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martes, 26 de agosto de 2008

Campaña sin precedentes de la Iglesia en México por televisión a favor de la vida

Cuando comienza el debate sobre el aborto en la Suprema Corte de Justicia


MÉXICO, martes 26 de agosto de 2008 (ZENIT.org-El Observador).- En un hecho sin precedentes en la historia de México, los obispos agrupados en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) acudieron a partir de este lunes a la televisión abierta para difundir un mensaje en el que fijan la postura no negociable de la Iglesia católica a favor de la vida del concebido.

La presencia en el mensaje de un minuto de duración y que se ha trasmitido en los canales de televisión abierta, en horarios preferenciales, correspondió al obispo de Texcoco y presidente de la CEM, monseñor Carlos Aguiar Retes.

El mensaje televisado se da, justamente, cuando inicia el debate interno de los once magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para revisar la moción de inconstitucionalidad de la reforma a la ley del aborto en el Distrito Federal que despenaliza la "interrupción del embarazo" hasta los 12 meses de gestación.

Los magistrados de la SCJN --en sesión pública y retrasmitida a través del Canal Judicial-- han hecho este lunes la primera etapa de su trabajo discutiendo los considerandos previos sobre la ponencia presentada por el magistrado Salvador Aguirre Anguiano en cuyas más de 600 páginas expone las razones por las cuales él sí considera que la reforma que despenaliza el aborto en el Distrito Federal contraviene las disposiciones y el articulado de la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos.

Se prevé que el debate pueda prolongarse durante esta semana y una vez emitida la opinión de la SCJN, es decir, que haya o no mayoría para declarar inconstitucional la reforma del Distrito Federal o bien, la encuentren los magistrados conforme a lo dispuesto por la Constitución, su fallo será inatacable.

Por este motivo y dada la trascendencia del debate que está llevándose a cabo en México, la Iglesia católica del segundo país con mayor número de católicos del mundo (aproximadamente 90 millones de personas), ha decidido salir a la plaza pública y presentar la declaración que reproducimos a continuación:

* * *

Queridos amigas y amigos:

Los obispos católicos deseamos compartir un mensaje a todos aquellos preocupados por el presente y el futuro de México.

Muchas son las dificultades por las que atraviesa nuestro país.

Muchos también son los retos que tienen tanto gobernantes como actores, que participan en la construcción de una sociedad justa.
De entre los desafíos que enfrentamos los mexicanos, uno destaca:

El respeto a la vida humana desde la concepción y hasta la muerte natural.
Sin el don de la vida, toda oportunidad se extingue.
Sin el don de la vida, no es posible ejercer otro derecho.
La dignidad humana no depende de la cultura, raza, sexo, convicciones políticas, creencias religiosas, desarrollo de las capacidades intelectuales o edad de la persona.

Todo ser humano posee la misma dignidad y merece el mismo respeto en sus derechos fundamentales.
Ninguna situación, por excepcional que sea, justifica que alguien lastime la dignidad de las personas, en especial de las más vulnerables, las marginadas o indefensas.
La defensa valerosa de un recién concebido, debe estar acompañada de la defensa, igualmente decidida, de la dignidad de la mujer que vive un embarazo inesperado.
Todos, como sociedad, debemos trabajar para que ninguna mujer se sienta condenada, rechazada, sola o abandonada al encontrarse en esa situación.
Es un deber humano atender, solidariamente, a la mujer que lleva un hijo en su vientre.
De este acompañamiento depende, en buena medida, que el aborto no sea la opción a escoger.
Hoy, más que nunca, garantizar el derecho a la vida y de manera igual para todos, es un deber de cuyo cumplimiento depende el futuro de la humanidad.
En efecto, cuando en una sociedad se debate la despenalización del aborto, lo que en el fondo se discute es el futuro de una nación.
Reconocer y respetar el derecho a la vida, se encuentra en la base de la auténtica democracia y del verdadero Estado de Derecho.
Los obispos confiamos en las instituciones de la República.
La misión que hoy tiene la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al analizar las leyes que despenalizan el aborto en el Distrito Federal, es histórica.
Reconocemos que la apertura de la Corte, al escuchar la opinión de los ciudadanos, es un paso importante que merece nuestra admiración.
Como ciudadanos, confiamos en que los señores ministros cumplirán su labor con responsabilidad.
Esperamos que su decisión esté orientada por la justicia, el derecho, la verdad y el bien común.
El bien común es el que nos motiva a encontrar siempre soluciones incluyentes.
El derecho de una persona, no debe prevalecer sobre el derecho de otra.
La defensa y promoción de la vida, es responsabilidad de todos.
En consecuencia, corresponde ahora trabajar decididamente por una cultura de la vida que a nadie excluya.

Queridos amigos y amigas:
El derecho a la vida y su respeto absoluto, debe ser la base de nuestra democracia.
¡Muchas gracias!

+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano

Por Jaime Septién

martes, 11 de marzo de 2008

El Papa crea nueva diócesis en Puerto Rico y nombra obispo en México

.- La Santa Sede informó esta mañana que el Papa Benedicto Xvi ha creado la nueva diócesis de Fajardo-Humacao en Puerto Rico y nombró como su primer Obispo a Mons. Eusebio Ramos Morales. Además nombró a Mons. Felipe Salazar Villagrana como nuevo Obispo de San Juan de los Lagos en México.

La diócesis de Fajardo-Humacao cuenta con territorio desmembrado de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico y de la diócesis de Caguas. El Papa la ha hecho sufragánea de la Iglesia metropolitana de San Juan de Puerto de Rico.

La nueva diócesis puertorriqueña tiene una población de 293 mil habitantes, de los cuales 97.869 se confiesan católicos. Cuenta con 22 sacerdotes y 21 diáconos permanentes.

Mons. Ramos Morales nació en 1952 en Maunabo (Puerto Rico), fue ordenado sacerdote en 1983 y hasta ahora era párroco del Santísimo Redentor, en Fajardo.

Mons. Salazar Villagrana, nació en 1940 en Amatlán de Cañas (México), fue ordenado sacerdote en 1968 y hasta ahora era administrador diocesano de la misma diócesis.

jueves, 31 de enero de 2008

El Papa nombra un nuevo Obispo para México

.- El Papa Benedicto XVI ha nombrado como nuevo Obispo de Aguascalientes (México) a Mons. José María De la Torre Martín, hasta ahora Obispo Auxiliar de Guadalajara.

Mons. José María De la Torre Martín nació en Pegueros, Municipio de Tepatitlán, Jalisco, diócesis de San Juan de Los Lagos, el 9 de septiembre de 1952. Completó sus estudios filosóficos en el Seminario Mayor de Guadalajara y los teológicos en el Seminario Mayor de Monterrey y de San Juan de Los Lagos. Continuó sus estudios teológicos en Roma, donde obtuvo la Licenciatura en la Teología pastoral en la Pontificia Universidad Salesiana. Fue ordenado sacerdote el 1° de junio de 1980 para la Diócesis de San Juan de los Lagos.

Come sacerdote se desempeñó como Vicario en diversas parroquias, Vicario para la pastoral de la Diócesis, Miembro del Colegio de Consultores y Moderador de la acción pastoral de la Iglesia Catedral que es también el Santuario de "Nuestra Señora de San Juan de los Lagos".

El 19 de junio de 2002 fue nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Rojo púrpura, cardenalato y martirio

Por monseñor Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro


QUERÉTARO, sábado, 24 noviembre 2007 (ZENIT.org-El Obseravador).- «En México, el cardenalato está unido estrechamente con el martirio», escribe en el artículo que publicamos a continuación monseñor Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro, al respecto del reciente nombramiento como cardenal de la Iglesia Católica del arzobispo de Monterrey, monseñor Francisco Robles Ortega.

Recordando el siglo XX y, concretamente, el artero asesinato del cardenal de Guadalajara, monseñor Juan Jesús Posadas Ocampo, el 24 de mayo de 1993, el obispo de Querétaro recuerda que este crimen todavía espera ser aclarado por todos los mexicanos y que los recientes acontecimientos de violencia en la Catedral de la Ciudad de México, contra el cardenal Norberto Rivera Carrera, son indicios claros de que México es país «regado por la sangre del martirio».

ROJO PÚRPURA

El haber sido nombrado cardenal de la santa Iglesia católica significa «la entera disponibilidad que debo tener para derramar mi sangre, si fuera el caso, por la fe en Jesucristo, por la Iglesia, en estrecha comunión con el Papa», confesó el señor arzobispo de Monterrey Mons. Francisco Robles Ortega. En efecto, eso significa según la tradición de la Iglesia católica, el rojo púrpura de su vestimenta; el rojo evoca, en el uso de los colores litúrgicos, la sangre de los mártires.

La Iglesia en el siglo pasado se tiñó de rojo por todo el mundo. Nunca habían sido canonizados tantos mártires como en el siglo que acaba de pasar y en lo que llevamos de éste, herencia de aquél. El grupo más numeroso fue el de cerca de quinientos Mártires de la persecución española (dos mexicanos entre ellos) recién beatificados en la Plaza de san Pedro, en Roma, precedido por los Mártires mexicanos de Cristo Rey y de Santa María de Guadalupe durante la persecución religiosa de Calles. Con razón dijo el Papa Juan Pablo II que la Iglesia había vuelto a ser «la Iglesia de los mártires». En ninguna época, ni menos en la actual, la Iglesia –ni el cristiano- puede excluir el martirio de su horizonte.

En México, el cardenalato está unido estrechamente con el martirio. Cuando se nombró al primer cardenal mexicano, el elegido fue el señor arzobispo de Guadalajara Monseñor José Garibi Rivera, sin duda por sus copiosos méritos, pero sobre todo en reconocimiento a esas tierras regadas por la sangre del martirio. Es digno de notarse que el cardenal recién nombrado es también originario de esas regiones, como él mismo lo expresa: «Soy precisamente de un pueblo que goza de uno de esos mártires, canonizado recientemente por el Papa Juan Pablo II, San José María Robles Hurtado: Mi paisano». De tierra y pueblo de mártires es el nuevo cardenal mexicano.

No es fortuito –para el creyente nada sucede al acaso- que el señor cardenal de Guadalajara Monseñor Juan de Jesús Posadas haya sido cobardemente asesinado en esas tierras y que el esclarecimiento de su muerte sea aún cuenta pendiente de las autoridades con el pueblo católico, el primer ofendido; menos lo es que los señores cardenales actuales, tanto el de la ciudad de México como el de Guadalajara, hayan sido y sean constantemente objeto de hostigamientos y agravios. La profanación de la Catedral Metropolitana (escenas que, para vergüenza nuestra, han dado la vuelta al mundo), la amenaza a los fieles y a los sacerdotes reunidos en oración, no son más que otro eslabón de la cadena con que quieren los autores, fautores y encubridores (aunque se autonombren «creyentes»), aprisionar a la Iglesia en la persona de sus pastores. Por eso, junto con la felicitación que hacemos llegar al señor cardenal de Monterrey Monseñor Francisco Robles Ortega por su nombramiento, le ofrecemos nuestras oraciones por el fiel cumplimiento de su alta misión.

+Mario De Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro

lunes, 4 de junio de 2007

Crónica de un Obispo en Aparecida

Crónica de un Obispo en Aparecida
Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan (México)
APARECIDA, sábado, 26 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la crónica que ha envido monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan (México), desde la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

* * *Aparecida es una pequeña población a varios cientos de kilómetros entre Sao Paolo y Rio de Janeiro. El ritmo de vida de la población -poco menos de 40 mil habitantes- gira prácticamente en torno al santuario de Nuestra Señora Aparecida, patrona nacional de Brasil, a donde acuden diariamente, especialmente los fines de semana, peregrinos de todo el país y de otros países. Quienes estamos participando en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, tenemos oportunidad de encontrarnos con algunos de los peregrinos, sobre todo en la Eucaristía, que es abierta a todos.

Ahí vemos los rostros y sentimos la cercanía de los corazones de muchos que desde todos los países de Latinoamérica y El Caribe están pendientes de los trabajos y frutos de esta Conferencia, quienes nos ayudan y motivan a tener en cuenta a favor de quíénes estamos orando, estudiando y dialogando a lo largo de estos días. Desde luego que cada obispo, sacerdote, religiosa o laico participante, tiene también en cuenta los rostros concretos de quienes conoce en su propia diócesis, parroquia o comunidad de donde viene.

El trabajo ha sido intenso. Ya hemos recibido el primer borrador del documento final que hemos ido elaborando y en los días siguientes iremos dando aportaciones para mejorarlo. Anhelo que sigamos siendo dóciles al Espíritu Santo, para plasmar en dicho documento lo que se requiera hoy en nuestras Diócesis. Pero, para quienes estamos participando en esta Conferencia, además nos estamos nutriendo del tema y su espíritu, mediante la oración y el diálogo espontáneo o formal. Efectivamente, queremos asumir el tema central: encontrarnos con Jesucristo, convencidos de que es nuestro Camino, nuestra Verdad, nuestra Vida. Sin Cristo no podemos nada; en cambio con Cristo damos fruto, porque Él ha venido a darnos vida y en abundancia. Y queremos encontrarnos con Cristo Jesús para ser discípulos suyos, estando con Él, siguiéndolo, conociéndolo cada vez más, entrando en amistad, en comunión con Él.

Quien entra en relación intensa con Cristo Jesús no puede quedar indiferente, no puede callar, sino que se ve impulsado a darlo a conocer; fascinado por la Persona de Cristo Jesús, quiere que los demás también lo conozcan y lo sigan, se hagan sus amigos, sus discípulos. Muchos en Latinoamérica y El Caribe han sido bautizados; pero pocos se han convertido en discípulos de Jesús; la razón es que no han llegado a conocerlo verdaderamente. De esta Conferencia que está teniendo lugar en Aparecida, brotará una misión grande e importante, para compartir la fascinación por Cristo Jesús, Quien se nos da totalmente y nos invita para que lo imitemos, dándonos de la misma manera. Esto es comprometedor, pero también apasionante.

Es la pasión con que actuaron los discípulos de la Iglesia primitiva y también los primeros misioneros en la Nueva España y en toda América Latina y El Caribe. Es la pasión con que estamos llamados a anunciar hoy a Jesús, lo cual tiene que notarse en una transformación personal, familiar y social. Invito a usted a que se siga uniendo en oración por esta V Conferencia General. Quienes estamos participando en ella, nos unimos en oración por usted, por su familia, por su comunidad. Cristo nos ha llamado y Él mismo nos envía y nos acompaña, con la fuerza de su Espíritu.