martes, 29 de enero de 2008

Madre coraje inglesa entregó su vida por salvar a su hijo

LONDRES, 29 Ene. 08 / 06:30 am (ACI).- "Si voy a morir, mi bebé vivirá". Con estas palabras, Lorraine Allard, una madre inglesa de 33 años de edad, respondió a los médicos que le plantearon abortar al hijo que esperaba para someterla a un tratamiento de quimioterapia contra el avanzado cáncer que padecía.

Lorraine y Martyn Allard tenían tres niñas: Leah, Amy y Courtney, de diez, ocho y casi 2 años respectivamente, cuando supieron que el hijo por nacer sería varón.

A los cuatro meses de embarazo, Lorraine comenzó a padecer fuertes dolores de estómago. Las pruebas arrojaron que tenía varios tumores en el hígado, producto de un cáncer que había avanzado en silencio por años. La noticia fue devastadora.

"Lo médicos dijeron que no podían hacer nada contra la enfermedad porque estaba embarazada. Ella les dijo inmediatamente que no se desharía del bebé", recuerda Martyn.

El pequeño Liam nació el 18 de noviembre pasado, a las 25 semanas de gestación.

Se programó una cesárea en el Hospital de la Universidad Norfolk y Norwich, pero Liam nació una semana antes de la fecha prevista por parto natural. Pesó poco más de 500 gramos y recibió un beso de su madre antes de ser introducido en la incubadora.

A pesar de su estado prematuro extremo, los médicos confían en que saldrá adelante. Lorraine comenzó un agresivo tratamiento contra el cáncer tras el parto, pudo sostener a su hijo en brazos en varias ocasiones pero falleció el 18 de enero pasado.

"Lorraine siempre mantuvo una actitud positiva, tuvo fuerza para sostenernos a ambos. Siempre supimos que las cosas no estaban bien, pero permitir que Liam naciera fue su máxima alegría", agrega.

Martyn asegura que Lorraine "estaba decidida a darle la mejor oportunidad para sobrevivir y la alegró mucho el hecho de no ser sometida a una cesárea porque no necesitó recuperarse de la operación, pudo someterse a la quimioterapia sin ser hospitalizada y visitó a Liam varias veces".

Liam ha respondido bien a los cuidados y se espera que pueda llegar a casa a principios de marzo.

"Los médicos nos dijeron que el cáncer no tenía cura, aunque trataron de disminuir los tumores. El día que murió, Lorraine llevaba dos semanas sin comer y no podía beber. Su muerte fue muy pacífica, me tomó la mano y nos abrazamos, su corazón se apagó", recuerda Martyn y asegura que ha decidido que cuando Liam crezca no le dirá que su madre murió por él, sino que se aseguró de darle la oportunidad de vivir.

viernes, 25 de enero de 2008

La ley de la Iglesia, «ley de libertad»; explica Benedicto XVI

Intervención al celebrarse los 25 años de promulgación del Código de Derecho Canónico


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 24 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este viernes que la ley de la Iglesia es ante todo «ley de libertad» que tiene por objetivo la «salvación de las almas».

Fue el mensaje que dejó a los participantes en el congreso organizado por el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos con motivo de los 25 años de la promulgación del Código de Derecho Canónico.

Este Código que rige actualmente la organización y vida de la Iglesia fue promulgado por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983. En 1990 se promulgó el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales.

«La ley de la Iglesia es sobre todo "lex libertatis" --aclaró el Papa--: ley que nos hace libres para adherir a Jesús».

Por eso, aclaró, «hay que saber presentar al Pueblo de Dios, a las nuevas generaciones, y a cuantos están llamados a hacer respetar la ley canónica, el concreto vínculo que tiene con la vida de la Iglesia, para proteger los delicados intereses de las cosas de Dios, proteger los derechos de los más débiles, de los que no tienen otras fuerzas para hacerse valer».

Asimismo, según el Papa, la aplicación del Derecho en la Iglesia sirve para «defender aquellos delicados "bienes" que todo fiel ha recibido gratuitamente --el don de la fe, de la gracia de Dios, en primer lugar--».

Estas normas del Derecho Canónico, aclaró, no son simples normas creadas por legisladores eclesiásticos, sino más bien «la declaración autorizada» «de los deberes y de los derechos, que se fundamentan en los sacramentos y que han sido por tanto instituidos por el mismo Cristo».

Esto quiere decir, subrayó, que las leyes en la Iglesia tienen como objetivo «lograr la "salus animarum"», la salvación de las almas.

Por este motivo, señaló, la ley de la Iglesia «debe formularse de modo claro, sin ambigüedades, y siempre en armonía con las otras leyes de la Iglesia».

«Por tanto, es necesario abrogar las normas que están superadas; modificar las que necesitan ser corregidas; interpretar --a la luz del Magisterio vivo de la Iglesia-- las que son dudosas, y finalmente, colmar las eventuales "lacunae legis"» (lagunas de la ley).

En este contexto, aclaró que el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos tiene el deber de velar para los distintos órganos competentes que deben dictar normas para los fieles «puedan reflejar siempre en su conjunto la unidad y la comunión que son propias de la Iglesia».

Predicador del Papa: Cristo redimió también el sufrimiento y la muerte

Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo


ROMA, viernes, 25 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., predicador de la Casa Pontificia, a la Liturgia de la Palabra del próximo domingo, III del Tiempo Ordinario.

* * *

III Domingo del Tiempo Ordinario

Isaías 8, 23b-9,3; I Corintios 1, 10-13.17; Mateo 4, 12-23

Curaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo



El pasaje del Evangelio del tercer domingo del tiempo ordinario concluye con las palabras: «Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo». Cerca de un tercio del Evangelio se ocupa de las curaciones obradas por Jesús durante el breve tiempo de su vida pública. Es imposible eliminar estos milagros o darles una explicación natural sin desmembrar todo el Evangelio y hacerlo incomprensible.

Los milagros en el Evangelio tienen características inconfundibles. Jamás están para sorprender o para ensalzar a quien los realiza. Hoy algunos se dejan encantar al oír a ciertos personajes que dicen poseer poderes de levitación, de hacer aparecer o desaparecer objetos y cosas por el estilo. ¿A quién sirve este tipo de milagro, suponiendo que sea tal? A nadie, o sólo a uno mismo para ganar adeptos y dinero.

Jesús realiza milagros por compasión, porque ama a los demás: hace milagros también para ayudarles a creer. Obra curaciones para anunciar que Dios es el Dios de la vida y que al final, junto a la muerte, también la enfermedad será vencida y «ya no habrá luto ni llanto».

Jesús no es el único que sana, sino que ordena a sus apóstoles hacer lo mismo detrás de Él: «Les envió a anunciar el Reino de Dios y a curar a los enfermos» (Lc 9,2); «Predicad que el reino de los cielos está cerca. Curad a los enfermos» (Mt 10,7 s.). Encontramos siempre las dos cosas a la vez: predicar el Evangelio y curar a los enfermos. El hombre tiene dos medios para intentar superar sus enfermedades: la naturaleza y la gracia. Naturaleza indica la inteligencia, la ciencia, la medicina, la técnica; gracia indica el recurso directo a Dios, a través de la fe, la oración y los sacramentos. Estos últimos son los medios que la Iglesia tiene a disposición para «curar a los enfermos».

Lo malo empieza cuando se busca una tercera vía: la de la magia, la que hace palanca en pretendidos poderes ocultos de la persona que no se basan ni en la ciencia ni en la fe. En este caso o estamos ante pura charlatanería o --peor--- ante la acción del enemigo de Dios. No es difícil distinguir cuándo se trata de un verdadero carisma de curación y cuándo de su falsificación en la magia. En el primer caso, la persona jamás atribuye a poderes propios los resultados obtenidos, sino a Dios; en el segundo, la gente no hace más que alardear de sus pretendidos «poderes extraordinarios». Cuando por ello se leen anuncios del tipo: mago tal de no sé quién «llega donde otros fracasan», «resuelve problemas de todo tipo», «poderes extraordinarios reconocidos», «expulsa demonios, aleja el mal de ojo», no hay que dudar ni un instante: son grandes engaños. Jesús decía que los demonios se expulsan «con ayuno y oración», ¡no vaciando el bolsillo de la gente!

Pero debemos hacernos otra pregunta: ¿y quien no se cura? ¿Qué pensar? ¿Qué no tiene fe, que Dios no le ama? Si la persistencia de una enfermedad fuera señal de que una persona carece de fe o del amor de Dios por ella, habría que concluir que los santos eran los más pobres de fe y los menos amados de Dios, porque los hay que pasaron toda la vida postrados. No; la respuesta es otra. El poder de Dios no se manifiesta sólo de una manera -eliminando el mal, curando físicamente--, sino también dando la capacidad, y a veces hasta el gozo, de llevar la propia cruz con Cristo y completar lo que falta a sus padecimientos. Cristo redimió también el sufrimiento y la muerte: ya no es signo del pecado, participación en la culpa de Adán, sino instrumento de redención.

[Traducción del original italiano realizada por Marta Lago]

Hacer de los medios instrumentos de esperanza: clave de lectura del mensaje papal

Explica el presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales


ROMA, jueves, 24 enero 2008 (ZENIT.org).- Los medios de comunicación pueden ser hoy instrumentos de «nuestra esperanza», una clave de lectura que propuso el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales este jueves al presentar el mensaje del Papa sobre «Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla».

Es el lema de la 42ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales --4 de mayo de 2008--, que desarrolla ahora Benedicto XVI, apuntando a la posibilidad y a la necesidad de que los medios estén «al servicio de un mundo más justo y solidario».

Como es tradicional, el mensaje del Papa se hace público en la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. En esta ocasión, se ha encargado de presentarlo el citado dicasterio --que preside el arzobispo Claudio Maria Celli-- a la prensa internacional acreditada ante la Santa Sede.

«En diversos sectores de la vida humana y de convivencia de los pueblos» «los medios son un auténtico recurso, una bendición para todos», y así lo constata el Papa --explica monseñor Celli-- por ejemplo aludiendo a su contribución «a la alfabetización y a la socialización», «al desarrollo de la democracia y al diálogo entre los pueblos».

Pero también advierte de riesgos que tanto los medios como cada profesional deben «afrontar para ser solidarios con todos los hombres», subraya el prelado.

Mencionó, entre esos peligros, que los medios «se transformen en sistemas dedicados a someter al hombre a lógicas dictadas por los intereses dominantes del momento», como dice el Papa.

Igualmente citó, del mensaje pontificio, el hecho de que, «sobre algunos acontecimientos, los medios no se utilizan para una adecuada función de información, sino para "crear" los mismos eventos».

«Es uno de los riesgos que actualmente corren los medios», profundizó el prelado a petición de los periodistas presentes. Más allá «de representar o de expresar lo que está ocurriendo», «el riesgo es precisamente este protagonismo, que a la vez obedece a determinados criterios que le vienen también de fuera, donde verdaderamente ciertas realidades se crean».

«Pero estoy más preocupado hacia donde apunta el Papa --admitió--; nos advierte, nos hace conscientes de que hoy el poder de los medios es tan fuete que el riesgo que se corre es la creación de estilos de vida».

Se trata de una innegable capacidad sugestiva de los medios, que influyen «sobre la concreción de la cotidianeidad», «pero son capaces de crear perspectivas diferentes incluso internacionales» donde «han surgido problemas y se han inflado expresamente para crear determinadas situaciones o acciones paralelas. El Papa nos invita a estar atentos a estos riesgos que actualmente pueden correr los medios», recalcó monseñor Celli.

«Se ha de evitar --alerta también el Santo Padre en su mensaje-- que los medios se conviertan en altavoz del materialismo económico y del relativismo ético, verdaderas plagas de nuestro tiempo».

Y aquí «existe un gran riesgo», admitió ante la prensa internacional el prelado. Éste, compartiendo la actitud del Papa, subrayó «la capacidad positiva de los medios en el camino de la humanidad de hoy», porque, además, «sería imposible pensar en una comunidad de los pueblos, que tiene sensación de familia, sin los medios de comunicación».

Pero el Papa --«incansable buscador de la verdad»-- «nos invita también a prestar atención a este gran riesgo, que existe y es evidente», y señala una realidad que no es hipotética», puntualizó monseñor Celli.

«Diría que hay grupos de distinto tipo, y tienen expresiones mediáticas; no siempre determinados grupos cuentan con este profundo deseo de la verdad», aclaró.

Así que «la delicadeza y la cantidad de situaciones nuevas debería impulsarnos a todos -dijo el prelado-- a hablar de "info-ética"», más necesaria que nunca, según el mensaje pontificio.

Y es que «las comunicaciones sociales están profundamente ligadas al hombre», por lo que el Santo Padre --«con palabras de aliento»-- «nos invita a defender celosamente la persona humana en todos sus ámbitos», añadió el presidente del dicasterio.

«Si los medios constituyen un desafío, lo son ante todo para la inteligencia del hombre. Y la Iglesia no tiene miedo ni de la inteligencia ni de la razón», recordó.

Se puede decir «que quien ayuda al hombre a conocerse a sí mismo y a buscar la verdad llega a Cristo. He aquí por qué la cita del Evangelio de Juan (en el mensaje del Papa) "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" es de ayuda para afrontar el reto que hoy la sociedad dirige a los medios, a sus profesionales y a todos sus destinatarios: la búsqueda de la verdad --que es posible encontrar-- es camino para la comunión entre las personas y los pueblos», concluyó monseñor Celli.

Por Marta Lago

miércoles, 16 de enero de 2008

Horror en Kenia, lo que está viviendo un sacerdote enmedio de la guerra civil

Me llegó esto por correo y considero importante que se difunda este mensaje para podernos unir en oración por lo que está pasando en Kenia.


Muchos de nosotros, estamos enterados a través de los periódicos de la difícil situación de Kenia, de la guerra civil por la que atraviesa. Quiero compartir con ustedes el testimonio de "soldado de Cristo" que esta dando nuestro hermano el Padre Javier Hinojosa, quien se encuentra en aquel golpeado país; viviendo esta amarga experiencia desde la trinchera de la fe y la esperanza en Cristo nuestro Señor. Rodeado de tanta violencia, su único cobijo es la promesa de victoria de Cristo.

Por favor tómense unos minutos para leer sus cartas, y comprender, cuan necesitado esta el mundo del amor de Dios; ya que viviendo sin él, el hombre es capaz de grandes atrocidades; al mismo tiempo, esto ayude a poner a los sacerdotes en el digno lugar que Cristo les dio. Estamos tan acostumbrados a leer solo cosas malas de ellos (que si pasan, pero son los menos); ya es tiempo de que se les haga justicia a su labor pastoral.

Pidamos por este hermano, y todos aquellos que sufren esta situación de guerra en todo el mundo. Pocas cosas tan poderosas como la oración. Hagamos Iglesia y comunión en y por Cristo.

Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. Ef 4,5-6

El Padre Javier Hinojosa, Misionero mexicano de Monterrey, Nuevo León, México está en Kenia y nos pide rezar por él y por los feligreses que tiene a su cuidado, así como por los misioneros de otras denominaciones cristianas que están tratando de escapar de las matanzas que están llevándose a cabo en Kenia. El Padre Javier ha aceptado la voluntad de Dios y está dispuesto a morir por Cristo en ese país africano donde está su misión. (Transcribimos sus cartas, acabadas de recibir esta noche) En Kenia son las 6:15 de la mañana del sábado 5 de enero; las ciudades están cubierta de llamas y el sonido de las armas y de las balas está muy cercano a los que tratan de salvar sus vidas.

****** PRIMERA CARTA *****
"Estoy en una situación terrible, estallo una guerra civil en Kenya por el resultado de las elecciones presidenciales y quede atrapado en una ciudad Kisumu, estoy refugiado con los misioneros de Mill Hill y no se lo que va a pasar, hay decenas de muertos, cientos de heridos. Pero se que Dios no me deja, solo que me cuesta mucho vivir esta violencia. Te pido rezes por mi, por la paz en Kenya y en el mundo.
Se que Jesus es el Senor y que nada nos puede separar del amor de Dios. Un abrazo. Hasta que Dios quiera.

Tu amigo.

Padre Javier Hinojosa"


****** SEGUNDA CARTA *****
"Gracias por tus palabras de aliento. La violencia continua. Sigo atrapado en esta ciudad Kisumu sin poder salir, la ciudad esta semidestruida y 70,000 gentes estan huyendo para escapar de la muerte pues los luos, cuyo candidato perdio las elecciones estan locos de rabia vengandose y asesinando. Anoche quemaron una iglesia con 50 gentes adentro, ninos y mujeres. Dios mio: como puede el hombre ser tan cruel con sus hermanos?
"Pero sigo creyendo en el triunfo del amor sobre el odio. Jesus es el Senor. Despues de la cruz viene la resurreccion. No me arrepiento de haber venido a Africa.Parte del ser misionero es acompanar a su gente en su dolor y es lo que hago: orar, llorar, seguir creyendo en jesus, esperar, amar, perdonar........ Pero llevo mi tesoro en vasos de barro. Ya es el sexto dia de estar refugiado con los padres de mill hill y no se ve para cuando se resuelva la situacion pues la violencia aumenta. Tal vez me toque dar la vida por este pueblo. Estoy dispuesto.

"No nos dejen en sus oraciones pues creo en la fuerza de lam intercesion y del triunfo del Inmaculado Corazon de Maria. Sigan rezando por nosotros. Un abrazo.

Tu amigo.

Padre Javier"


****** TERCERA CARTA *******
"Muy querido hermano y amigo: Paz. Saludos desde Kenya. Me has emocionado tanto con tu Mail que he llorado y sigo llorando. Gracias por hablarme como amigo. Gracias por decirme que estas conmigo. Se que el tiempo y la distancia no impiden la comunicacion, la comunion, la intimidad entre dos seres y ejame decirte que yo tambien te siento ahora como uno de mis mejores amigos. Te conozco en foto, espero tu hayas recibido ya mi carta con mi foto que hace semanas te mande.
"Dejame abrirte mi corazon: estoy todavia sumamente asustado. esta situacion solo la habia visto en peliculas de guerra pero ahora estoy en medio de una guerra. Tengo aqui conmigo en el hotel desde donde escribo a un grupo numeroso de misioneros metodistas que como yo estan huyendo de la violencia para evitar la muerte. Son 70,000 las personas que estan huyendo hacia Uganda con nada mas que lo que llevan puesto.
Esto es terrible. Como no voy a sufrir? Son mis hermanos. Los amo. Por ellos vine a su pais. Por ellos estoy aqui. La mayoria son creyentes.
Ciertamente son inocentes sin mas crimen que pertenecer a otra tribu.
"Gracias por tus palabras, gracias por tus oraciones, me confortan, me animan a seguir llevando esta cruz tan pesada de vivir en medio de esta violencia inhumana y sin sentido. Pero te repito: sigo creyendo en la fuerza del amor.
Se que es Dios, no el hombre quien tiene el control de nuestras vidas y de la historia. Pido por la conversion de las personas con ansias desmedidas de poder que estan causando este dolor. Perdonalos Senor porque no saben lo que hacen!.

"Comparte este Mail con muchos hermanos porque debemos ser una familia unida en la alegria y el dolor. Recuerda que Pablo dice en nombre de Dios: Llorad con los que lloran, estad alegres con los que estan alegres. Te amo, hermano, en Jesus, con Jesus, para Jesus.

Te bendice tu hermano misionero.

Padre Javier Hinojosa"


****** CUARTA CARTA *****
"Querido hermano, amigo, tocayo: Gracias de nuevo por tus palabras y por hacerme sentir la fuerza de la union y de la solidaridad de mis hermanos en Argentina y otras partes del mundo.
Somos de verdad un cuerpo y cuando un miembro sufre todo el cuerpo sufre. Jesus lloro sobre Jerusalen y ahora llora sobre Kenya, sobre esta ciudad Kisumu donde me encuentro, como dices, en el ojo del huracan pues en todos los rostros se ve el temor, el miedo, la angustia. La violencia continua. Ya no hay distincion de denominaciones. Estoy en este pequeno hotel con un grupo numeroso de misioneros metodistas que corren por salvar sus vidas y estan ansiosos por salir del pais. La verdad yo quisiera hacer lo mismo pero algo me detiene: el pastor no abandona a sus ovejas cuando ve venir el lobo.
Se que mi lugar es aqui, me toque o no me toque morir porque ya son cientos de muertos. Dios los tenga en su gloria como al buen ladron que le dijo desde la cruz: Hoy estaras conmigo en el paraiso!. La vida para el cristiano no termina, se transforma y disuelta nuestra moada terrenal se nos prepara una mansion eterna en el Cielo.
Esta es nuestra fe. esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar. Pero somos humanos. La vida es sagrada. Nadie la debe arrebatar. Nos toca defenderla. Una cosa es ser martir, otra cosa es ser loco y salir a que lo maten a uno pues los padres de mill hill con los que estamos nos insisten que no salgamos ni tratemos de huir, no hay ninguna seguridad!.
"Mi fe me sigue diciendo que es Dios y no el hombre quien tiene el contro(l) de la historia humana y nuestra propia historia personal.
Gracias por su oracion. Les sigo pidiendo su oracion.

Comparte este Mail con muchos hermanos, te lo voy a agradecer. Sigo oyendo balazos, tal vez tenga que huir ya.

Un abrazo.

Tu amigo. Javier"

Muy queridos David y Blanca:

Paz. Saludos desde mi segunda patria, Kenya un país que sigue desangrándose en agonía.

Gracias por su Mail. Tengo un ratito libre en este cyber que encontré abierto en Kisumu donde seguimos atrapados y quiero abrirles mi corazón.

No me considero un héroe por estar aquí. Aquí me ha plantado Dios por ahora y aquí debo florecer. Preferiría estar en Monterrey pero no cambiaria por nada la experiencia de dolor que estoy viviendo en medio de esta terrible guerra civil que se esta librando aquí. Mi dolor no es tanto físico pues aparte del calor que hace sin abanico ni aire acondicionado y los miles de mosquitos que pululan del lago Victoria y tanto molestan y la comida un poco racionada, físicamente estoy bien. Mi agonía es espiritual. Dios me dio un corazón de carne que siente y creo estar viviendo una billonesima parte de lo que Jesús vivió en el Huerto cuando sudo sangre al ver cuanta gente no se iba a convertir y haría sufrir a los demás como lo están haciendo aquí. Es horrible contemplar tantos cadáveres de niños, mujeres, ancianos arrojados como costales al lado del camino y ver lo que están sufriendo miles de familias. Robert, un amigo africano que iba a venir a un retiro del P. Joe y mió me hablo para decirme que le quemaron su casa y tuvo que huir con su esposa y 4 niños y que siguen escondidos en el bosque para salvar sus vidas pero que ya casi no tienen comida. Es Jesús que continúa su pasión en estos inocentes: como no conmoverme, como no llorar. Pero bien dices: estoy aquí para ser un signo del amor fiel de Dios que no nos abandona. No puedo hacer más al momento que rezar y lo hago con fervor.

Gracias por acompañarme desde allá, los siento muy cercanos a mi corazón y lo están a pesar del tiempo y la distancia. Pueden compartir este mail con quien quieran, simplemente porque necesito de cuanta oración puedan hacer y en el EM me enseñaron no a callar y ocultar sino a identificar y expresar mis sentimientos y es lo que he hecho con Uds. y con la familia del EM que quiera escucharme.

Un abrazo.

domingo, 13 de enero de 2008

Benedicto XVI: El Bautismo nos abre el cielo

ntervención antes de rezar la oración mariana del Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 13 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que pronunció Benedicto XVI después de haber administrado el sacramento del Bautismo en la Capilla Sixtina a 13 niños y antes de rezar la oración mariana del Ángelus.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Con la fiesta de hoy, el Bautismo de Jesús, concluye el tiempo litúrgico de la Navidad. El Niño, a quien desde Oriente fueron a adorar los Magos en Belén ofreciéndole dones simbólicos, se presenta ahora en edad adulta, en el momento en el que es bautizado en el río Jordán por el gran profeta Juan (cf. Mateo 3, 13). El Evangelio observa que cuando Jesús recibió el bautismo, salió agua, se abrieron los cielos y descendió sobre él el Espíritu Santo como una paloma (Cf. Mateo 3,16). Se escuchó entonces una voz desde el cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mateo 3, 17).

Fue su primera manifestación pública, después de unos treinta años de vida escondida en Nazaret. Fueron testigos oculares del acontecimiento, además del Bautista, sus discípulos, algunos de los cuales se convirtieron entonces en seguidores de Cristo (Cf. Juan 1, 35-40). Se trató al mismo tiempo de una «cristofanía» y de una «teofanía»: ante todo, Jesús se manifestó como el «Cristo», término griego para traducir el hebreo «Mesías», que significa «ungido»: no fue ungido con el aceite, como era el caso de los reyes y sumos sacerdotes de Israel, sino más bien con el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, junto al Hijo de Dios, aparecieron los signos del Espíritu Santo y del Padre celestial.

¿Cuál es el significado de este hecho que Jesús quiso realizar --a pesar de la resistencia del Bautista-- para obedecer a la voluntad del Padre (Cf. Mateo 3, 14-15)? El sentido profundo emergerá sólo al final de la vida terrena de Cristo, es decir, en su muerte y resurrección. Al hacerse bautizar por Juan junto a los pecadores, Jesús comenzó a tomar sobre sí el peso de la culpa de toda la humanidad, como el Cordero de Dios que «quita» el pecado del mundo (Cf. Juan 1, 29). Tarea que llevó a cumplimiento en la cruz, cuando recibió también su «bautismo» (Cf. Lucas 12, 50).

De hecho, al morir, se «sumergió» en el amor del Padre y difundió el Espíritu Santo para que los creyentes en Él pudieran renacer gracias a ese manantial inagotable de vida nueva y eterna. Toda la misión de Cristo se resume en esto: bautizarnos en el Espíritu Santo para liberarnos de la esclavitud de la muerte y «abrirnos el cielo», es decir, el acceso a la vida auténtica y plena, que será «sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría» (Spe salvi, 12).

Es lo que les ha sucedido también a los trece niños a quienes he administrado el sacramento del Bautismo esta mañana en la Capilla Sixtina. Invocamos para ellos y para sus familiares la maternal protección de María santísima. Y rezamos por todos los cristianos para que puedan comprender cada vez más el don del Bautismo y se comprometan a vivir con coherencia, testimoniando el amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

[Después del Ángelus el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano, dijo:]

Hoy se celebra la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que este año centra su atención en los jóvenes emigrantes. De hecho, muchos jóvenes por diferentes motivos tienen que vivir lejos de sus familias y países. Corren particular riesgo las muchachas y los menores. Algunos niños adolescentes han nacido y crecido en campos de refugiados: ¡también ellos tienen derecho a un futuro! Manifiesto mi aprecio a cuantos se comprometen a favor de los jóvenes refugiados, de sus familias y de su integración laboral y escolar.

Invito a las comunidades eclesiales a acoger con simpatía a los jóvenes y a los más pequeños, junto con sus padres, tratando de comprender sus historias y de favorecer la integración. Queridos jóvenes emigrantes: comprometeos por construir junto a vuestros coetáneos una sociedad más justa y fraterna, cumpliendo con vuestros deberes, respetando las leyes y no dejándoos llevar nunca por la violencia. Os encomiendo a todos vosotros a María, Madre de toda la humanidad.

[En español, dijo:]

Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, especialmente a los fieles provenientes de las diócesis de Asidonia-Jerez y Cádiz y Ceuta. Con este Domingo se termina el tiempo litúrgico de Navidad y Epifanía. En la fiesta del Bautismo del Señor que hoy se celebra, la Iglesia invita a sus hijos, renacidos del agua y del Espíritu Santo, a que perseveren en la escucha de la Palabra de Cristo, el Unigénito de Dios Padre, en el fiel cumplimiento de la voluntad divina y en el testimonio de la caridad. ¡Muchas gracias!

Predicador del Papa: Necesitamos «dosis masivas de Espíritu Santo»

Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo


ROMA, viernes, 11 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Liturgia de la Palabra del próximo domingo, Bautismo del Señor.

* * *

Bautismo del Señor
Isaías 42, 1-4.6-7; Hechos 10, 34-38; Mateo 3, 13-17

«Me ha consagrado con la unción»



Jesús mismo dio una explicación de lo que ocurrió en Él en el bautismo en el Jordán. De regreso, en la sinagoga de Nazaret se aplicó a sí mismo las palabras de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí: me ha consagrado con la unción...». El mismo término de unción utiliza Pedro en la segunda lectura, hablando del bautismo de Jesús: «Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder».

Se trata de un concepto fundamental para la fe cristiana. Basta decir que el nombre Mesías en hebreo y Christos en griego significan exactamente eso: Ungido. Nosotros mismos, decían los antiguos Padres, nos llamamos cristianos porque hemos sido ungidos a imitación de Cristo, el Ungido por excelencia. La palabra «ungido», en nuestro lenguaje, tiene muchos significados, no todos positivo. En la antigüedad la unción era un elemento importante de la vida. Se ungían con aceite los atletas para estar sueltos y ágiles en las carreras, y se ungían con aceite perfumado hombres y mujeres para tener el rostro bello y resplandeciente. Actualmente, con estos mismos objetivos, hay a disposición una infinidad de productos y cremas en gran parte derivados de distintos tipos de aceites.

En Israel el rito tenía un significado religioso. Se ungía a los reyes, a los sacerdotes y a los profetas con un ungüento perfumado y éste era el signo de que estaban consagrados al servicio divino. En Cristo todas estas unciones simbólicas se hacen realidad. En el bautismo en el Jordán Él es consagrado rey, profeta y sacerdote eterno por Dios Padre. Pero no con un aceite físico, sino con el aceite espiritual que es el Espíritu del Señor, «el óleo de alegría», como lo define un salmo. Esto explica por qué la Iglesia da tanta importancia a la unción con el santo crisma. Existe un rito de unción en el bautismo, en la confirmación y en la ordenación sacerdotal; existe una unción de los enfermos (en un tiempo llamada «extremaunción»). Es porque a través de estos ritos se participa en la unción de Cristo, esto es, en su plenitud de Espíritu Santo. Se es literalmente «cristiano», esto es, ungido, consagrado, persona llamada -dice Pablo-- «a difundir en el mundo el buen olor de Cristo».

Procuremos ver qué nos dice todo ello a los hombres de hoy. Actualmente está de moda hablar de aromaterapia. Se trata del empleo de aceites esenciales (o sea, los que exhalan perfume) para el mantenimiento de la salud o para la terapia de algunos trastornos. Internet está lleno de anuncios de aromaterapia. No se contenta con prometer con ellos bienestar físico. Existen también «perfumes del alma», por ejemplo «el perfume de la paz interior».

No me corresponde dar un juicio sobre esta medicina alternativa. Si embargo veo que los médicos invitan a desconfiar de esta práctica que no está científicamente probada y que incluso implica en algunos casos contraindicaciones. Lo que deseo expresar es que existe una aromaterapia segura, infalible, que excluye toda contraindicación: ¡la que está hecha a base del aroma especial, del ungüento perfumado, que es el Espíritu Santo!

Esta aromaterapia hecha de Espíritu Santo cura las enfermedades del alma y a veces, si Dios quiere, también las del cuerpo. Hay un canto spiritual afro-americano en el que no se hace más que repetir continuamente estas pocas palabras: «Hay un bálsamo en Gilead que cura las almas heridas» (There is a balm in Gilead / to make the wounded whole...). Gilead, o Galaad, es una localidad famosa en el Antiguo Testamento por sus perfumes y ungüentos (Jr 8,22). El canto prosigue, diciendo: «A veces me siento desalentado y pienso que todo es en vano, pero entonces el Espíritu Santo reaviva el alma mía» (Some times I feel discouraged and think my work's in vain but then the Holy Spirit revives my soul again). Gilead es para nosotros la Iglesia, y el bálsamo que sana es el Espíritu Santo. Él es la estela de perfume que Jesús ha dejado tras de sí, al pasar por esta tierra.

El Espíritu Santo es especialista en las enfermedades del matrimonio. El matrimonio consiste en darse el uno al otro; es el sacramento de hacerse don. Y el Espíritu Santo es el don hecho persona: la donación del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Donde llega Él renace la capacidad de hacerse don y con ella la alegría y la belleza de vivir juntos.

El filósofo Heidegger lanzó un juicio alarmado sobre el futuro de la sociedad humana: «Sólo un dios nos puede salvar», dijo. Pues yo digo que este Dios que nos puede salvar existe: es el Espíritu Santo. Nuestra sociedad necesita dosis masivas de Espíritu Santo.

[Traducción del original italiano realizada por Marta Lago.]

martes, 1 de enero de 2008

La familia, «principal “agencia” de paz», según Benedicto XVI

Quien daña a la familia daña la paz, advierte


CIUDAD DEL VATICANO, martes, 1 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó en la Jornada Mundial de la Paz que el lenguaje de la paz se aprende en familia, de modo que quien daña a la familia daña también a la paz.

El Papa comenzó el primer día del año con una solemne celebración eucarística, en la Basílica de San Pedro, en la solemnidad de María, Madre de Dios, invocando la paz sobre las familias y sobre el mundo entero.

Después, al rezar el Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, comentó el tema de la Jornada de este año: «Familia humana, comunidad de paz».

«El mismo amor que edifica y mantiene unida a la familia, célula vital de la sociedad, favorece esas relaciones de solidaridad y de colaboración entre los pueblos de la tierra, que son propias de los miembros de la única familia humana», explicó el obispo de Roma.

«Quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente --dijo citando el Mensaje para la Jornada de la Paz--, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal "agencia" de paz».

«No vivimos unos al lado de otros por casualidad --advirtió--; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas».

Por este motivo, subrayó, «es verdaderamente importante que cada quien se asuma su responsabilidad ante Dios y que reconozca en Él el manantial originario de la existencia propia y el de la de los demás».

«De esta conciencia mana un compromiso para hacer de la humanidad una auténtica comunidad de paz, regida por una ley común, que ayude a la libertad a ser realmente ella misma..., y que proteja al débil del abuso del más fuerte», propuso.

Al comenzar el año 2008, en el que se celebra «el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre», el Papa invitó a la comunidad internacional, «a emprender un camino de auténtica solidaridad y de paz estable».

Más de dos millones en Madrid «por la familia cristiana»

Un encuentro sin precedentes convocado por la arquidiócesis de la capital


MADRID, martes 1 enero 2008 (ZENIT.org).- Más de dos millones de personas se congregaron este domingo en la plaza Colón de Madrid para expresarse a favor de «la familia cristiana», en un acto organizado por la arquidiócesis de Madrid con el apoyo de movimientos eclesiales y organizaciones de apoyo a la familia y la vida.


Benedicto XVI, antes de rezar el Ángelus desde la plaza de San Pedro del Vaticano, dirigió en español un saludo a los manifestantes, en el que alentó a dar «testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia».

«Ésta --aclaró--, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural».

Los presentes, bajo un mediodía de sol, pudieron seguir las palabras del obispo de Roma a través de las nueve pantallas colocadas en la plaza Colón y en calles aledañas. En el acto se evitó en todo momento toda manipulación política.

«Por eso, los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos, en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana --siguió diciendo el Papa--. Vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios».

Entre los manifestantes, destacaban millares de niños de todas las edades, acompañados de sus padres y abuelos, en un encuentro sin precedentes en España y que ha seguido los pasos del «Family day», convocado por la Iglesia en Italia el 12 de mayo en la plaza de San Juan de Letrán en Roma.

Se unieron al encuentro la gran mayoría de los cardenales y obispos españoles, dirigentes de los movimientos y otras organizaciones laicas, como el Foro de la Familia.

En el acto, el cardenal Antonio María Ruoco, pronunció una homilía en la que afirmó que la familia «se presenta como el problema objetivamente más grave e inquietante ante el que se encuentran las sociedades europeas y, por supuesto, la española».

El arzobispo de Madrid constató que «se relativiza radicalmente la idea del matrimonio y la familia» fomentando «desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida» que son «opuestos al valor del amor indisoluble entre un hombre y una mujer».

Ante estas circunstancias, el cardenal aseguró que en España «el ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas» que reconocía y establecía «que la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado».

«¡Urge la respuesta cristiana a esta pregunta crucial para nuestro futuro, el de España, el de Europa y el de toda la humanidad!», agregó.

El presidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, al ver a la multitud, afirmó que «era posible vivir la fidelidad en la familia» y que es posible trasmitir la vida gracias a la esperanza y la fe en Dios.

Aplausos acogieron sus alusiones a la «familia tradicional» que se quiere desacreditar frente a la llamada «familia moderna».

Por su parte, el cardenal Agustín García Gasco, arzobispo de Valencia, denunció a los poderes públicos que socavan y denigran a la familia en lugar de protegerla, definiendo el laicismo como un fraude que conduce a la desesperación como se ve con el aborto, la ley del divorcio express o la educación en ideologías que van en contra de la Constitución...

También el cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo y primado de España, intervino para decir que la familia es una escuela de paz, de esperanza y de seguridad por lo que, en la medida que existe la familia, España tiene futuro...

Otras intervenciones fueron las de Francisco Ayuga, de Acción Católica; Manuel Carracedo, de Renovación Carismática; un mensaje leído de Chiara Lubich, del movimiento de Focolares; Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia; Kiko Argüello, fundador de las Comunidades Neocatecumenales y uno de los inspiradores de la celebración; Julián Carrón, de Comunión y Liberación y Andrea Ricardi, de Comunidad de San Egidio, llegado expresamente de Roma.

El acto concluyó con la procesión de la Virgen, con los cantos de los distintos coros, así como con la liberación de centenares de globos blancos y amarillos.

Predicador del Papa: Debemos imitar a María concibiendo a Cristo en el corazón

Comentario del padre Cantalamessa a la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios


ROMA, lunes, 31 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia de la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios -1 de enero--.

* * *

Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios
Números 6, 22-27; Gálatas 4, 4-7; Lucas 2, 16-21

Madre por la fe

El primer día del año la Iglesia celebra la solemnidad de María Santísima «Madre de Dios». Un título que expresa uno de los misterios y, para la razón, una de las paradojas más elevadas del cristianismo. Ha llenado de estupor la liturgia de la Iglesia, que exclama: «¡Lo que los cielos no pueden contener, se ha encerrado en tu seno, hecho hombre!».

Con motivo la Iglesia nos lleva a celebrar la fiesta de María Madre de Dios en la octava de Navidad. Fue en Navidad, de hecho, en el momento en que «dio a luz a su hijo primogénito» (Lucas 2,7), no antes, que María se convirtió verdadera y plenamente en Madre de Dios. Madre no es un título como los demás, que se añade desde fuera, sin incidir sobre el ser mismo de la persona. Se es madre pasando por una serie de experiencias que dejan esta huella para siempre y modifican no sólo la conformación del cuerpo de la mujer, sino también la conciencia que tiene de sí misma.

Al hablar de la maternidad divina de María, la Escritura pone constantemente de relieve dos elementos o momentos fundamentales que se corresponden, por lo demás, a los que la experiencia común humana considera esenciales para que se tenga una verdadera y plena maternidad. Son concebir y dar a luz. «He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo» (Lc 1,31). Aquél que se «concibe» en ella procede del Espíritu Santo, y ella «dará a luz» un hijo (Mt 1,20 s). La profecía de Isaías, en la que todo ello se había preanunciado, se expresaba de igual forma: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo» (Is 7,14). He aquí por qué sólo en Navidad, cuando da a luz a Jesús, María se convierte, en sentido pleno, en Madre de Dios. El primer momento, concebir, es común tanto al padre como a la madre, mientras que el segundo, dar a luz, es exclusivo de la madre.

Madre de Dios es el más antiguo e importante título dogmático de la Virgen. Es el fundamento de toda su grandeza. Por eso María no es, en el cristianismo, sólo objeto de devoción, sino también de teología; o sea, entra en el discurso mismo sobre Dios, porque Dios está directamente implicado en la maternidad divina de María. Es también el título más ecuménico que existe, en cuanto que es compartido y acogido indistintamente, al menos en línea de principio, por todas las confesiones cristinas.

En el Nuevo Testamento no hallamos explícitamente el título «Madre de Dios» dado a María, pero encontramos afirmaciones que, en la atenta reflexión de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, mostrarán, a continuación, que contienen ya, como in nuce, tal verdad. María es llamada corrientemente en los Evangelios: «madre de Jesús», «madre del Señor», o sencillamente «la madre» y «su madre». De estos datos partió la Iglesia en el Concilio ecuménico de Éfeso, en el año 431, para definir como verdad de fe la divina maternidad de María y el título de Theotokos, Madre de Dios. Tal proclamación determinó una explosión de veneración hacia la Madre de Dios que no decayó jamás, ni en Oriente ni en Occidente, y que se traduce en fiestas litúrgicas, iconos, himnos y en la construcción de innumerables iglesias dedicadas a Ella, como Santa María la Mayor en Roma.

La maternidad física o real de María, con la relación excepcional y única que crea entre Ella y Jesús, y entre Ella y toda la Trinidad, es y sigue siendo, desde el punto de vista objetivo, lo más grande y el privilegio inigualable, pero es tal porque encuentra una respuesta subjetiva en la fe humilde de María. «María -dice San Agustín-- concibió a Cristo por fe en su corazón antes de concebirlo físicamente en su cuerpo». No podemos imitar a María en concebir a Cristo en el cuerpo; sin embargo podemos y debemos imitarla en concebirlo en el corazón, o sea, en creer.

[Traducción del original italiano realizada por Marta Lago]