dios!.

Y la creación respondió al unísono:

-Es un monstruo. Eso no es Dios.

-¿Un monstruo?, Pero ¿es que no ven la fuerza que tiene? ¿No ven que es inmortal? ¿No escuchan sus gritos de poder?

La creación volvió a responder:

- Esa fuerza no es más que el viento de tu vanidad. Y las piedras no tienen vida y por eso no pueden morir. Las piedras no son más que la dureza de tu corazón.

Finalmente, en un último suspiro el viejo preguntó: -¿Es que no puedo hacer mi dios?.

Y la creación, mostrando en un instante infinito todo su esplendor y toda su belleza, y toda su vida, dijo al unísono:

- ¡Dios nos ha hecho!

Cohabitación: una buena receta para la ruina matrimonial

Se ha desmostrado que pone en riesgo a la pareja y a los hijos
Cohabitación: una buena receta para la ruina matrimonial
Cohabitación: una buena receta para la ruina matrimonial
En muchos países vivir juntos fuera del matrimonio se está convirtiendo en una opción cada vez más popular. Pero puede implicar altos costes sociales y emocionales, dice un nuevo estudio, «Cohabitation and Marriage: How Are They Related?» (Cohabitación y Matrimonio: ¿Cómo se relacionan?). Este estudio ha sido publicado por el Instituto Vanier de la Familia de Ottawa el 17 de septiembre.

La autora, Anee-Marie Ambert, reúne los resultados de cientos de documentos de investigación que han examinado los efectos sociales, emocionales y financieros de la cohabitación y el matrimonio sobre hombres, mujeres, niños y sociedad.

La cohabitación, observa el estudio, suele considerarse que exige menos responsabilidades a nivel legal y financiero, y menos fidelidad que el matrimonio. En los últimos años, sin embargo, las parejas de hecho han buscado y obtenido derechos similares a los de las parejas casadas, en áreas como propiedad, asistencia sanitaria, planes de pensiones, y ayuda a los hijos.

Ambert observa que, en Canadá, el índice de matrimonios descendió bruscamente en los noventa, especialmente en la provincia de Québec. Estados Unidos también ha experimentado un descenso, aunque no tan acusado como Canadá.

En ambos países, el número de parejas en cohabitación ha aumentado notablemente. En el 2000, cohabitaban más de 4,1 millones de parejas heterosexuales en Estados Unidos y 1,3 millones en Canadá. En el 2001, cohabitaban el 16% de las parejas canadienses y el 8,2% de las parejas norteamericanas. En Québec el nivel ha alcanzado el 30%, la misma proporción que en Suecia. Excluyendo Québec, el 11,7% de las parejas canadienses cohabitan.

Índices de divorcio

El estudio cita datos que muestran que la cohabitación, de hecho, lleva a índices de divorcio más altos. Ambert cita la Encuesta Social General Canadiense, que encontró, en el grupo de edad de entre 20 y 30 años, que el 63% de las mujeres cuya primera relación había sido de cohabitación se había separado en 1995, en comparación con el 33% de las mujeres que se casaron en su primera relación.

Intentando encontrar las causas que subyacen a este fenómeno, Ambert observa que algunos individuos escogen la cohabitación porque no requiere fidelidad sexual. Las evidencias indican que la experiencia de una cohabitación de menos compromiso conforma el comportamiento marital posterior, observa.

«Algunas parejas siguen viviendo su matrimonio a través de la perspectiva de inseguridad, falta de unión de recursos, bajo nivel de compromiso, e incluso la falta de fidelidad propia del periodo de cohabitación previo», comenta el estudio. Además, algunos estudios indican que las parejas casadas que vivieron antes juntas son menos fieles en sus vidas sexuales. Y es de todos conocido que la falta de fidelidad lleva a índices más altos de rupturas matrimoniales.

Otros estudios muestran que las parejas que han cohabitado tienen un comportamiento menos positivo a la hora de resolver problemas y, por lo general, se apoyan menos el uno al otro que quienes no han cohabitado. Además, los investigadores han encontrado que las parejas que habían cohabitado antes del matrimonio tienen índices más altos de violencia premarital que quienes no habían vivido juntos. Esta violencia premarital que conduce a niveles más altos de violencia doméstica, otro factor relacionado con el divorcio.

Ambert también observa que quienes cohabitan, por lo general, aprueban más el divorcio como una solución a los problemas matrimoniales. Además, las parejas que cohabitan son menos religiosas que quienes se casan sin una cohabitación previa. En este punto hay varios estudios que indican una correlación entre religiosidad y felicidad matrimonial así como estabilidad.

También opina que la propensión a cohabitar pronto tras comenzar una relación romántica conduce a un patrón de inestabilidad. La gente que va a través de una serie de relaciones de hecho es más propensa a matrimonios rápidos, a los que resulta más difícil ser fiel.

Inestabilidad

Otro factor de riesgo de la cohabitación es su naturaleza inestable. Más de la mitad de todas estas uniones se disuelven en los primeros cinco años, según un estudio citado por Ambert. En Québec, el nivel de disolución de las relaciones de hecho es más bajo que en otras provincias, pero aún así tienen un índice de rupturas significativamente más alto que los matrimonios, observaba.

Y la tendencia parece ir hacia una mayor inestabilidad. En los años 70, cerca del 60% de las parejas que vivían juntas se casaban con su pareja antes de tres años. A principios de los 90 esta cifra cayó hasta un 35%.

En años más recientes, una gran proporción de jóvenes comenzaron a vivir juntos justo después de comenzar a salir, con poca intención de permanecer juntos de modo permanente, e incluso menos de acabar casándose. La ruptura se vuelve entonces mucho más difícil que si las parejas hubieran seguido saliendo el uno con el otro.

Pero no son sólo las parejas implicadas las que hacen frente a problemas. En el 2001, el 8,2% de los niños canadienses de menos de 14 años vivían en hogares de parejas de hecho, excluyendo a Québec donde la cifra alcanzaba el 29%. En Estados Unidos se estima que un 40% de todos los niños vivirán con su madre soltera (nunca casada o divorciada) y su novio en algún momento antes de cumplir los 16 años.

Ambert comentaba que a pesar de la creciente aceptación social de la cohabitación, hay poca información directa sobre sus efectos en los niños. Algunas de estas desventajas emergen, sin embargo, de la investigación que compara a los que cohabitan con quienes salen o se casan.

Una puerta giratoria

Para los hijos, la cohabitación significa un mayor riesgo de vivir en una estructura familiar inestable, especialmente cuando su madre cohabita con un hombre que no es su padre. Algunas familias incluso hacen frente a una situación de «puerta giratoria», con una serie de parejas a lo largo de los años. Ambert observa que un estudio descubrió que los niños que viven con su madre que cohabita con su novio tienen resultados escolares inferiores y más problemas de comportamiento.

En cuanto a la situación económica familiar, Ambert observa que cuando una madre soltera comienza a cohabitar, la pobreza puede reducirse en un 30%. Aunque esto beneficia económicamente a los hijos a corto plazo, la otra cara es que esta pareja en una relación de hecho normalmente gana menos que un hombre casado. Además, cualquier ventaja económica de la cohabitación suele ser a corto plazo dada la fragilidad de estas uniones.

Otros problemas que se derivan de la inestabilidad de la cohabitación afectan a la capacidad de la madre para dar una atención adecuada a sus hijos, y contribuye a un descuido general. La pareja de la madre no suele compensar estas deficiencias porque suele estar poco apegado a los niños.

Los abusos físicos son también más frecuentes y los niños en las relaciones de cohabitación corren más riesgos de ser maltratados o asesinados por el novio de su madre que en las familias biológicas. Las chicas, por su parte, corren más riesgo de abusos sexuales.

«Compromiso y estabilidad están en la base de las necesidades de los hijos; no obstante, en una gran proporción de las cohabitaciones, estos dos requisitos están ausentes», observa Ambert.

Mucha gente, observa Ambert hacia el final de su estudio, sostiene que el matrimonio simplemente es una cuestión de elección de forma de vida y que es equivalente a la cohabitación. «En estos momentos la literatura de investigación no apoya este punto de vista», escribe. Por el contrario, los estudios demuestran que el matrimonio tiene muchos beneficios tanto para los esposos como para los hijos. Una conclusión que los legisladores deberían tomar en consideración.

Consulta también En torno al amor y la felicidad en el matrimonio de Tomás Melendo Granados

Benedicto XVI: el amor «es la fuerza que renueva el mundo»

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que pronunció Benedicto XVI a mediodía de este domingo, antes de rezar la oración mariana del Ángelus junto a decenas de miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, en el Vaticano.

* * *



¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy la liturgia presenta a nuestra meditación el conocido episodio evangélico del encuentro de Jesús con Zaqueo en la ciudad de Jericó. ¿Quién era Zaqueo? Un hombre rico que, como oficio, ejercía de «publicano», esto es, recaudador de impuestos por cuenta de la autoridad romana, y precisamente por esto estaba considerado como un pecador público. Al saber que Jesús pasaba por Jericó, aquel hombre se vio invadido por un gran deseo de verle, y como era bajo de estatura, subió a un árbol. Jesús se detuvo precisamente bajo aquel árbol y se dirigió a él llamándole por su nombre: «Zaqueo, baja pronto; porque hoy debo quedarme en tu casa» (Lc 19,5). ¡Qué mensaje en esta sencilla frase! «Zaqueo»: Jesús llama por su nombre a un hombre despreciado de todos. «Hoy»: sí, precisamente éste es para él el momento de la salvación. «Debo quedarme»: ¿por qué «debo»? Porque el Padre, rico de misericordia, quiere que Jesús vaya a «buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10). La gracia de aquel encuentro imprevisible fue tal que cambió completamente la vida de Zaqueo: «He aquí –confesó a Jesús-- que doy la mitad de mis bienes a los pobres y, si he defraudado a alguien, le restituyo cuatro veces más» (Lc 19,8). De nuevo el Evangelio nos dice que el amor, partiendo del corazón de Dios y actuando a través del corazón del hombre, es la fuerza que renueva el mundo.

Esta verdad brilla de manera singular en el testimonio del santo del que hoy se hace memoria: Carlos Borromeo, arzobispo de Milán. Su figura destaca en el siglo XVI como modelo de pastor ejemplar por caridad, doctrina, celo apostólico y sobre todo por la oración: «las almas --decía-- se conquistan de rodillas». Consagrado obispo con sólo 25 años, puso en práctica el dictado del Concilio de Trento, que imponía a los pastores que residieran en las respectivas diócesis, y se dedicó por completo a la Iglesia ambrosiana: la visitó a lo largo y ancho tres veces; convocó seis sínodos provinciales y once diocesanos; fundó seminarios para formar una nueva generación de sacerdotes; construyó hospitales y destinó las riquezas de familia al servicio de los pobres; defendió los derechos de la Iglesia contra los poderosos; renovó la vida religiosa e instituyó una nueva Congregación de sacerdotes seculares, los Oblatos. En 1576, cuando se desató la peste en Milán, visitó, confortó y empleó en los enfermos todos sus bienes. Su lema consistía en una sola palabra: «Humilitas». La humildad le impulsó, como el Señor Jesús, a renunciar a sí mismo para hacerse siervo de todos.

Recordando a mi venerado predecesor Juan Pablo II, quien llevaba con devoción su nombre, confiamos a la intercesión de San Carlos a todos los obispos del mundo, para los cuales invocamos como siempre la celeste protección de María Santísima, Madre de la Iglesia.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final del Ángelus el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos y visitantes de lengua española que participan en esta oración mariana, de modo particular al grupo de fieles venidos de México. El Evangelio de hoy nos presenta a Zaqueo que quiere ver a Jesús y lo hospeda en su casa. Este encuentro con el Señor transforma y purifica su vida pasada. Igual quiere hacer Él con nosotros cuando le abrimos totalmente nuestro corazón. ¡Feliz domingo!

Cuando le abrimos el corazón, Jesús transforma nuestra vida, constata el Papa

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Con la apertura total de nuestro corazón, Jesús puede transformar y purificar nuestra vida, anima Benedicto XVI.

Cincuenta mil fieles y peregrinos acudieron a rezar el Ángelus al Vaticano, en la Plaza de San Pedro, con el Papa, quien profundizó en la enseñanza del Evangelio de este domingo, sobre el encuentro de Jesús con Zaqueo.

Y recordó que éste, aún rico, estaba considerado públicamente como pecador y era despreciado por todos. Pero Zaqueo tuvo gran deseo de ver a Jesús en Jericó.

El Señor «se dirigió a él llamándole por su nombre: “Zaqueo, baja pronto; porque hoy debo quedarme en tu casa”. ¡Qué mensaje en esta sencilla frase!», reconoció Benedicto XVI.

«Jesús llama por su nombre a un hombre despreciado de todos», y «hoy», precisamente éste, «es para él el momento de la salvación» --desgranó--; y es que «el Padre, rico de misericordia, quiere que Jesús vaya a “buscar y salvar lo que estaba perdido”».

«La gracia de aquel encuentro imprevisible fue tal que cambió completamente la vida de Zaqueo», subrayó el Papa.

Nos hallamos ante una página del Evangelio que nuevamente «nos dice que el amor, partiendo del corazón de Dios y actuando a través del corazón del hombre, es la fuerza que renueva el mundo», constató.

Al saludar a los peregrinos presentes en lengua española, Benedicto XVI insistió en que el encuentro de Zaqueo «con el Señor transforma y purifica su vida pasada».

«Igual quiere hacer Él con nosotros cuando le abrimos totalmente nuestro corazón», concluyó.

Los peligros del laicismo, según el cardenal Bertone

ROMA, sábado, 3 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI, en un congreso organizado por la Universidad Europea de Roma sobre «Cristianismo y secularización: desafíos para la Iglesia y para Europa» el 29 de mayo de 2007.

* * *

Venerados y queridos hermanos en el episcopado;
señores embajadores;
ilustres señoras y señores:

Me alegra mucho introducir los trabajos de este congreso internacional sobre secularización y cristianismo en Europa, organizado por la Universidad Europea de Roma y por el Consejo nacional de investigaciones.

El tema es de gran actualidad. Como en los ríos confluyen y se mezclan aguas provenientes de diversos afluentes, para luego volver a correr y difundirse por terrenos muy diversos, lo mismo sucede con la problemática que abordamos hoy. La relación entre secularización y cristianismo es un punto central, una clave de lectura emblemática de nuestra época, pero también de las que la han precedido. Las modalidades con que esta relación se ha manifestado a lo largo de la historia y en los distintos países europeos son diversas, pero todas han influido y siguen caracterizando ámbitos muy distintos: sociales, culturales y políticos.

Desde el punto de vista fenomenológico, por secularización se entiende un proceso que caracteriza sobre todo a las sociedades occidentales y está marcado por el abandono de los esquemas religiosos y de los comportamientos de carácter sagrado. Históricamente, este proceso se relaciona con el de emancipación de la esfera política con respecto a la religiosa, y se ha considerado a sí mismo como restablecimiento de la razón y de lo que es razonable. Parecía que, separando los valores del cristianismo, privatizando la fe y considerando la moral autónoma de la religión, se pondrían las bases para construir una humanidad auténticamente libre y digna.

Pero la historia misma se ha encargado de desmentir estos "mesianismos sin mesías". Y a un precio muy elevado. La visión secularista, inmanente y cerrada a los valores trascendentes, ya no ha podido esconder su inhumanidad, precisamente porque la apertura a Dios constituye una dimensión fundamental del hombre. En efecto, con el tiempo la verdad ha sido sustituida por la ideología, o por el escepticismo y el nihilismo. Pero todo ello, a diferencia de la verdad, no nutre, sino que intoxica; no ilumina el intelecto, sino que lo despista; no alimenta la vida interior, sino que la mortifica y hasta la sofoca; no refuerza los valores, sino que los hace más inciertos, e incluso los vacía.

El Papa Benedicto XVI, refiriéndose a este cuadro, con ocasión del 50° aniversario de los Tratados de Roma, habló de "apostasía" de Europa de sí misma, antes que de Dios, y de la paradoja por la que Europa desea convertirse en una comunidad de valores, pero cada vez más a menudo rechaza que existan valores universales (cf. Discurso con ocasión del 50° aniversario de la firma de los Tratados de Roma, 24 de marzo de 2007: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 30 de marzo de 2007, p. 3).

Durante su reciente viaje a Brasil, en el discurso dirigido al Episcopado latinoamericano, Benedicto XVI recordó que "donde Dios está ausente —el Dios del rostro humano de Jesucristo— estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos. No quiero decir -subraya el Papa- que los no creyentes no puedan vivir una moralidad elevada y ejemplar; digo solamente que una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores, aun contra los propios intereses" (Discurso, 13 de mayo de 2007: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de mayo de 2007, p. 10).

Ante esas dificultades y ese desconcierto, se abre camino la certeza de que es necesario romper el vínculo que, durante demasiado tiempo, ha unido la secularización a la aversión o, por lo menos, al desencanto con respecto a la religión. En otras palabras, existe la convicción de que hay que acabar con el postulado que hace coincidir de modo indiscutible el progreso con la ideología secularista, y la religión se acredita como reserva de sentido para la sociedad misma.

Por lo demás, en la historia mundial y en la historia reciente de Europa, el cristianismo ha demostrado que es un factor esencial de liberación, con múltiples repercusiones, incluso sociales. Esto no quiere decir que haya desempeñado directamente un papel político, que no le corresponde, sino simplemente que ha sido coherente con su misión religiosa, educando a los fieles en una libertad más fuerte que la opresión y en un amor más radical que el odio y la intolerancia y, por tanto, en un testimonio coherente de los valores constitutivos de cada persona y de cada pueblo.

Benedicto XVI lo reafirmó también en su primera encíclica: "La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien" (Deus caritas est, 28).

En pocas palabras, se puede decir que la democracia, para mantener vivos los valores seculares sobre los que se funda, comienza a sentir hoy más necesidad de la religión, de la que a menudo han surgido dichos valores, aunque después se aleje de ella.

Así, se ponen las premisas para una confrontación fecunda entre cristianismo y secularización. Y este es el deseo que formulo para el congreso que tengo el placer de introducir esta tarde. Creo que es particularmente apreciable la voluntad de los oradores de no dejarse encerrar en ningún esquema preconcebido, sino de mirar serenamente adelante, para el bien de la Iglesia y de la sociedad misma. Obviamente, esto no niega, sino que más bien presupone un reconocimiento objetivo y profundo de la situación, sin esquemas pesimistas, pero también sin lugares comunes —porque en ciertas situaciones parece que el único prejuicio aceptable es el anticristiano— y lejano de lo políticamente correcto, que para hacerse escuchar en público induce a veces a hacer profesión preliminar de laicidad, como si fuera un distintivo, obviamente en su concepción laicista.

En la medida de lo posible, dicho reconocimiento debe tener en cuenta los diversos matices del prisma de la secularización: ante todo, en la historia, en la cultura y en las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política. Es lo que se tratará de hacer esta tarde, y me alegra que se dediquen a ello relatores de extraordinario perfil eclesial, institucional y cultural.

Concluyo destacando que, como cristianos, tenemos la tarea de ser extranjeros y a la vez de estar presentes en nuestro tiempo. Jesús nos enseñó que la Iglesia está en el mundo, pero no es del mundo, es decir, es ajena pero está presente en nuestro tiempo y en todos los tiempos: ajena a los engaños, al escepticismo y al nihilismo en el que a menudo se debate el mundo secularizado, pero presente en todas las dificultades que derivan de dichos engaños.

En efecto, existe el riesgo de que, rechazando a Dios, la verdad desaparezca y se reemplace con la ideología. Pero el cristianismo no permanece indiferente ante este desafío, porque no es ideología: es anuncio de una verdad trascendente y no posesión de una certeza inmanente; valora las semillas de verdad y de bien, y no impone nada con la violencia y la fuerza, porque el yugo de Cristo es suave y, por tanto, el cristiano, como su Maestro, debe ser manso y humilde de corazón. Dotado de estas virtudes, el cristiano no se concibe como el resto de una Europa que desaparece, sino como la vanguardia de una nueva Europa que, como subrayó recientemente el Papa Benedicto XVI, puede ser realista pero no cínica, rica en ideales, sin ingenuas y falsas ilusiones, inspirada en la perenne y vivificante verdad del Evangelio (cf. Discurso con ocasión del 50° aniversario de la firma de los Tratados de Roma, 24 de marzo de 2007).

Cardenal mexicano agradece a Dios por sus 50 años de sacerdocio

.- El Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Juan Salvador Iñiguez celebró el pasado 27 de octubre sus 50 años de ordenación sacerdotal y renovó “ante Dios y ante su Iglesia, mis promesas sacerdotales y gratitud al Señor, que me llamó sin mérito mío, se vuelve en mis labios alabanza que nunca ha de cesar”.

En una Eucaristía celebrada en el estadio Tres de Marzo en Guadalajara ante más de 18 mil personas, el Cardenal Sandoval señaló que estos 50 años de sacerdote es “una etapa significativa que se celebra en cualquier ámbito pues también los matrimonios celebran los 50 años; en las profesiones, es nomás una etapa significativa de la vida, pero lo demás sigue igual”.

En la homilía el Arzobispo de Monterrey y recientemente nombrado Cardenal Francisco Robles Ortega, destacó la trayectoria de servicio del Cardenal Sandoval además y su labor de 30 años en la formación de nuevos sacerdotes.

Al recordar que el homenajeado fue su maestro en el seminario menor de Guadalajara, el Purpurado indicó que era de “recia personalidad, de palabra solicitada y contundente como maestro de filosofía, disciplinado y exigente de la disciplina, formador coherente; quien pasó por sus afanes, supo de puntualidad, de aseo y de presentación personal, de rendimiento en los estudios, de entrega en el deporte, de corrección en el hacer y el decir”.

Por su parte Gobernador del Estado de Jalisco, Emilio González Márquez, indicó no quería dejar pasar la oportunidad de sumarse “con mucha alegría a esta manifestación de entusiasmo por parte de toda la gente de Yahualica” y felicitar a “una persona de talla mundial como lo es el señor Juan Sandoval Iñiguez”.

“No tengo ninguna duda que dentro de 50 años, cuando el Señor llame a cuentas a don Juan, estará sin duda una efervescencia para reconocer su obra”, acotó González.

A la celebración asistieron autoridades eclesiásticas como el Arzobispo de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera; el Arzobispo de Monterrey, Cardenal Francisco Robles Ortega; el Arzobispo de Guatemala, Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, entre otros; civiles como el Gobernador del Estado de Jalisco, Emilio González Márquez; el Secretario General de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez; y el Cónsul de Estados Unidos en Guadalajara, Edward Ramotowski.

Ultrasonido de bebé de 10 semanas en Senado de EEUU busca frenar política abortista

.- Un representante de la Comisión de Relaciones Exteriores de EEUU mostró en el pleno del Senado un video del ultrasonido de un bebé de 10 semanas, en el que se le aprecia dando pataditas en el vientre materno, para recordar que "reconocer y proteger la vida es el núcleo del debate sobre la política de Ciudad de México", que prohíbe financiar con dinero de los contribuyentes de Estados Unidos el aborto como método de "planificación familiar".

Mientras se dirigía a los demás representantes, el republicano por New Jersey, Chris Smith, pedía a todos que mirasen "al niño no nacido de 10 semanas que aparece en el video, moviéndose, volteándose, estirándose. Ahora sabemos que en el segundo trimestre los bebés tienen la capacidad de sentir dolor".

Smith también recordó que "la vida humana comienza en el momento de la concepción. Cada segundo después de ella es una etapa del desarrollo. Al día 22 el corazón empieza a latir y se detectan ondas cerebrales al día 44. En la quinta semana las pequeñas manos y pies comienzan a desarrollarse y en la sétima semana el bebé ya está pateando y nadando en el vientre materno".

"El aborto es violencia contra los niños. Es un abuso infantil extremo. Las generaciones futuras se preguntarán por qué no lo entendimos: los bebés no nacidos incluso cuando son ‘no deseados’ tienen dignidad, y son infinitamente valiosos. Y por eso mismo son muy vulnerables, por lo que el gobierno debe proteger sus derechos humanos", prosiguió.

"Hoy -denunció Smith- muchos países en todo el mundo están bajo el ataque de una campaña bien coordinada y financiada para revertir las políticas de naciones soberanas que protegen a las mujeres y niños de la violencia del aborto. Estas presiones que ponen a las madres y sus hijos en riesgo -y ahora quieren que nosotros como contribuyentes también lo hagamos- buscan facilitar, permitir y legitimar sus actividades mortales".

"El desafío que se nos presenta es cuidar y asistir tangiblemente a la madre y al no nacido", precisó.

Finalmente, Smith destacó que "nadie es desechable. La vida de nadie es barata. La vía humana que tenemos por delante tiene que ver con proponer e implementar políticas que respeten, protejan, asistan y defiendan tanto a las madres como a sus hijos de todo tipo de amenazas, especialmente el aborto".