viernes, 18 de julio de 2008

Discurso del Papa en el encuentro con representantes de otras confesiones cristianas

SYDNEY, viernes, 18 julio 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció en la mañana de este viernes Benedicto XVI durante el encuentro que mantuvo con representantes de otras confesiones cristianas en la cripta de la catedral de Santa María de Sydney.


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Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Doy gracias a Dios fervientemente por la oportunidad de encontraros y de orar junto con vosotros, que habéis llegado aquí en representación de varias comunidades cristianas en Australia. Agradecido por las cordiales palabras de bienvenida del Obispo Forsyth y del Cardenal Pell, con sentimientos de alegría os saludo en el nombre del Señor Jesús «la piedra angular» de la «casa de Dios» (cf. Ef 2,19-20). Deseo enviar un saludo particular al Cardenal Edward Cassidy, Presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la unidad de los Cristianos, que no ha podido estar hoy con nosotros a causa de su delicada salud. Recuerdo con gratitud su decidido compromiso de promover la comprensión recíproca entre todos los cristianos y quisiera invitaros a todos a uniros conmigo en la oración por su pronto restablecimiento.

Australia es un País marcado por gran diversidad étnica y religiosa. Los inmigrantes llegan a las costas de esta majestuosa tierra con la esperanza de encontrar en ella felicidad y buenas oportunidades de trabajo. La vuestra es también una Nación que reconoce la importancia de la libertad religiosa. Éste es un derecho fundamental que, si se respeta, permite a los ciudadanos de actuar en base a valores arraigados en sus convicciones más profundas, contribuyendo así al bienestar de toda la sociedad. De este modo, los cristianos contribuyen, junto con los miembros de las otras religiones, a la promoción de la dignidad humana y la amistad entre las naciones.

A los australianos les gusta la discusión franca y cordial. Eso ha proporcionado un buen servicio al movimiento ecuménico. Un ejemplo puede ser el Acuerdo firmado en 2004 por los miembros del Consejo Nacional de las Iglesias en Australia. Este documento reconoce un compromiso común, indica objetivos, declara puntos de convergencia, sin pasar apresuradamente por encima de las diferencias. Un planteamiento como éste no sólo demuestra que es posible encontrar resoluciones concretas para una colaboración fructuosa en el presente, sino también que necesitamos proseguir pacientes discusiones sobre los puntos teológicos de divergencia. Es de desear que las deliberaciones, que haréis en el Consejo de las Iglesias y en otros foros locales, se vean alentadas por los resultados que ya habéis alcanzado.

Este año celebramos el segundo milenario del nacimiento de San Pablo, trabajador incansable en favor de la unidad en la Iglesia primitiva. En el pasaje de la Escritura que acabamos de escuchar, Pablo nos recuerda la inmensa gracia que hemos recibido al convertirnos en miembros del cuerpo de Cristo mediante el Bautismo. Este Sacramento, que es la puerta de entrada en la Iglesia y el «vínculo de unidad» para cuantos han renacido gracias a él (cf. Unitatis redintegratio, 22), es consiguientemente el punto de partida de todo el movimiento ecuménico. Pero no es el destino final. El camino del ecumenismo tiende, en definitiva, a una celebración común de la Eucaristía (cf. Ut unum sint, 23-24;45), que Cristo ha confiado a sus Apóstoles como el Sacramento por excelencia de la unidad de la Iglesia. Aunque hay todavía obstáculos que superar, podemos estar seguros de que un día una Eucaristía común subrayará nuestra decisión de amarnos y servirnos unos a otros a imitación de nuestro Señor. En efecto, el mandamiento de Jesús de «hacer esto en conmemoración mía» (Lc 22,19), está intrínsecamente ordenado a su indicación de «lavaros los pies unos a otros» (Jn 13,14). Por esta razón un sincero diálogo sobre el lugar que tiene la Eucaristía -estimulado por un renovado y atento estudio de la Escritura, de los escritos patrísticos y de los documentos de los dos milenios de la historia cristiana (cf. Ut unum sint, 69-70)- favorecerá indudablemente llevar adelante el movimiento ecuménico y unificar nuestro testimonio ante del mundo.

Queridos amigos en Cristo, creo que estaréis de acuerdo en considerar que el movimiento ecuménico ha llegado a un punto crítico. Para avanzar hemos de pedir continuamente a Dios que renueve nuestras mentes con la gracia del Espíritu Santo (cf. Rm 12,2), que nos habla por medio de las Escrituras y nos conduce a la verdad completa (cf. 2 P 1,20-21; Jn 16,13). Hemos de estar en guardia contra toda tentación de considerar la doctrina como fuente de división y, por tanto, como impedimento de lo que parece ser la tarea más urgente e inmediata para mejorar el mundo en el que vivimos. En realidad, la historia de la Iglesia demuestra que la praxis no sólo es inseparable de la didaché, de la enseñanza, sino que deriva de ella. Cuanto más asiduamente nos dedicamos a lograr una comprensión común de los misterios divinos, tanto más elocuentemente nuestras obras de caridad hablarán de la inmensa bondad de Dios y de su amor por todos. San Agustín expresó la interconexión entre el don del conocimiento y la virtud de la caridad cuando escribió que la mente retorna a Dios a través del amor (cf. De moribus Ecclesiae catholicae, XII,21), y que dondequiera que se ve la caridad, se ve la Trinidad (cf. De Trinitate, 8,8,12).

Por esta razón, el diálogo ecuménico no solamente avanza mediante un cambio de ideas, sino compartiendo dones que nos enriquecen mutuamente (cf. Ut unum sint, 28;57). Una «idea» está orientada al logro de la verdad; un «don» expresa el amor. Ambos son esenciales para el diálogo. Abrirnos nosotros mismos a aceptar dones espirituales de otros cristianos estimula nuestra capacidad de percibir la luz de la verdad que viene del Espíritu Santo. San Pablo enseña que en la koinonia de la Iglesia es donde nosotros tenemos acceso a la verdad del Evangelio y los medios para defenderla, porque la Iglesia está edificada «sobre el fundamento de los Apóstoles y los Profetas», teniendo a Jesús mismo como piedra angular (Ef 2,20).

En esta perspectiva podemos tomar en consideración quizás las imágenes bíblicas complementarias de «cuerpo» y de «templo», usadas para describir la Iglesia. Al emplear la imagen del cuerpo (cf. 1 Co 12,12-31), Pablo llama la atención sobre la unidad orgánica y sobre la diversidad que permite a la Iglesia respirar y crecer. Pero igualmente significativa es la imagen de un templo sólido y bien estructurado, compuesto de piedras vivas, que se apoyan sobre un fundamento seguro. Jesús mismo aplica a sí, en perfecta unidad, estas imágenes de «cuerpo» y de «templo» (cf. Jn 2,21-22; Lc 23,45; Ap 21,22).

Cada elemento de la estructura de la Iglesia es importante; pero todos vacilarían y se derrumbarían sin la piedra angular que es Cristo. Como «conciudadanos» de esta «casa de Dios», los cristianos tienen que actuar juntos a fin de que el edificio permanezca firme, de modo que otras personas se sientan atraídas a entrar y a descubrir los abundantes tesoros de gracia que hay en su interior. Al promover los valores cristianos, no debemos olvidar de proclamar su fuente, dando testimonio común de Jesucristo, el Señor. Él es quien ha confiado la misión a los «apóstoles», es Él del que han hablado los «profetas», y es Él al que nosotros ofrecemos al mundo.

Queridos amigos, vuestra presencia hoy aquí me llena de la ardiente esperanza de que, continuando juntos en el arduo camino hacia la plena unidad, tendremos la fuerza de ofrecer un testimonio común de Cristo. Pablo habla de la importancia de los profetas en la Iglesia de los inicios; también nosotros hemos recibido una llamada profética mediante el Bautismo. Confío que el Espíritu abra nuestros ojos para ver los dones espirituales de los otros, abra nuestros corazones para recibir su fuerza y abra de par en par nuestras mentes para acoger la luz de la verdad de Cristo. Expreso mi viva gratitud a cada uno de vosotros por el compromiso de tiempo, enseñanza y talento que habéis prodigado al servicio de «un sólo cuerpo y un sólo espíritu» (Ef 4,4; cf. 1 Co 12,13) que el Señor ha querido para su pueblo y por el que ha dado su propia vida. Gloria y poder para Él por los siglos de los siglos. Amén.

[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

Discurso del Papa en el encuentro con representantes de otras religiones

SYDNEY, viernes, 18 julio 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI este viernes en la sala capitular de la catedral de Santa María en Sydney durante el encuentro que mantuvo con representantes de otras religiones.

Previamente habían tomado las palabra el cardenal George Pell, arzobispo de la ciudad; el rabino jefe de la Gran Sinagoga de Sydney, Jeremy Lawrence, y el jeque Mohamadu Saleem.



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Queridos amigos:

Dirijo un cordial saludo de paz y amistad a todos los que estáis aquí en representación de las diversas tradiciones religiosas presentes en Australia. Me alegra tener este encuentro y doy las gracias al Rabino Jeremy Lawrence y al jeque Mohamadu Saleem por las palabras de bienvenida que me han dirigido, en su nombre y en nombre de vuestras respectivas comunidades.

Australia es famosa por la amabilidad de sus habitantes con el prójimo y el turista. Es una nación que tiene en gran consideración la libertad religiosa. Vuestro País reconoce que el respeto de este derecho fundamental da a los hombres y mujeres la posibilidad de adorar a Dios según su conciencia, de educar el espíritu y de actuar según las convicciones éticas que se derivan de su credo.

La armoniosa correlación entre religión y vida pública es especialmente importante en una época en la que algunos han llegado a pensar que la religión es causa de división en vez de una fuerza de unidad. En un mundo amenazado por siniestras e indiscriminadas formas de violencia, la voz concorde de quienes tienen un espíritu religioso impulsa a las naciones y comunidades a solucionar los conflictos con instrumentos pacíficos en el pleno respeto de la dignidad humana. Una de las múltiples modalidades en que la religión se pone al servicio de la humanidad consiste en ofrecer una visión de la persona humana que subraya nuestra aspiración innata a vivir con magnanimidad, entablando vínculos de amistad con nuestro prójimo. Las relaciones humanas, en su íntima esencia, no se pueden definir en términos de poder, dominio e interés personal. Por el contrario, reflejan y perfeccionan la inclinación natural del hombre a vivir en comunión y armonía con los otros.

El sentido religioso arraigado en el corazón del ser humano abre a hombres y mujeres hacia Dios y los lleva a descubrir que la realización personal no consiste en la satisfacción egoísta de deseos efímeros. Nos guía más bien salir al encuentro de las necesidades de los otros y a buscar caminos concretos para contribuir al bien común. Las religiones desempeñan un papel particular a este respeto, en cuanto enseñan a la gente que el auténtico servicio exige sacrificio y autodisciplina, que se han de cultivar a su vez mediante la abnegación, la templanza y el uso moderado de los bienes naturales. Así, se orienta a hombres y mujeres a considerar el entorno como algo maravilloso, digno de ser admirado y respetado más que algo útil y simplemente para consumir. Un deber que se impone a quien tiene espíritu religioso es demostrar que es posible encontrar alegría en una vida simple y modesta, compartiendo con generosidad lo que se tiene de más con quien está necesitado.

Amigos, estos valores -estoy seguro que estaréis de acuerdo- son particularmente importantes para una adecuada formación de los jóvenes, que frecuentemente están tentados de considerar la vida misma como un producto de consumo. Sin embargo, también ellos tienen capacidad de autocontrol. De hecho, en el deporte, en las artes creativas o en los estudios, están dispuestos a aceptar de buena gana estos compromisos como un reto. ¿Acaso no es cierto que, cuando se les presentan altos ideales, muchos jóvenes se sienten atraídos por el ascetismo y la práctica de la virtud moral, tanto por respeto de sí mismos como por atención hacia los demás? Disfrutan con la contemplación del don de la creación, y se sienten fascinados por el misterio de lo trascendente. En esta perspectiva, tanto las escuelas confesionales como las estatales podrían hacer más para desarrollar la dimensión espiritual de todo joven. En Australia, como en otros lugares, la religión ha sido un factor que ha motivado la fundación de muchas instituciones educativas, y por buenas razones sigue teniendo hoy un puesto en los programas escolares. El tema de la educación aparece con frecuencia en las deliberaciones de la Organización Interfaith Cooperation for Peace and Harmony, y aliento vivamente a los que participan en esta iniciativa a continuar en su análisis de los valores que integran las dimensiones intelectuales, humanas y religiosas de una educación sólida.

Las religiones del mundo dirigen constantemente su atención a la maravilla de la existencia humana. ¿Quién puede dejar de asombrarse ante la fuerza de la mente que averigua los secretos de la naturaleza mediante los descubrimientos de la ciencia? ¿Quién no se impresiona ante la posibilidad de trazar una visión del futuro? ¿Quién no se sorprende ante la fuerza del espíritu humano, que establece objetivos e indaga los medios para lograrlos? Hombres y mujeres no solamente están dotados de la capacidad de imaginar cómo podrían ser mejores las cosas, sino también de emplear sus energías para hacerlas mejores. Somos conscientes de lo peculiar de nuestra relación con el reino de la naturaleza. Por tanto, si creemos que no estamos sometidos a las leyes del universo material del mismo modo que el resto de la creación, ¿no deberíamos hacer también de la bondad, la compasión, la libertad, la solidaridad y el respeto a cada persona un elemento esencial de nuestra visión de un futuro más humano?

La religión, además, al recordarnos la limitación y la debilidad del hombre, nos impulsa también a no poner nuestras esperanzas últimas en este mundo que pasa. El hombre «es igual que un soplo; sus días una sombra que pasa» (Sal 143, 4). Todos nosotros hemos experimentado la desilusión por no haber logrado cumplir aquel bien que nos propusimos realizar y la dificultad de tomar la decisión justa en situaciones complejas. La Iglesia comparte estas consideraciones con las otras religiones. Impulsada por la caridad, se acerca al diálogo en la convicción de que la verdadera fuente de la libertad se encuentra en la persona de Jesús de Nazaret. Los cristianos creen que es Él quien nos revela completamente las capacidades humanas para la virtud y el bien; Él es quien nos libera del pecado y de las tinieblas. La universalidad de la experiencia humana, que transciende las fronteras geográficas y los límites culturales, hace posible que los seguidores de las religiones se comprometan a dialogar para afrontar el misterio de las alegrías y los sufrimientos de la vida. Desde este punto de vista, la Iglesia busca con pasión toda oportunidad para escuchar las experiencias espirituales de las otras religiones. Podríamos afirmar que todas las religiones aspiran a penetrar el sentido profundo de la existencia humana, reconduciéndolo a un origen o principio externo a ella. Las religiones presentan un tentativo de comprensión del cosmos, entendido como procedente de dicho origen o principio y encaminado hacia él. Los cristianos creen que Dios ha revelado este origen y principio en Jesús, al que la Biblia define «Alfa y Omega» (cf. Ap 1, 8; 22, 1).

Queridos amigos, he venido a Australia como embajador de paz. Por eso me alegra encontrarme con vosotros que también compartís este anhelo y el deseo de ayudar al mundo a conseguir la paz. Nuestra búsqueda de la paz procede estrechamente unida a la búsqueda del sentido, pues descubriendo la verdad es como encontramos el camino hacia la paz (cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2006). Nuestro esfuerzo para llegar a la reconciliación entre los pueblos brota y se dirige hacia esa verdad que da una meta a la vida. La religión ofrece la paz, pero -lo que es más importante aún- suscita en el espíritu humano la sed de la verdad y el hambre de la virtud. Que podamos animar a todos, especialmente a los jóvenes, a contemplar con admiración la belleza de la vida, a buscar su último sentido y a comprometerse en realizar su sublime potencial.

Con estos sentimientos de respeto y aliento os confío a la providencia de Dios omnipotente, y os aseguro mi oración por vosotros y por vuestros seres queridos, por los miembros de vuestras comunidades y por todos los habitantes de Australia.

[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede

Los jóvenes afluyen a la Expo Vocacional

Los visitantes, sorprendidos por el número de órdenes religiosas

SYDNEY, viernes, 18 julio 2008 (ZENIT.org).- Con una impresionante vista del rompeolas y la promesa descubrir más de 110 modos de vida consagrada, la Expo Vocacional de Sydney está atrayendo un constante flujo de peregrinos.

La Jornada Mundial de la Juventud ya tiene fama de proporcionar un entorno en el que la gente joven puede oír la llamada de Dios en sus vidas. Testimonios de miles de jóvenes hablan de una profunda experiencia de fe con implicaciones en su vida práctica y un incremento de vocaciones.

Sydney está mostrando que no es diferente.

La Expo Vocacional de este año está situada en el corazón de la ciudad, en el Centro de Congresos, en el puerto Darling. El lugar está cerca de otras sedes de la fiesta juvenil como Barangaroo, donde se celebró la misa de apertura.

Más de 110 órdenes religiosas, comunidades y movimientos proporcionan información sobre su carisma y vida consagrada.

Regalos como cuentas de rosario, tatuajes australianos, bolígrafos y golosinas pretenden atraer a los peregrinos. Pero los visitantes afirman que el testimonio de quienes gestionan los stands es la verdadera atracción.

La neozelandesa Joanna Hardy, de 19 años, dijo que acudió a la expo porque buscaba saber más sobre la vida de las órdenes religiosas.

"No quiero convertirme en una monja o algo así --aclaró--. Pero quiero conocer las diferentes órdenes religiosas. La expo literalmente me impresionó. No tenía ni idea de que existieran tantas órdenes religiosas".

La hermana Lan, de las religiosas de Nazaret, con sede en Victoria, Australia, observó: "Es una oportunidad única para la gente joven de conocer las órdenes religiosas. Importante para nosotros, es una gran ocasión de encontrarse con la gente joven y hacerles saber que existimos".

"Ha habido un flujo constante de peregrinos --informa la religiosa--. Es maravilloso".

Otros jóvenes se sienten felices de reconocer que piensan que Dios les está llamando a la vida consagrada a El.

Christopher Daniels, de 18 años, de Atlanta, Georgia, explica: "Estuve discerniendo mi vocación por un tiempo, aunque no estoy seguro de a qué orden me uniré, esto definitivamente ayuda".

Preguntado qué stands le impresionaron más, dijo: "Las monjas, lo han conseguido realmente todas".

Mientras muchos miran a la Iglesia católica en "crisis vocacional", si la expo puede ser una señal, el futuro parece brillante.

La hermana Lan añade: "Yo no diría que hay una crisis vocacional. Cuando hay un declinar en un país, hay siempre un crecimiento en otro. Tengo mucha fe en el Espíritu Santo".

Por Carla Maschereno, traducido del inglés por Nieves San Martín

Los musulmanes dan la bienvenida al Papa en Sydney

La comunidad islámica alberga a 350 peregrinos

SYDNEY, viernes, 18 julio 2008 (ZENIT.org).- La Federación Australiana de Consejos Islámicos está rezando por la paz y la armonía entre toda la gente de buena voluntad durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Sydney.

Su presidente Ikebal Patel hizo una declaración esta semana en la que manifiesta "sinceras congratulaciones a la comunidad católica de Australia en representación de los musulmanes de Australia".

"Aprovecho esta oportunidad en representación de los musulmanes de Australia para extender también nuestros buenos deseos a los australianos de todos los credos en esta propicia ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y rezo por la paz, armonía y buena voluntad entre todos los australianos y personas de todo el mundo".

"Aprovecho también la ocasión como musulmanes australianos de dar la bienvenida a Su Santidad el Papa Benedicto así como a todos los demás peregrinos a Australia".

Patel también mencionó que está "especialmente orgulloso" de que la Iglesia católica aceptara la oferta de la Escuela Islámica Malek Fahd en Sydney de albergar a 350 peregrinos durante las celebraciones.

Algunos estudiantes musulmanes colaboran en el servicio a los peregrinos, y la escuela celebra un evento interreligioso durante la semana.

Benedicto XVI se mantuvo un encuentro este viernes con representantes de otros credos, incluyendo líderes musulmanes, judíos, budistas e hindúes.

Más de 340.000 musulmanes residen en Australia.

El padre Mark Podesta, portavoz de la JMJ, dijo que la implicación de las escuelas islámicas "es una oportunidad para mostrar al resto del mundo que personas de diferentes procedencias y diferentes creencias pueden convivir en paz, buena voluntad y armonía".

Benedicto XVI pone en Sydney los cimientos de una ecología humana

Que tiene en cuenta tanto el entorno natural como el social

SYDNEY, jueves, 17 julio 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI presentó este jueves durante la fiesta de bienvenida de las Jornadas de la Juventud los fundamentos de una ecología humana, que tiene en cuenta tanto el entorno natural como el social.

El largo discurso del pontífice, lleno de imágenes de los paisajes que pudo apreciar durante sus 20 horas de vuelo de Roma a Sydney, hunde sus cimientos en la innata dignidad de toda persona, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su responsabilidad ante la creación.

El pontífice comenzó denunciando las "heridas que marcan la superficie de la tierra: la erosión, la deforestación, el derroche de los recursos minerales y marinos para alimentar un consumismo insaciable".

"Algunos de vosotros provienen de islas-estado, cuya existencia misma está amenazada por el aumento del nivel de las aguas; otros de naciones que sufren los efectos de sequías desoladoras", dijo a las 500.000 personas que participaron en la fiesta, sobre todo en el embarcadero de Barangaroo, entre los cuales más de 200.000 jóvenes.

Ahora bien, aclaro, al hombre no sólo le rodea un entorno natural, sino que existe también el entorno "social", "el hábitat que nos creamos nosotros mismos". Éste, siguió constatando, también "tiene sus cicatrices; heridas que indican que algo no está en su sitio".

Entre los ejemplos citó "el abuso de alcohol y de drogas, la exaltación de la violencia y la degradación sexual, presentados a menudo en la televisión e internet como una diversión".

"Me pregunto cómo uno que estuviera cara a cara con personas que están sufriendo realmente violencia y explotación sexual podría explicar que estas tragedias, representadas de manera virtual, han de considerarse simplemente como 'diversión'", confesó el obispo de Roma.

La causa de la crisis

Esta crisis de la ecología natural y de la ecología social el Papa la atribuyó al hecho de que "la libertad y la tolerancia están frecuentemente separadas de la verdad".

"Esto está fomentado por la idea, hoy muy difundida, de que no hay una verdad absoluta que guíe nuestras vidas. El relativismo, dando en la práctica valor a todo, indiscriminadamente, ha hecho que la 'experiencia' sea lo más importante de todo".

En realidad, "las experiencias, separadas de cualquier consideración sobre lo que es bueno o verdadero, no llevan a una auténtica libertad, sino más bien a una confusión moral o intelectual, a un debilitamiento de los principios, a la pérdida de la autoestima, e incluso a la desesperación".

El papa invitó a los jóvenes a no dejarse "engañar por los que ven en vosotros simplemente consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección en sí misma se convierte en bien, la novedad se hace pasar como belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad".

"¿Sabemos reconocer que la dignidad innata de toda persona se apoya en su identidad más profunda -como imagen del Creador- y que, por tanto, los derechos humanos son universales, basados en la ley natural, y no algo que depende de negociaciones o concesiones, fruto de un simple compromiso?", preguntó el Papa.

Esto le llevó a reflexionar sobre "el lugar que ocupan en nuestra sociedad los pobres, los ancianos, los emigrantes, los que no tienen voz".

"¿Cómo es posible que la violencia doméstica atormente a tantas madres y niños? ¿Cómo es posible que el seno materno, el ámbito humano más admirable y sagrado, se haya convertido en lugar de indecible violencia?", siguió interrogándose.

Dignidad innata de toda vida humana

Según el pontífice, "la preocupación por la no violencia, el desarrollo sostenible, la justicia y la paz, el cuidado de nuestro entorno, son de vital importancia para la humanidad".

"Pero todo esto no se puede comprender prescindiendo de una profunda reflexión sobre la dignidad innata de toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, una dignidad otorgada por Dios mismo y, por tanto, inviolable", alertó.

"Nuestro mundo está cansado de la codicia, de la explotación y de la división, del tedio de falsos ídolos y respuestas parciales, y de la pesadumbre de falsas promesas".

"Nuestro corazón y nuestra mente --concluyó-- anhelan una visión de la vida donde reine el amor, donde se compartan los dones, donde se construya la unidad, donde la libertad tenga su propio significado en la verdad, y donde la identidad se encuentre en una comunión respetuosa".

El Papa a los jóvenes: Nadie está obligado a quedarse fuera de la Iglesia

Primer discurso a los muchachos en la fiesta de bienvenida de la JMJ

SYDNEY, jueves, 17 julio 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pidió que ningún joven se sienta fuera de la Iglesia en la fiesta de bienvenida de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que se celebró en la tarde de este jueves en el embarcadero de Barangaroo.

Benedicto XVI llegó a la Bahía de Sydney a bordo del barco de crucero "Sydney 2000", de la línea "Captain Cook", escoltado por 13 barcos. La seguridad quedó garantizada por helicópteros y policías en motos de agua y lanchas rápidas.

Tras 45 minutos de travesía, fue acogido por unos 500 mil peregrinos, jóvenes de todo el mundo y australianos de diferentes edades, que aclamaban en todos los idiomas.

Se había embarcado en Rose Bay, en el Este de Sydney, donde fue acogido por representantes aborígenes. Poco después, en su discurso, alabó el esfuerzo de Australia por reparar las históricas injusticias cometidas contra estas poblaciones. La sonrisa del Papa durante la navegación podía verse en grandes pantallas distribuidas por la ciudad.

Tras desembarcar, el Papa dirigió un discurso desde el embarcadero en el que constató ante los jóvenes que "la variedad de Naciones y culturas de las que provenís demuestra que verdaderamente la Buena Nueva de Cristo es para todos y cada uno; ella ha llegado a los confines de la tierra".

Sin embargo, añadió, "también sé que muchos de vosotros estáis aún en busca de una patria espiritual. Algunos, siempre bienvenidos entre nosotros, no sois católicos ni cristianos. Otros, tal vez, os movéis en los aledaños de la vida de la parroquia y de la Iglesia".

El Papa lanzó un llamamiento: "acercaos al abrazo amoroso de Cristo; reconoced a la Iglesia como vuestra casa. Nadie está obligado a quedarse fuera, puesto que desde el día de Pentecostés la Iglesia es una y universal".

El obispo de Roma dirigió un particular saludo a todos los que no han podido venir a Sydney, "especialmente los enfermos o los minusválidos psíquicos, los jóvenes en prisión, los que están marginados por nuestra sociedad y a los que por cualquier razón se sienten ajenos a la Iglesia".

A todos les dijo, "Jesús está cerca de ti. Siente su abrazo que cura, su compasión, su misericordia".

Uno de los jóvenes presentes, Michael Dooley, católico de 28 años, de Queensland (Australia) explicó que tras este encuentro con el Papa se siente llamado a una nueva misión.

"Estoy seguro de que cada uno de los que estábamos presentes al escuchar su discurso hemos quedado tocados, como si se tratara del mismo vicario de Cristo".

Finalizado el encuentro, el Papa se trasladó a la casa de la catedral en papamóvil, su residencia en estos días, pasando ante la estupenda Opera House, mientras banderas de todos los países eran agitadas por los chicos y chicas.

Un grupo de Colonia, la ciudad en la que se celebraron las Jornadas Mundiales de la Juventud de agosto de 2005, explicó que en esta ocasión el ambiente es "más personal", pues la multitud es menos numerosa y la ciudad más grande.

"Es reconfortante tener entre nosotros al Santo Padre", explicó Tani Watson, un estadounidense de 17 años. "Es como tener al gran padre que nos unifica con su presencia, nos muestra a los jóvenes que tenemos un valor que es muy grande".

Con informacioń de Anthony Barich y Catherine Smibert

jueves, 17 de julio de 2008

Jóvenes españoles descubren un nuevo rostro de la Iglesia en Sydney

En la predicación de sus cardenales y obispos


SYDNEY, jueves, 17 julio 2008 (ZENIT.org).- Muchos jóvenes españoles, habituados a las constantes críticas de los medios de comunicación a los obispos e incluso a la experiencia religiosa, están descubriendo un nuevo rostro de la Iglesia: una Iglesia que abre los brazos y tiende puentes.

Un momento único para los chicos y chicas para tomar contacto en primera persona con sus obispos son las catequesis que están teniendo lugar en tres de las mañanas de estos priemros días de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Este jueves se celebró la segunda catequesis en la que los obispos han hablado sobre el tema "El Espíritu Santo, alma de la Iglesia". Diez cardenales y obispos españoles han dirigido la palabra a los muchachos divididos en grupos.

El mensaje es decisivo, comenta la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española, pues "hoy muchos jóvenes son atraídos por Cristo y el mensaje del Evangelio, pero les cuesta reconocer que Él está presente en la Iglesia y que actúa a través de ella; de aquí la importancia, han señalado en las catequesis los obispos, de profundizar su relación con la Iglesia, Cuerpo de Cristo y misterio de comunión".

En la parroquia de St. Michael Daceyville, el arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia, cardenal Antonio María Rouco Varela, ha afirmado que "la vida de cada ser humano es un proyecto para la eternidad y no para la muerte".

Al referirse a la Iglesia ha dicho que "es de Cristo, no nuestra" y que "no ha nacido como nace un club social, sino que ha nacido de Dios".

Al igual que en la catequesis de este miércoles, el cardenal de Madrid ha hecho constantes referencias a la vida de los santos, en especial, dada la presencia de muchos jóvenes latinoamericanos, ha glosado la figura de san Juan Diego, quien recibió las apariciones de la Virgen de Guadalupe en México.

"Al final --ha señalado el cardenal--, se nos olvidarán los nombres de los jugadores de la selección española de fútbol que han ganado la Eurocopa 2008, pero la vida de los santos permanece".

En la sala principal de conciertos del Opera House de Sydney, el arzobispo de Toledo y primado de España, cardenal Cañizares Llovera, ha señalado que "el mundo de hoy necesita el testimonio de la Iglesia. Cristo no es un personaje del pasado; vive y está presente en nuestras vidas por la acción del Espíritu. No es posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia".

El cardenal de Toledo ha presentado a la Iglesia como el eje de la vida de los santos y ha afirmado que la Iglesia "ha de tender puentes a todos los hombres y ser un espacio de comunión hacia una nueva humanidad".
Por ultimo, el arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach, en la parroquia St. Francis Xavier Lavender Bay, ha explicado cómo la iglesia evangeliza "en el Espíritu".

"Toda la comunidad cristiana --apunta el cardenal Sistach-- tiene que inspirarse para su misión en la alegría que el Espíritu Santo infunde en los corazones de los creyentes".

Por ello, ha subrayado que "la Iglesia no puede descuidar su misión de dar a conocer a todas las gentes el gran bien que es el conocimiento del verdadero rostro de dios y la amistad con Jesucristo. Es el deber de la evangelización. La Iglesia debe, por tanto, evangelizar y también reevangelizar un mundo, muchas veces, descristianizado y secularizado".


Luego, en el mismo lugar de las catequesis, los obispos compartieron el almuerzo con los peregrinos. Posteriormente, se dirigieron hacia el muelle de Barangaroo para dar la bienvenida a Benedicto XVI.

Los tres cardenales españoles presentes en Sydney tuvieron la oportunidad de acompañar a Benedicto XVI en su travesía en barco por la Bahía de Sydney.

Confesión, confesión por todas partes

El cardenal Pell quiere que los jóvenes redescubran el sacramento


SYDNEY, jueves, 17 julio 2008 (ZENIT.org).- El arzobispo de Sydney afirma que la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) está ayudando a restaurar un elemento clave para la vida de la Iglesia: el sacramento de la reconciliación.

Con este fin, el cardenal George Pell aseguró que el sacramento está disponible en la ciudad anfitriona esta semana. Los sacerdotes, que recibieron con su acreditación un calendario de confesiones, están situados a lo largo de toda la ciudad en auténticos confesonarios improvisados.

Se les puede ver bajo los árboles del Domain, en torno a las aguas del Puerto Darling y en los huecos de cada iglesia de la ciudad.

La Universidad de Notre Dame ha instalado seis zonas de confesiones, que según informa Alton Pelowski de Michigan nunca están sin penitentes.

"Es impresionante ver la reverencia y determinación de cada joven peregrino en busca de significado", explica a Zenit.

Probablemente el sitio más visitado para recibir este sacramento es el Centro de Adoración y Reconciliación en el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Sydney, que registra nutridas filas de penitentes que desembocan allí tras asistir a sus catequesis matinales.

Otros lugares accesibles son la imponente Opera House, el Domain, y eventualmente los pabellones del Hipódromo de Randwick, que el sábado y el domingo será el lugar de la vigilia y la misa de clausura, presididas por Benedicto XVI.
El cardenal Pell explica a Zenit que está determinado a repetir la efusión del espíritu necesario para la plena reconciliación con Cristo de la que fue testigo en el año 2000, durante la Jornada Mundial de la Juventud de Roma.

El cardenal considera que cuando la gente joven tiene la oportunidad de recibir el sacramento de la reconciliación, normalmente acude.

"Hemos visto en la escuela de la catedral y en nuestros grupos de la Jornada Mundial de la Juventud que casi todos lo hacen, y los no católicos desean acudir también --añadió--. Aunque no pueden recibir la absolución, pueden venir para una charla y desnudar su alma".

El cardenal Pell dijo que está "convencido de que un elemento significativo tras la rabia y la hostilidad de mucha gente joven es el efecto de la culpabilidad desplazada, y todo lo que se dice sobre la primacía de la conciencia no les ayuda".

"La gente se siente culpable --añadió--, aunque no le llamen culpabilidad. Tratan de enterrarla dentro de sí, pero después emerge en toda suerte de direcciones inesperadas".

"En un tiempo en el que hay un creciente negocio de psicología, autoayudad, etc. --reconoce el cardenal--, es triste que se dé una caída en la práctica de la confesión, y la Jornada Mundial de la Juventud está ayudando a renovar esto: uno de los más importantes dones que la Iglesia ofrece".

Traducido del inglés por Nieves San Martín

viernes, 11 de julio de 2008

Católicos de Estados Unidos son los más generosos con el Vaticano

Brasil la primera de América Latina

.- El Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos de la Santa Sede anunció hoy los ingresos generados por el Óbolo de San Pedro a nivel mundial, evidenciando que los católicos de Estados Unidos son los más generosos del mundo, mientras que Brasil ocupa el primer lugar en América Latina.

El 2007, el Óbolo de San Pedro registró un ingreso de 79 millones 837 mil 843 dólares norteamericanos; la mayoría de los cuales fueron utilizados para las obras de caridad del Papa, especialmente en regiones de extrema necesidad o devastadas por calamidades de diversa naturaleza.

Las naciones más generosas fueron Estados Unidos, con 18 millones 725 mil 327; Italia, con 8 millones 632 mil 171; Alemania, con 4 millones 26 mil 308 y España con 2 millones 715 mil 524. en América Latina, Brasil (que figura séptimo en orden mundial), se convirtió en el país más generoso, con 1 millón 441 mil 987.

Además, la Santa Sede recibió la ayuda individual de un donante que quiso permencer en el anonimato, por 14 millones 309 mil 400 dólares.

Las contribuciones según los episcopados del mundo colocan en primer lugar a Alemania, con 9 millones 330 mil 708 de dólares; seguido por Estados Unidos con 8 millones 366 mil 817, Italia con 5 millones 584 mil 912. España figura en el número seis, después de Austria y Canadá, con 939 mil 111 dólares; seguida por Corea (donde los católicos son una minoría), con 681 mil 542 dólares.

miércoles, 9 de julio de 2008

Fwd: Virtudes y Valores - No tengo tiempo

Me pareció una reflexión muy interesante, espero que les guste

Saludos



Virtudes y Valores 09 de julio de 2008
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No tengo tiempo



No tengo tiempo

Fuente: Virtudes y Valores
Autor: Juan Gerardo Fonseca, L.C.




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Había un hombre serrando árboles en un bosque. Trabajaba con mucho entusiasmo y esfuerzo, sin embargo, se angustiaba por el bajo rendimiento que obtenía de su prolongado esfuerzo. Cada día le llevaba más tiempo acabar su tarea, de modo que con frecuencia le sorprendía la noche cuando aún le quedan bastantes troncos por serrar.

En su afán por trabajar cada día más, no se daba cuenta de que esa lentitud se debía a que filo de la sierra que usaba estaba muy desgastado. Un buen día se le acercó un compañero y le preguntó:

- Oye, ¿cuánto tiempo llevas intentando cortar ese árbol?
- Más de dos horas.
- Es raro que lleves tanto tiempo si trabajas a ese ritmo..., ¿por qué no descansas un momento y afilas la sierra?
- No puedo parar, llevo mucho retraso.
- Pero luego irás más deprisa y pronto recuperarás los pocos minutos que supone afilar la sierra.
- Lo siento, pero tengo mucho trabajo pendiente y no puedo perder ni un minuto.- Y así concluyó aquella conversación.

Esta historia me hizo recordar a una persona que conocí hace algunos años. Era un empresario que tenía mucho éxito, un buen coche, una casa muy hermosa, una esposa excelente y tres hijos estupendos. Pero desafortunadamente, con frecuencia le veía angustiado por su trabajo y no podía dedicar mucho tiempo a su familia. Era una persona muy responsable y dedicada; pasaba jornadas enteras trabajando. Creo que la principal motivación de su trabajo era dar lo mejor a su esposa y a sus hijos. Poco a poco, fueron surgiendo problemas con su esposa, no había mucha comunicación entre los dos. Con frecuencia, llegaba muy cansado a su casa y ya no tenía ganas ni para hablar con sus esposa. A sus hijos los veía a penas en algunos momentos durante el día, dado que muchas veces ya dormían cuando llegaba a casa por lo intenso del trabajo.

Cuando cumplió 50 años, por fin podía disponer de tiempo libre. Su empresa gozaba de una buen equipo de trabajo y no era necesario dedicarle tanto tiempo como antes. Sus hijos ya se habían casado y por razones de trabajo y estudio se fueron a vivir al extranjero. Apenas los podía ver una o dos veces al año.

Hacía algunos años que su mujer lo había abandonado por falta de comunicación y entendimiento. Al final de su vida cayó en una profunda crisis y depresión, se sentía angustiado. Ciertamente era un hombre rico, había triunfado en su empresa gracias a su extraordinaria capacidad de trabajo; pero perdió su principal riqueza que era su familia.
Creo que a este buen hombre le pasó lo mismo que al serrador: olvidó lo fundamental, a su familia. Se le olvidó afilar bien la sierra; tener siempre presente la verdadera motivación de su trabajo.

Muchas veces nos puede pasar lo mismo por tener la buena voluntad de ser responsables, cumplidores. Podemos caer en el riesgo de perdernos en las cosas que hacemos y olvidamos del por qué las hacemos. Que fácil es decir que no tenemos tiempo. Tenemos tantas cosas que hacer.

¡Vence el mal con el bien!

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Octavio Hernández Jurado
Monterrey, N.L.